Ciudad de México, 18 jul (EFE).- Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México han demostrado que los residuos del nopal, como espinas y bordes descartados durante el procesamiento, pueden transformarse en un fertilizante orgánico efectivo mediante digestión anaerobia. Este enfoque, probado en zonas de cultivo de Milpa Alta, incrementa hasta un 20 % la biomasa de los cultivos y contribuye a restaurar funciones biológicas en suelos afectados por el uso prolongado de agroquímicos.
La iniciativa, desarrollada entre 2018 y 2020 con financiamiento de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México, se centra en el manejo sostenible de suelos volcánicos en la porción sur de la cuenca de México. El objetivo principal es fortalecer la producción alimentaria, facilitar la recarga de acuíferos y reducir emisiones asociadas al cambio climático, al tiempo que se apoya a los agricultores locales que dependen de cultivos de temporal.

Resultados en campo y comparación con métodos tradicionales
Las pruebas realizadas en cultivos de avena forrajera en Milpa Alta revelaron mejoras concretas desde el primer ciclo agrícola. Además del aumento en biomasa, la maduración de las plantas se adelantó hasta en un mes, lo que representa una ventaja operativa para los productores al reducir tiempos de espera y posibles riesgos climáticos. Estos datos contrastan con los resultados de la fertilización sintética convencional, que en suelos volcánicos de la zona muestra menor eficiencia a largo plazo debido a la acumulación de sales y la pérdida de materia orgánica.
El equipo liderado por Bruno Chávez Vergara, del Instituto de Geología de la UNAM, ha documentado que el digestato resultante del proceso anaerobio retiene nutrientes esenciales y mejora la estructura del suelo sin los efectos secundarios asociados a los fertilizantes químicos. Esta transición gradual hacia insumos orgánicos se perfila como una estrategia viable para agricultores de ladera, donde la mecanización resulta limitada por la pendiente y el riesgo de erosión.
Colaboración con productores y manejo de residuos
La empresa Sustentabilidad en Energía y Medio Ambiente (Suema) opera una planta de procesamiento en convenio con la alcaldía de Milpa Alta, donde se gestionan los desechos del nopal que representan entre el 15 y el 20 % de la producción total. Estos materiales, antes destinados a compostas urbanas o rellenos sanitarios, ahora se revalorizan para generar energía eléctrica que abastece el centro de acopio y, simultáneamente, producen el digestato utilizado como enmienda.
Los agricultores de Milpa Alta, que cultivan cerca de 4.500 hectáreas y suministran más del 90 % del nopal que consume la capital, participan directamente en la recolección de residuos. Esta integración reduce costos de disposición y genera un flujo económico adicional al vender el fertilizante derivado, fortaleciendo la rentabilidad de fincas familiares que enfrentan márgenes estrechos por la competencia de productos importados.
Perspectivas de expansión y cultivos adicionales
Tras los resultados iniciales, los investigadores planean ampliar las pruebas a otros cultivos como maíz y zanahoria en zonas como Santiago Tulyehualco y Tetelco. El siguiente paso consiste en determinar la dosis mínima rentable que maximice beneficios sin sobrecargar los suelos con exceso de materia orgánica. Este ajuste fino resulta clave para evitar desequilibrios nutricionales que podrían surgir en aplicaciones indiscriminadas.
La experiencia acumulada en Milpa Alta también ofrece un modelo replicable para otras regiones productoras de nopal en México, donde los residuos representan un volumen significativo. La combinación de generación de energía y recuperación de suelos crea un ciclo cerrado que disminuye la dependencia de insumos externos y mejora la resiliencia frente a variaciones climáticas cada vez más frecuentes.
El proyecto subraya la importancia de vincular investigación aplicada con necesidades productivas locales. Al priorizar el aprovechamiento de subproductos, se abre una vía para mitigar el impacto ambiental de la agricultura intensiva sin sacrificar rendimientos, un equilibrio que resulta esencial en contextos de suelos volcánicos frágiles y alta presión demográfica como la Ciudad de México.
