Los datos de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera del Inegi revelan una contracción clara: el empleo en el sector pasó de 117 mil 998 trabajadores en mayo de 2025 a 115 mil 156 en mayo de 2026, lo que equivale a una caída de 2.41 por ciento. Esta reducción no es un dato aislado. Las horas trabajadas descendieron de 23 mil 682.850 miles a 22 mil 306.025 miles, mientras que el valor de la producción bajó 8.92 por ciento hasta situarse en 47 mil 727 millones de pesos. Las ventas y las remuneraciones también registraron retrocesos de 5.33 y 7.37 por ciento respectivamente.
¿Por qué Puebla cae más que el promedio nacional?
A nivel nacional la industria manufacturera perdió 2.1 por ciento de personal ocupado y 0.6 por ciento en volumen físico de producción durante el mismo mes. Puebla, sin embargo, muestra una contracción superior en empleo y una caída mucho más pronunciada en valor de producción. Esta brecha indica que factores locales están amplificando la tendencia general. Entre ellos destacan la dependencia de cadenas de suministro vinculadas al sector automotriz y la exposición a fluctuaciones en la demanda externa, especialmente de Estados Unidos.
La mención de que Puebla ocupa el segundo lugar nacional en calidad del servicio eléctrico, según el propio Inegi, añade una capa de complejidad. Disponer de energía confiable no ha sido suficiente para contrarrestar otros cuellos de botella. La reducción simultánea de horas trabajadas y remuneraciones sugiere que las empresas están ajustando tanto la cantidad como el costo de la mano de obra, una estrategia que suele preceder a recortes más profundos de planta.

El ajuste silencioso de las remuneraciones
La caída de 7.37 por ciento en las remuneraciones totales supera la reducción de personal. Esto implica que el salario promedio por trabajador también está disminuyendo o que se están eliminando puestos mejor pagados. Para las familias poblanas que dependen de la industria manufacturera, el efecto se multiplica: menos empleos, menos horas y menor ingreso por hora. Los datos del Inegi no desglosan por subsector, pero la magnitud del ajuste apunta a una presión sostenida sobre la masa salarial que podría reducir el consumo local en los próximos trimestres.
Tres variables que explican la profundidad de la caída
Primero, la menor demanda externa. Las exportaciones manufactureras de Puebla están fuertemente ligadas al ciclo automotriz norteamericano, que en 2026 muestra señales de enfriamiento. Segundo, el encarecimiento relativo de insumos importados ante la volatilidad cambiaria, que reduce márgenes y obliga a recortar producción. Tercero, la falta de diversificación hacia sectores de mayor valor agregado que amortigüen los ciclos de la industria tradicional. Cada una de estas variables tiene respaldo en la evolución de las cifras de producción y ventas reportadas por el Inegi.
Perspectivas de trabajadores, empresas y gobierno estatal
Los trabajadores enfrentan la pérdida de ingresos y la inseguridad laboral. Las empresas, por su parte, justifican los ajustes como respuesta necesaria para mantener competitividad frente a competidores de otros estados o del extranjero. El gobierno estatal, mientras tanto, resalta la calidad del servicio eléctrico como ventaja para atraer inversión futura, aunque los números actuales muestran que esa ventaja aún no se traduce en mayor actividad manufacturera. Esta divergencia de narrativas genera tensión: mientras las cifras del Inegi reflejan contracción, los discursos oficiales insisten en que Puebla sigue siendo un destino atractivo para la relocalización de cadenas productivas.
Riesgos de una recuperación lenta
Si la tendencia observada entre mayo de 2025 y mayo de 2026 se prolonga, Puebla podría enfrentar un escenario de desindustrialización parcial. La pérdida de personal calificado es difícil de revertir rápidamente, y la reducción de horas trabajadas erosiona la experiencia acumulada en las plantas. Además, una caída prolongada de las remuneraciones puede afectar la capacidad de consumo de la población, creando un círculo vicioso que impacte también al comercio y los servicios locales. El hecho de que el valor de la producción haya caído más que el empleo sugiere que las empresas están operando por debajo de su capacidad instalada, lo que reduce incentivos para nuevas inversiones en el corto plazo.
Escenarios probables hacia 2027
Uno de los escenarios más plausibles es una estabilización gradual si la demanda externa se recupera en el segundo semestre de 2026. Sin embargo, la recuperación del empleo sería más lenta que la de la producción, porque las empresas primero aumentarían las horas de los trabajadores actuales antes de contratar personal nuevo. Otro escenario contempla que la ventaja energética de Puebla atraiga proyectos de nearshoring en sectores distintos al automotriz, como electrodomésticos o equipo médico, aunque estos proyectos tardarían entre 18 y 24 meses en generar empleo significativo. En ambos casos, la brecha entre el desempeño de Puebla y el promedio nacional podría estrecharse solo si se implementan políticas locales que fomenten la diversificación productiva y la capacitación continua de la fuerza laboral.
