Dólar abre en 40,14 pesos en Uruguay

En la apertura del 23 de julio el dólar estadounidense se cotizó en promedio a 40,14 pesos uruguayos, lo que supone un avance del 1,16 por ciento frente al cierre previo de 39,68 pesos. El dato proviene de la plataforma de mercados Dow Jones y refleja una jornada de presión compradora sobre la divisa norteamericana en el mercado local. La variación positiva se inscribe en una secuencia de tres sesiones consecutivas con signo alcista, aunque el movimiento sigue enmarcado dentro de rangos habituales para el tipo de cambio uruguayo.

Dólar abre en 40,14 pesos en Uruguay

La volatilidad medida a 30 días se ubicó en 15,26 por ciento, superior al promedio de referencia de 14,93 por ciento. Este incremento indica que los operadores están ajustando posiciones con mayor frecuencia ante la expectativa de datos macroeconómicos locales y externos. En la última semana el dólar acumuló una ganancia del 1,27 por ciento, mientras que en la comparación interanual el avance alcanza el 1,87 por ciento. Ambos registros muestran que la apreciación sigue una trayectoria moderada y no responde a un shock puntual.

Proyecciones del Banco Central

La última encuesta del Banco Central del Uruguay (BCU) entre analistas del sector financiero y consultoras proyecta un tipo de cambio de 38,98 pesos para enero de 2026 y de 39,33 pesos para junio del mismo año. La mediana de las estimaciones para diciembre de 2026 se sitúa en 40,19 pesos, cifra que coincide casi exactamente con el nivel de apertura registrado este 23 de julio. Las proyecciones de más largo plazo indican 41,46 pesos hacia fines de 2027. Estas cifras sugieren que el mercado espera una depreciación gradual del peso, compatible con el objetivo de inflación del BCU y con un crecimiento económico contenido.

El Producto Bruto Interno (PBI) registraría un crecimiento del 1,87 por ciento en 2026, del 1,85 por ciento en 2027 y del 1,92 por ciento en 2028. Las estimaciones representan un recorte frente a las proyecciones de julio del año anterior, cuando se anticipaba un 2,47 por ciento para 2026. La dispersión entre los distintos pronósticos va desde 1,50 por ciento hasta 2,30 por ciento, lo que evidencia cautela entre los analistas ante factores externos como el precio de las materias primas y la evolución del comercio regional.

Expectativas de inflación

En materia de precios, la mediana de las proyecciones ubica la inflación en 4,40 por ciento para 2026, con leves repuntes a 4,45 por ciento en 2027 y 4,50 por ciento en 2028. Este sendero se acerca progresivamente al centro del rango meta del BCU, fijado en 4,5 por ciento. La convergencia esperada reduce la probabilidad de ajustes abruptos en la tasa de interés de política monetaria, aunque cualquier desviación al alza en el tipo de cambio podría trasladarse parcialmente a los precios internos.

Historia del peso uruguayo

El peso circula como moneda oficial desde 1993, tras la conversión que eliminó tres ceros a la unidad monetaria anterior. La autorización para emitir los nuevos billetes se otorgó en octubre de 1991 y la circulación efectiva comenzó en marzo de 1993. Durante la década de 1990 se implementó un régimen de bandas de flotación que permitía al BCU intervenir para mantener el tipo de cambio dentro de márgenes predefinidos. La crisis financiera de 2002, marcada por una fuerte salida de capitales durante la presidencia de Jorge Batlle, obligó a abandonar ese esquema y adoptar la flotación independiente que rige hasta hoy. Desde entonces el peso ha mostrado periodos de apreciación real, especialmente tras la maxidevaluación de 2002, y ha contribuido a mantener niveles de inflación controlados.

Uruguay mantiene indicadores sociales destacados en América Latina: alto ingreso per cápita, baja desigualdad y una clase media que representa cerca del 60 por ciento de la población. Los desafíos identificados por los analistas incluyen elevar la competitividad, ampliar la participación femenina en la fuerza laboral y modernizar el sistema educativo para sostener el crecimiento a largo plazo. Estos elementos condicionan la evolución futura del tipo de cambio, ya que una mayor productividad tendería a fortalecer el peso, mientras que un crecimiento más lento podría amplificar la depreciación proyectada.

El nivel de apertura observado este 23 de julio se alinea con las expectativas de mediano plazo y confirma que el mercado sigue operando dentro de un marco de flotación ordenada. La atención de los operadores se centra ahora en los próximos datos de actividad y en las decisiones de política monetaria del BCU, que podrían modular la trayectoria del dólar en los meses restantes del año.

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