Los datos de la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre de 2026 muestran un incremento de la población ocupada en Córdoba junto con una reducción del paro superior a un punto porcentual. Esta evolución sigue la senda iniciada tras la reforma laboral de 2022, que ha mejorado la estabilidad contractual tanto a nivel estatal como provincial. Sin embargo, la secretaria de Políticas Sociales, Igualdad y Empleo de UGT Córdoba, Paqui Haro, ha subrayado que los indicadores locales permanecen notablemente por debajo de la media española, lo que evidencia la persistencia de desequilibrios estructurales acumulados durante décadas.
El tejido productivo cordobés se ha caracterizado históricamente por una fuerte dependencia del sector servicios y del turismo estacional. Desde los años ochenta, la provincia ha experimentado una progresiva desindustrialización que ha reducido el peso de la manufactura en el empleo total. Esta transformación coincidió con la entrada de España en la Unión Europea y con la posterior expansión de los fondos estructurales, que priorizaron infraestructuras y turismo en detrimento de la reconversión industrial. Como resultado, la economía local quedó expuesta a ciclos internacionales y a fluctuaciones del consumo de visitantes, un patrón que se repitió con intensidad durante la crisis de 2008 y la pandemia de 2020.

La reforma laboral ha contribuido a reducir la temporalidad en Córdoba, pero el sindicato observa que los nuevos contratos indefinidos se concentran todavía en actividades de bajo valor añadido. Esta situación limita la capacidad de retener talento cualificado. Profesionales formados en ingeniería, tecnologías de la información y sostenibilidad abandonan la provincia en busca de salarios y trayectorias profesionales más estables en Madrid, Barcelona o el extranjero. El fenómeno de la fuga de cerebros, documentado en informes del INE desde 2015, se ha intensificado en territorios con escasa base industrial como Córdoba.
Dependencia del turismo y vulnerabilidad externa
El predominio del sector servicios genera empleos con alta estacionalidad y escasa protección ante shocks externos. Cuando el flujo de turistas disminuye por factores geopolíticos o sanitarios, la provincia experimenta caídas bruscas de la ocupación que afectan especialmente a trabajadores jóvenes y mujeres. En contraste, regiones como Navarra o el País Vasco, que mantuvieron una mayor proporción de empleo industrial, registraron recuperaciones más rápidas tras la pandemia. Esta diferencia ilustra cómo la especialización productiva condiciona la resiliencia del mercado laboral ante crisis globales.
La falta de diversificación también influye en la calidad de los empleos disponibles para las mujeres. UGT Córdoba señala que la incorporación femenina al mercado se produce mayoritariamente en ocupaciones feminizadas con salarios inferiores y menor acceso a puestos de responsabilidad. Esta distribución reproduce patrones de segregación ocupacional observados en otras provincias del sur de España, donde el turismo y los cuidados concentran gran parte de la fuerza laboral femenina. Avanzar hacia la igualdad real exige, según el sindicato, que las mujeres accedan a empleos cualificados en igualdad de condiciones de mérito y capacidad.
Repercusiones en la generación mejor preparada
Los jóvenes cordobeses constituyen la cohorte con mayor nivel educativo de la historia de la provincia. Sin embargo, la escasez de puestos técnicos y de investigación les obliga a emigrar o a aceptar empleos por debajo de su cualificación. Este desajuste entre formación y demanda laboral genera frustración y reduce el retorno de la inversión pública en educación superior. Estudios del Banco de España han demostrado que las regiones con mayor densidad industrial logran tasas de retención de titulados superiores que duplican las de territorios orientados al turismo.
La propuesta de UGT de reducir la jornada laboral y extender el teletrabajo busca precisamente mejorar la productividad y la conciliación en un contexto de transformación digital. La experiencia de empresas alemanas que aplicaron la semana de cuatro días muestra incrementos en eficiencia y menor rotación de personal. Aplicar medidas similares en Córdoba podría contribuir a modernizar las relaciones laborales y a atraer inversión en sectores intensivos en conocimiento, como las energías renovables o la agroindustria avanzada.
Transformación productiva y horizonte de igualdad
La transición hacia un modelo más industrializado requiere políticas activas de formación profesional alineadas con las necesidades de las nuevas tecnologías y la sostenibilidad. El sindicato defiende que esta reconversión no solo generaría empleos estables, sino que también permitiría a las mujeres acceder a ocupaciones tradicionalmente masculinizadas con mejores retribuciones. La experiencia de clusters industriales en Valencia demuestra que la combinación de incentivos fiscales, colaboración público-privada y formación dual puede revertir la pérdida de talento en menos de una década.
Además, la dependencia excesiva del turismo incrementa la precariedad y dificulta la planificación familiar de los trabajadores. La inestabilidad horaria y la estacionalidad afectan la natalidad y la salud mental de las cohortes más jóvenes. Por ello, UGT insiste en que la mejora reflejada por la EPA debe servir como punto de partida para una estrategia de largo plazo orientada a la industrialización inteligente y la equidad de género.
El objetivo final consiste en construir un mercado laboral donde las personas trabajen para vivir y no vivan para trabajar. Esta aspiración implica cambios estructurales que trascienden los datos trimestrales y que solo se materializarán si las administraciones, las empresas y los agentes sociales coordinan esfuerzos sostenidos durante los próximos años.
