La tercera ronda de negociaciones bilaterales sobre la Revisión Conjunta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá concluyó después de varias jornadas intensas de trabajo entre las delegaciones de ambos países. Los equipos abordaron temas centrales como la seguridad económica, las condiciones laborales, el sector agropecuario, los servicios de pagos electrónicos y las industrias del acero, aluminio y automóviles. Participaron la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, y el embajador de México en ese país, Ronald D. Johnson.

El encuentro se desarrolló en un contexto donde las cadenas de suministro regionales enfrentan presiones derivadas de cambios en las políticas comerciales globales. Las discusiones permitieron aclarar posiciones sobre el contenido regional y los mecanismos de verificación que el tratado establece para evitar prácticas que distorsionen el comercio.
Posición del sector empresarial mexicano
El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, José Medina Mora, señaló que el acuerdo vigente otorga certidumbre por al menos diez años más. Esta estabilidad, según el organismo, permite a México consolidarse como socio estratégico para la competitividad de América del Norte y facilita la relocalización de plantas manufactureras. El CCE, que agrupa más de dos mil asociaciones y representa cerca del 80 por ciento del producto interno bruto del país, destacó que México importa más de 330 mil millones de dólares en bienes estadounidenses cada año, lo que genera empleos en la economía vecina. Además, el 63 por ciento de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos corresponde a bienes intermedios y de capital que se incorporan directamente a procesos productivos estadounidenses.
Próximos pasos en la revisión del tratado
Las delegaciones acordaron reanudar el diálogo en septiembre de 2026 con una cuarta ronda que se celebrará en Washington, D.C. El sector empresarial mexicano reiteró su disposición a colaborar en la preparación de la postura nacional para ese encuentro. Esta participación busca asegurar que los ajustes al tratado refuercen la integración productiva sin introducir barreras innecesarias que afecten el flujo de inversiones.
Precisión sobre aranceles anunciados
Tras la conclusión de la ronda, la presidenta Claudia Sheinbaum aclaró que la economía mexicana no enfrenta un nuevo arancel derivado de la revisión. El gravamen del 10 por ciento vinculado al combate contra el trabajo forzado sustituye un arancel global anterior que vencía el 24 de julio y no modifica las condiciones comerciales establecidas desde 2025. Los productos incluidos en el tratado mantienen tarifa cero, mientras que aquellos fuera del acuerdo continúan con una tasa del 25 por ciento, principalmente en los sectores automotriz, acero y aluminio. La medida, conocida como “el trescientos uno”, aplica a países que exportan bienes producidos mediante trabajo forzado, pero en el caso de México no representa un cambio sustancial respecto a lo ya vigente.
Otros países notificados con el mismo incremento incluyen Argentina, Bangladesh, Camboya, Canadá, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, India, Indonesia, Jordania, Malasia, Pakistán, Sri Lanka, Trinidad y Tobago y el Reino Unido. Esta lista muestra que la política comercial estadounidense busca establecer estándares comunes en materia laboral sin alterar de manera unilateral las reglas del T-MEC.
Implicaciones para la integración regional
El resultado de esta ronda confirma que los mecanismos de diálogo bilateral siguen operando de manera ordenada. La certidumbre mencionada por el sector empresarial mexicano se sustenta en el hecho de que las reglas de origen y los procedimientos de solución de controversias permanecen vigentes sin modificaciones abruptas. Esto permite a las empresas planificar inversiones de mediano plazo con mayor previsibilidad. Al mismo tiempo, la preparación de la cuarta ronda en Washington exige que las partes identifiquen con precisión los puntos donde se requiere mayor cooperación, especialmente en sectores donde las cadenas de valor están más integradas.
La revisión del tratado no se limita a ajustes arancelarios. Incluye también el fortalecimiento de disposiciones sobre trabajo forzoso, trazabilidad en cadenas de suministro y modernización de procedimientos aduaneros. Estos elementos, abordados en la tercera ronda, reflejan la necesidad de adaptar el marco normativo a las realidades productivas actuales sin sacrificar los beneficios de la integración económica de América del Norte.
