La economía de México registró un avance del 1.1 por ciento en mayo respecto al mismo mes del año anterior, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Este resultado refleja un comportamiento mixto entre sectores, con impulso en actividades primarias y terciarias que contrarresta la contracción en las secundarias. El Indicador Global de la Actividad Económica muestra cómo la recuperación parcial se sostiene pese a la desaceleración acumulada desde 2021.
Durante los últimos años la expansión ha seguido una trayectoria descendente. En 2021 el crecimiento alcanzó el 6.1 por ciento, impulsado por la reapertura tras la pandemia. Para 2022 descendió al 3.9 por ciento y en 2023 se ubicó en 3.2 por ciento. El 2024 cerró en 1.5 por ciento y 2025 apenas alcanzó el 0.5 por ciento. Esta progresiva reducción coincide con factores externos como la aplicación de aranceles por parte de Estados Unidos y tensiones en las cadenas de suministro globales.
Orígenes de la desaceleración acumulada
La dependencia de México respecto al mercado estadounidense explica parte de la vulnerabilidad observada. Los aranceles impuestos en años recientes afectaron principalmente a la manufactura y la construcción, sectores que representan cerca del 25 por ciento del producto interno bruto. Aunque el país evitó una recesión técnica, el desempeño débil durante 2025 evidenció la falta de diversificación de exportaciones hacia otros destinos como Europa o Asia.
En el sector primario el incremento del 7.6 por ciento anual se explica por el alza del 8.7 por ciento en la agricultura y del 5 por ciento en la cría de animales. Estos avances se vinculan a condiciones climáticas favorables en regiones como Sinaloa y Jalisco, donde la producción de maíz y hortalizas registró volúmenes superiores a los esperados. No obstante, la volatilidad de los precios internacionales de fertilizantes sigue representando un riesgo para la rentabilidad de pequeños productores.

Impacto sectorial y cadenas productivas
La contracción del 0.7 por ciento en las actividades secundarias revela debilidades estructurales. La manufactura retrocedió 1.5 por ciento, afectada por la menor demanda de automóviles y electrodomésticos. En contraste, la minería avanzó 3.9 por ciento gracias al aumento en la extracción de cobre y oro en Sonora. Esta divergencia interna muestra cómo los recursos naturales siguen siendo un motor más estable que la industria transformadora en el corto plazo.
El comercio al por mayor creció 8.8 por ciento, impulsado por la importación de bienes intermedios para la industria automotriz. Sin embargo, el comercio minorista solo avanzó 0.6 por ciento, lo que sugiere una demanda interna contenida por la pérdida de poder adquisitivo de los hogares. Los servicios financieros y de seguros registraron un alza del 2.6 por ciento, reflejando mayor colocación de créditos hipotecarios en zonas urbanas del norte del país.
Repercusiones sociales y distribución regional
El crecimiento desigual entre sectores tiene efectos directos sobre el empleo. Las actividades primarias generan puestos de trabajo temporales en zonas rurales, mientras que la manufactura suele ofrecer empleos formales con mejores prestaciones. La caída en la industria manufacturera de estados como Nuevo León y Coahuila podría traducirse en mayor migración interna hacia servicios de baja productividad en las grandes ciudades.
Los datos de mayo coinciden con un contexto de inflación moderada y tasas de interés elevadas. Esto limita el acceso al crédito para pequeñas empresas del sector terciario, que representan más del 60 por ciento del empleo total. Analistas del Banco de México han señalado que la recuperación del consumo privado dependerá de la evolución del salario mínimo y de los programas de transferencias gubernamentales durante el segundo semestre.
Perspectivas de largo plazo y riesgos externos
El indicador adelantado sugiere que México podría mantener tasas de crecimiento cercanas al 1.5 por ciento anual en los próximos dos años si se mantienen las condiciones actuales de nearshoring. No obstante, la competencia con Vietnam y India por inversiones manufactureras representa un desafío. Empresas como Tesla han anunciado expansiones en el norte del país, pero otras firmas automotrices evalúan relocalizar parte de sus operaciones hacia Centroamérica.
La sostenibilidad fiscal también entra en juego. Los ingresos por exportaciones petroleras han perdido peso relativo, mientras que el gasto en infraestructura para nearshoring requiere recursos adicionales. Sin una reforma tributaria que amplíe la base recaudatoria, el margen para políticas contracíclicas se reduce. El Fondo Monetario Internacional ha recomendado a México acelerar la inversión en energías renovables para reducir la dependencia de importaciones de gas natural desde Estados Unidos.
En el mediano plazo, la combinación de crecimiento primario y debilidad industrial podría acentuar la brecha entre regiones norteñas y sureñas. Estados como Chiapas y Oaxaca siguen dependiendo de transferencias federales y remesas, mientras que la frontera norte concentra la mayor parte de la inversión extranjera directa. Esta asimetría regional exige políticas de desarrollo territorial que vayan más allá de los incentivos fiscales ya existentes.
