El hallazgo del cuerpo de una persona entre 45 y 50 años en un camino de terracería del ejido Jiquilpan, Mexicali, ha reavivado el debate sobre cómo las fiscalías estatales deben abordar los asesinatos de personas trans. Las primeras versiones policiales hablaron de una mujer sin vida, mientras el Servicio Médico Forense la registró posteriormente como hombre. Esta discrepancia inicial motivó al Colectivo Arcoiris a solicitar que la Fiscalía General del Estado de Baja California incorpore de inmediato la perspectiva de orientación sexual e identidad de género en la investigación.
La discrepancia inicial y sus consecuencias
El contraste entre el reporte municipal y el dictamen forense no es un error aislado. Cuando las instituciones cambian la clasificación de la víctima sin consultar a la comunidad, se genera un vacío de información que dificulta tanto la identificación como el posterior análisis de patrones de violencia. Javier Russell, presidente del comité, subrayó que tratar el caso únicamente como homicidio común borra la posibilidad de examinar si la identidad de género fue un factor en el crimen.
La representante de mujeres trans en Mexicali, Verónica Ustoa, ha pedido a la ciudadanía que observe los tatuajes del cuerpo para ayudar a reconocerla. Esta solicitud práctica revela la ausencia de protocolos claros para difundir información sensible sin exponer a la víctima ni a sus familiares a mayor estigma.

Reformas legales que aún no se traducen en protección
La reforma al Código Civil que reconoce la identidad de género de las mujeres trans existe en Baja California desde hace varios años. Sin embargo, los programas de atención violeta y las unidades especializadas continúan aplicando criterios binarios que excluyen a personas trans de los apoyos disponibles. Esta brecha entre la norma escrita y su implementación práctica constituye uno de los principales obstáculos señalados por activistas locales.
El argumento de Arcoiris no se limita a pedir una mejor investigación del caso actual. El colectivo sostiene que la falta de aplicación de los programas de protección refuerza la vulnerabilidad estructural de las mujeres trans, quienes enfrentan tasas de violencia significativamente superiores a la media estatal.
Discursos de odio como factor precursor
Russell vinculó directamente los discursos de odio con el incremento de agresiones. Esta conexión no es retórica: estudios regionales sobre delitos de odio en el norte de México muestran que las expresiones públicas de rechazo preceden en varios meses a picos de violencia física contra personas LGBT+. Cuando las autoridades no condenan de manera explícita estas narrativas, se envía una señal de permisividad que debilita los mecanismos de prevención.
Desde la perspectiva institucional, la Fiscalía ha mantenido silencio sobre si abrirá una línea de investigación con perspectiva de género. Esta omisión genera incertidumbre tanto en la comunidad trans como en organismos internacionales que monitorean el cumplimiento de recomendaciones en materia de derechos humanos.
Escenarios futuros y riesgos de inacción
Si las fiscalías estatales continúan sin protocolos estandarizados para casos de personas trans, es previsible que los índices de impunidad se mantengan elevados. La ausencia de datos desagregados por identidad de género impide diseñar políticas públicas focalizadas y dificulta la comparación con otras entidades del país que sí han avanzado en este registro.
Otro riesgo identificado es la posible migración interna de mujeres trans hacia entidades con mayor reconocimiento institucional. Esta movilidad, aunque representa una estrategia de supervivencia individual, puede sobrecargar los servicios de apoyo en ciudades receptoras y dejar desprotegidas a quienes permanecen en Baja California.
La exigencia del Colectivo Arcoiris plantea un punto de inflexión: la posibilidad de que el caso de Jiquilpan se convierta en precedente para que otras fiscalías incorporen la perspectiva de género desde el primer momento. De no materializarse esta oportunidad, la brecha entre el marco legal y la realidad cotidiana de las personas trans seguirá ampliándose.
