Dólar dominicano y proyecciones económicas hacia 2026

La cotización del dólar estadounidense en República Dominicana, que abrió el 20 de julio a 58,34 pesos, refleja una dinámica acumulada que se remonta a décadas de ajustes monetarios y choques externos. Desde la crisis de la deuda de los años ochenta, el Banco Central ha mantenido un régimen de flotación administrada que busca equilibrar la estabilidad de precios con la competitividad exportadora. Esta apertura, apenas 0,17 por ciento superior al cierre previo, se inscribe en un patrón de depreciación gradual que el propio organismo proyecta llegará a 66,35 pesos en septiembre de 2026.

Raíces de la volatilidad cambiaria

El aumento semanal del 0,07 por ciento y la caída interanual del 6,81 por ciento obedecen a factores estructurales: la demanda de divisas para importar combustibles e insumos industriales, el flujo de remesas que superan los 10 mil millones de dólares anuales y las decisiones simultáneas de la Reserva Federal. Cuando la Fed eleva tasas, el peso dominicano enfrenta presión vendedora; cuando las relaja, se produce un alivio temporal. La volatilidad actual del 13,26 por ciento, superior al promedio histórico de 11,39 por ciento, evidencia que el mercado aún procesa la transición hacia un entorno de tasas más bajas en Estados Unidos.

Respaldo del informe UBS al crecimiento

El análisis de UBS Financial Services sitúa el crecimiento del PIB real dominicano en torno al 4 por ciento para 2026, impulsado por menores costos de financiamiento y un entorno externo más estable. Esta proyección se apoya en la continuidad de políticas pro-mercado y en la estabilidad política que el país ha mantenido tras las elecciones de 2024. El estímulo fiscal aprobado para 2025, que eleva el gasto de capital en 0,4 por ciento del PIB y amplía el déficit global al 3,5 por ciento, busca precisamente sostener la demanda interna mientras el turismo se recupera de la desaceleración post-pandemia.

Dólar dominicano y proyecciones económicas hacia 2026

La inversión extranjera directa, estimada entre 3,5 y 4 por ciento del PIB, se concentra en turismo, energía renovable y zonas francas. Un caso concreto es la ampliación del puerto de Punta Cana, financiada con capital europeo y estadounidense, que depende de un tipo de cambio predecible para calcular retornos en dólares. Si el peso se deprecia más rápido de lo esperado, los costos locales en pesos se abaratan y mejoran la rentabilidad; si la depreciación se acelera de forma descontrolada, los importadores de maquinaria enfrentan sobrecostos que pueden postergar proyectos.

Efectos en la cuenta corriente y deuda pública

Los superávits de servicios y remesas compensan el déficit comercial de bienes, manteniendo el saldo por cuenta corriente entre 2 y 2,5 por ciento del PIB. Esta configuración reduce la necesidad de endeudamiento externo, permitiendo que la deuda pública bruta se estabilice cerca del 58 por ciento del PIB durante los próximos 18 meses. Sin embargo, un choque climático que dañe la cosecha de cacao o el sector hotelero podría alterar esa ecuación, obligando al gobierno a recurrir a mercados internacionales en un momento de tasas aún elevadas.

Perspectivas de depreciación controlada

El Banco Central anticipa que el tipo de cambio alcanzará 69,15 pesos hacia finales de 2027. Esta trayectoria gradual permite a las empresas exportadoras planificar contratos a mediano plazo y a los hogares que reciben remesas ajustar su consumo sin sobresaltos abruptos. No obstante, la misma previsión implica que los importadores de alimentos y medicinas verán incrementos sostenidos en sus costos, presión que podría trasladarse a la inflación si el Banco Central no esteriliza adecuadamente el exceso de liquidez.

Riesgos climáticos y de gobernabilidad

El informe de UBS advierte sobre eventos climáticos adversos como huracanes de mayor intensidad y sobre posibles tensiones de gobernabilidad típicas de economías emergentes. Un retraso en la ejecución del presupuesto suplementario de 2025, por ejemplo, podría erosionar la confianza de los inversionistas que esperan mejoras en infraestructura eléctrica. Al mismo tiempo, la reducción del déficit fiscal objetivo para 2026, fijado en 3,2 por ciento del PIB, dependerá de que los ingresos tributarios crezcan al ritmo proyectado, meta que puede verse afectada si el turismo no alcanza las cifras esperadas.

La combinación de una depreciación ordenada, superávits externos sólidos y un marco fiscal creíble configura un escenario en el que República Dominicana puede aprovechar la ventana de tasas de interés más bajas para acelerar la inversión productiva. La clave radica en que las autoridades mantengan la credibilidad del régimen cambiario y que los shocks externos, especialmente los provenientes de la política monetaria estadounidense, se absorban sin alterar la senda de crecimiento del 4 por ciento prevista para 2026.

Artículos relacionados

Últimos artículos