Economía de EE.UU. tras 18 meses de Trump

Los primeros dieciocho meses del segundo mandato de Donald Trump han expuesto las tensiones estructurales de una economía que enfrenta simultáneamente restricciones migratorias intensas, aranceles elevados y un conflicto militar inesperado con Irán. Estos factores no surgieron de manera aislada, sino que se inscriben en una secuencia de decisiones políticas que se remontan a la campaña de 2024 y que han alterado las expectativas de crecimiento y estabilidad heredadas de la administración anterior.

Orígenes de las tensiones actuales

La represión migratoria y los aranceles más altos formaban parte central del programa electoral de Trump. Una vez en el poder, estas promesas se tradujeron en controles fronterizos más estrictos y en la imposición de tarifas sobre importaciones procedentes de múltiples socios comerciales. Al mismo tiempo, el estallido de hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán a finales de febrero de 2025 elevó el precio del petróleo hasta cerca de cien dólares por barril, un incremento del cincuenta por ciento respecto a los niveles previos al conflicto. Esta combinación generó choques simultáneos sobre la oferta laboral, los costes de producción y las cadenas de suministro globales.

La Oficina de Estadísticas Laborales ajustó sus estimaciones de población a principios de 2026, lo que provocó una discontinuidad en las series de empleo. Los datos experimentales que reconstruyen una trayectoria consistente desde abril de 2020 revelan una contracción tanto de la fuerza laboral como del número de personas ocupadas desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. Esta disminución resulta coherente con la reducción de la inmigración y el aumento de deportaciones, sumada al envejecimiento de la población nativa.

Efectos sobre el empleo industrial

Trump había anticipado un renacimiento de la manufactura estadounidense gracias a las deportaciones masivas y a los impuestos a las importaciones. Sin embargo, los reportes de nóminas muestran que el sector manufacturero emplea a menos trabajadores que al cierre de la administración Biden en enero de 2025. El auge de inversión en centros de datos de inteligencia artificial ha impulsado el empleo en la construcción, pero este efecto sigue concentrado en un número limitado de regiones y aún no se traduce en un incremento generalizado de la producción industrial.

Economía de EE.UU. tras 18 meses de Trump

La caída del empleo público también refleja una prioridad explícita de la administración actual. No obstante, la economía estadounidense de 342 millones de habitantes sigue demandando servicios en sectores como hostelería, restauración y atención sanitaria, áreas donde la oferta laboral nativa envejecida resulta insuficiente para cubrir las vacantes.

Presiones sobre los precios y el consumo

La inflación constituyó uno de los temas centrales de la campaña de 2024. Aunque las presiones de precios se habían moderado antes del regreso de Trump, los aranceles, el encarecimiento del petróleo y las crecientes necesidades energéticas derivadas del desarrollo de la inteligencia artificial han mantenido la inflación por encima del objetivo del dos por ciento de la Reserva Federal. Los índices de precios más seguidos muestran un estancamiento del progreso desinflacionario, con riesgos de repunte identificados por varios funcionarios de la Fed.

El poder adquisitivo de los hogares, medido a través de la renta personal disponible ajustada por inflación, ha dejado de crecer e incluso ha registrado descensos recientes. Esta evolución limita la capacidad de las familias para sostener el gasto en vivienda, alimentación y otros bienes esenciales, a pesar de que el consumo agregado se ha mantenido relativamente estable hasta ahora.

El mercado inmobiliario y su peso estructural

La vivienda representa una porción desproporcionada de la riqueza familiar estadounidense. Tras años de tipos de interés bajos y el impulso adicional de la pandemia, las sucesivas subidas de tasas por parte de la Reserva Federal elevaron los costes hipotecarios a máximos históricos. Las primas de seguros vinculadas a valores más altos de las propiedades agravan aún más la carga. Las políticas federales pueden ofrecer incentivos fiscales, pero la regulación del suelo y la zonificación permanecen bajo control de los gobiernos locales, lo que restringe la capacidad de respuesta rápida a la escasez de oferta.

El papel de la inteligencia artificial

El sector de la inteligencia artificial ha emergido como principal motor de las ganancias bursátiles y de la emisión de deuda corporativa. Hasta finales de junio de 2026 se habían colocado 1,52 billones de dólares en bonos corporativos, gran parte destinados a financiar infraestructuras de IA, superando el ritmo registrado tras la pandemia. Esta dinámica sostiene el crecimiento del producto interior bruto a corto plazo, pero concentra beneficios en un número reducido de empresas y regiones, mientras que los efectos sobre el empleo manufacturero tradicional permanecen limitados.

El rendimiento del mercado bursátil desde enero de 2025 se sitúa en un punto intermedio cuando se compara con mandatos presidenciales previos que se remontan a Ronald Reagan. Aunque Trump destaca los máximos históricos de los principales índices, la tendencia alcista de las acciones a largo plazo ha caracterizado a la mayoría de las administraciones modernas, independientemente de su orientación política.

Riesgos y trayectorias futuras

La combinación de menor disponibilidad de mano de obra, precios energéticos elevados y una distribución desigual de los beneficios del auge tecnológico plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del crecimiento. Si la renta personal disponible continúa estancada, el consumo podría perder impulso en los próximos trimestres. Al mismo tiempo, la dependencia de la inversión en inteligencia artificial como motor principal introduce vulnerabilidades ante posibles ajustes en las valoraciones de ese sector o ante cambios regulatorios inesperados.

Las elecciones de mitad de mandato, a poco más de tres meses de distancia, ocurren en un contexto donde las promesas de reducción de precios y recuperación del empleo industrial aún no se han materializado. La economía ha demostrado resiliencia frente a choques externos, pero las señales de estancamiento en variables clave sugieren que los ajustes estructurales requerirán más tiempo del inicialmente previsto por la administración.

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