El euro abrió el 31 de julio cotizando a 27,58 pesos cubanos, un avance del 0,34 por ciento frente al cierre previo. Esa variación semanal del 0,79 por ciento y la volatilidad contenida en 5,34 por ciento parecen indicar calma relativa en el mercado cambiario. Sin embargo, el dato se produce en un momento en que el Gobierno cubano proyecta apenas un 1 por ciento de crecimiento para 2026, la misma meta que no alcanzó en 2025 por la contracción del PIB. La aparente estabilidad del tipo de cambio convive con un déficit fiscal de 74.500 millones de pesos y una inflación prevista del 10 por ciento en el sector formal.
¿Qué revela la demanda sostenida del euro?
El euro ha mostrado tres jornadas consecutivas de alza frente al sol peruano y una presión alcista similar en Cuba. Esta tendencia no obedece solo a factores externos como la fortaleza del euro en mercados globales. Refleja, sobre todo, la preferencia interna por divisas fuertes ante la persistente escasez de productos básicos y los apagones recurrentes. Cuando los hogares y las pequeñas empresas anticipan que el peso cubano perderá poder adquisitivo, el euro se convierte en reserva de valor más que en simple medio de pago. Esa demanda adicional explica por qué la moneda europea mantiene una prima sobre el dólar oficial a pesar de la unificación monetaria de 2021.

El ministro Joaquín Alonso ha descrito el entorno como una “economía de guerra”. Esa frase no es retórica vacía. Entre 2020 y 2024 la economía se contrajo un 11 por ciento y en 2024 el PIB cayó otro 1,1 por ciento. Los servicios médicos y el turismo siguen siendo las principales fuentes de divisas, pero ambos sectores dependen de variables externas volátiles: visas, sanciones y la capacidad de los países receptores de pagar por personal cubano. Una caída del turismo por razones geopolíticas o sanitarias arrastraría de inmediato la disponibilidad de euros y reforzaría la presión sobre el tipo de cambio informal.
Perspectivas del Gobierno, la población y los inversionistas
Desde la óptica oficial, el pronóstico de crecimiento del 1 por ciento y la reducción de la inflación a 10 por ciento se presentan como logros alcanzables si se cumplen las metas de exportación de servicios. El déficit fiscal proyectado, equivalente a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial, se considera manejable porque se financia internamente. Sin embargo, esa lectura omite que el propio Gobierno reconoce la imposibilidad de alcanzar los ingresos exportadores planeados en años anteriores y que la dolarización informal sigue avanzando entre quienes pueden acceder a divisas.
Para la mayoría de la población, el alza del euro significa encarecimiento de alimentos importados y medicamentos que ya escasean. Los salarios estatales, ajustados en pesos cubanos, pierden capacidad de compra cada vez que la moneda europea se fortalece. La migración masiva de los últimos años ha reducido la fuerza laboral y ha aumentado las remesas en divisas, pero también ha dejado vacíos productivos que el Estado no logra cubrir. El resultado es un círculo donde la demanda de euros crece mientras la oferta interna de bienes sigue limitada.
Los inversionistas extranjeros observan con cautela las promesas de mayor transparencia y facilidades. Aunque el Gobierno ofrece garantías, la experiencia de 2022, cuando no se cumplieron las proyecciones de exportación, genera escepticismo. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe ya advertía a finales de 2022 sobre el agotamiento del efecto rebote postpandemia. Esa advertencia sigue vigente: sin reformas estructurales profundas, los capitales externos difícilmente se materializarán en volúmenes suficientes para cerrar el déficit fiscal sin recurrir a emisión monetaria.
Tres tensiones que el dato del euro no captura
La primera tensión radica en la brecha entre el mercado formal y el informal. Aunque el euro oficial muestra baja volatilidad, el mercado negro sigue marcando primas significativas cuando la liquidez en divisas escasea. Esa brecha erosiona la credibilidad de la tasa oficial y alimenta expectativas de devaluación futura. La segunda tensión aparece en el sector energético: los apagones recurrentes elevan los costos de cualquier actividad productiva y reducen la competitividad de las exportaciones de servicios médicos. La tercera se refiere al envejecimiento demográfico acelerado por la migración; sin mano de obra joven, el crecimiento potencial queda estructuralmente limitado independientemente del tipo de cambio.
Estas tensiones sugieren que la ligera apreciación del euro no es un indicador aislado de mejora. Más bien actúa como termómetro de la preferencia por activos externos en un contexto donde las políticas internas no logran restaurar la confianza en el peso cubano. El objetivo de reducir la inflación a 10 por ciento choca con la necesidad de financiar un déficit fiscal elevado mediante emisión, lo que históricamente ha alimentado presiones de precios.
Riesgos de mediano plazo y escenarios plausibles
Si el turismo y los servicios médicos no alcanzan las metas previstas, el Gobierno podría verse obligado a ampliar el déficit o a imponer nuevos controles de cambio. Ambos caminos aumentarían la prima del euro en el mercado informal y acelerarían la dolarización de facto. Un escenario alternativo contempla una apertura selectiva a inversión extranjera en sectores no estratégicos, acompañada de mayor autonomía para las empresas estatales. Esa vía, sin embargo, requiere tiempo y señales creíbles de estabilidad macroeconómica que hoy no existen.
La historia del peso cubano desde la unificación de 2021 muestra que las devaluaciones formales no eliminan automáticamente la demanda de divisas. Al contrario, cuando la oferta de bienes no crece al mismo ritmo que la masa monetaria, la preferencia por el euro se mantiene. El dato de apertura del 31 de julio confirma esa dinámica: una variación positiva modesta en un entorno de restricciones estructurales profundas.
