La comparecencia de Pete Hegseth ante el Senado confirmó que las operaciones militares de Estados Unidos contra Irán han alcanzado un costo acumulado y proyectado de 37 mil 500 millones de dólares hasta el cierre del año fiscal en septiembre. Esta cifra supera en 8 mil 500 millones la estimación previa de mayo y refleja un ritmo de gasto superior al anticipado por el Pentágono. Hegseth, acompañado por el general Dan Caine, detalló que el monto cubre tanto gastos ya ejecutados como compromisos futuros en municiones, combustible y apoyo logístico, sin ofrecer un desglose detallado que permita separar lo ya desembolsado de las proyecciones.
¿Por qué el cálculo subió tanto en dos meses?
El incremento de 8 mil 500 millones de dólares en apenas diez semanas indica que las capacidades de respuesta iraní han forzado ajustes operativos más costosos de lo previsto. El uso intensivo de drones de ataque unidireccional y la necesidad de mantener presencia naval en el Golfo han elevado los gastos en municiones y rotación de equipos. Reuters señaló que el Pentágono no aclaró la metodología exacta, lo que genera dudas sobre si el nuevo monto representa un techo realista o una base para futuras solicitudes adicionales.

La Casa Blanca ya había enviado al Congreso en junio una petición extraordinaria de 87 mil 596 millones de dólares, de los cuales 67 mil 146 millones corresponden al Departamento de Defensa. De ese paquete, 21 mil millones se destinan a municiones y 17 mil 300 millones a costos operativos directos. Esta solicitud se suma al presupuesto base de 1,5 billones propuesto para 2027 y a un paquete adicional de casi 95 mil millones que preparan legisladores republicanos.
El impacto en la preparación militar y el personal
La advertencia de Hegseth sobre la posible reducción de entrenamientos si no llegan fondos adicionales revela una tensión estructural: mantener operaciones sostenidas contra Irán amenaza la capacidad de las fuerzas estadounidenses para responder en otros escenarios simultáneos. Con 17 militares fallecidos y 430 heridos desde el inicio del conflicto, el desgaste humano se concentra en bases como Muwaffaq Salti en Jordania y Erbil en Irak. La soldado Isabella Gonzales y el teniente Tyler James Feehan, ambos fallecidos en ataques iraníes, ilustran el costo directo sobre unidades desplegadas en la región.
El 96 % de los 100 efectivos heridos desde el 7 de julio ya regresaron a sus funciones, pero la acumulación de bajas y el uso de drones derribados en bases como Erbil generan presiones sobre la moral y la rotación de tropas. Sectores del Pentágono temen que la falta de entrenamiento adecuado termine por reducir la efectividad de las unidades en el mediano plazo.
Las tensiones entre el Ejecutivo y el Congreso
Senadores demócratas como Patty Murray han cuestionado la ausencia de un horizonte claro para el fin de las operaciones, mientras que republicanos impulsan paquetes de financiamiento más amplios. La resolución aprobada por la Cámara de Representantes para limitar las facultades de Trump no ha avanzado en el Senado, lo que deja las operaciones en un limbo legal. La administración sostiene que posee autoridad suficiente, pero el debate sobre la autorización específica del Congreso sigue abierto y podría intensificarse si el costo continúa creciendo.
El general Caine reconoció que las decisiones iraníes influyen directamente en la duración del conflicto, lo que dificulta cualquier proyección presupuestaria precisa. Esta dependencia mutua convierte cada escalada en un factor que altera tanto el gasto como el calendario legislativo.
Riesgos presupuestarios y escenarios futuros
Si el Congreso aprueba solo una fracción de los 67 mil millones solicitados para Defensa, el Pentágono podría verse obligado a reprogramar fondos de otras cuentas o reducir presencia en el Indo-Pacífico. Un escenario de prolongación hasta 2027 elevaría el gasto total muy por encima de los 100 mil millones, afectando el margen fiscal de la administración Trump para otros programas prioritarios. La falta de un desglose transparente también alimenta el escepticismo de legisladores de ambos partidos sobre la capacidad del Pentágono para controlar los costos.
En paralelo, la posibilidad de que Irán intensifique ataques asimétricos contra bases estadounidenses o aliados regionales podría multiplicar las bajas y obligar a nuevas solicitudes de emergencia. La combinación de un conflicto sin fecha de cierre clara y un proceso legislativo fragmentado aumenta el riesgo de que las decisiones presupuestarias se tomen de forma reactiva, limitando la planificación estratégica a largo plazo.
