La carta enviada el 21 de julio de 2026 por ocho clubes colombianos a la Dimayor marca un punto de inflexión en la historia reciente del fútbol profesional del país. América de Cali, Atlético Nacional, Deportivo Cali, Independiente Medellín, Santa Fe, Junior, Millonarios y Once Caldas decidieron condicionar el uso de sus derechos de imagen a un cambio estructural en la forma como se reparten los ingresos por transmisión televisiva. Esta postura no surgió de manera aislada, sino que responde a décadas de un modelo que priorizó la igualdad numérica por encima de criterios de rendimiento o inversión.
Orígenes de un modelo igualitario
Desde la fundación de la Dimayor en 1948, el fútbol colombiano adoptó mecanismos de distribución que buscaban evitar que los equipos con mayor poder económico arrasaran con los recursos disponibles. Durante los primeros años, la liga enfrentaba problemas de deserción y falta de infraestructura, por lo que repartir por igual los escasos ingresos ayudó a mantener activos a clubes de ciudades intermedias. Sin embargo, esa lógica se mantuvo intacta incluso cuando el mercado de derechos audiovisuales creció de manera exponencial a partir de la década de 1990. El contrato vigente con Win Sports, por ejemplo, sigue dividiendo los recursos en 36 partes iguales, sin ponderar el tamaño de las hinchadas ni los presupuestos destinados a canteras y estadios.
El contraste con ligas europeas resulta ilustrativo. En la Premier League inglesa, los clubes grandes reciben una porción mayor derivada de méritos deportivos y atractivo comercial, lo que ha elevado el valor global de la competencia y permitido reinversiones en instalaciones de primer nivel. En Colombia, en cambio, equipos con presupuestos reducidos reciben la misma tajada que aquellos que generan millones en taquillas y mercadeo, generando un desincentivo para quienes buscan profesionalizar sus estructuras.
La carta legal y sus implicaciones inmediatas
El documento suscrito por los representantes legales de los ocho clubes, elaborado por la firma Muñoz Tamayo y Asociados, establece una línea roja clara: no autorizarán el uso de su imagen mientras no se abra un debate formal sobre el modelo de distribución. La designación de Joe Bonilla Gálvez como vocero único añade un elemento de coordinación que los demás clubes interpretaron como un frente unificado. La convocatoria de una asamblea extraordinaria para el 29 de julio refleja la urgencia que la Dimayor otorgó al asunto, tras años de negociaciones discretas sobre la renovación o reemplazo del contrato con Win Sports.

El vuelo chárter que transportó al abogado junto a varios presidentes desde Guadalajara a Miami encendió sospechas entre los clubes excluidos del grupo. Aunque no existe prueba de irregularidad contractual, la coincidencia de agendas generó percepciones de exclusividad que complican el diálogo. Representantes de equipos medianos han señalado en conversaciones privadas que el reclamo de más recursos carece de sentido si no va acompañado de reformas internas en la contratación de jugadores y en la gestión de canteras.
Repercusiones en la competitividad del torneo
Una redistribución basada en méritos deportivos o tamaño de mercado podría acentuar la brecha entre los equipos tradicionales y el resto de la liga. Históricamente, los clubes grandes han financiado parte de sus operaciones con los ingresos compartidos, pero también han invertido en divisiones inferiores y en el desarrollo de talentos que luego se venden al exterior. Si el nuevo modelo premia únicamente el rendimiento reciente, los equipos con menor capacidad económica podrían reducir sus presupuestos de formación, afectando la calidad general del producto que se ofrece al televidente.
El caso de la liga argentina ofrece un precedente útil. Tras la implementación de un sistema mixto que combina méritos y necesidades de infraestructura, varios clubes del interior lograron estabilizar sus finanzas, aunque el torneo perdió algo de paridad en los primeros años. En Colombia, la ausencia de un fondo de desarrollo similar podría dejar a los equipos ascendidos sin herramientas para competir, aumentando el riesgo de descensos masivos y de inestabilidad administrativa.
Efectos sobre el ecosistema del fútbol nacional
Más allá de la distribución de dinero, el conflicto toca aspectos estructurales como el promedio de descenso, el ascenso desde la B y la relación entre la Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol. Los clubes excluidos han planteado que cualquier cambio debe contemplar una reducción del 15 por ciento que retiene la Dimayor, así como una mayor claridad sobre cómo se financian los torneos de categorías inferiores. Sin respuestas a estas preguntas, el riesgo de fragmentación aumenta.
Una eventual salida de los ocho clubes hacia una competencia paralela alteraría el calendario de la Selección Colombia, ya que los jugadores de esos equipos representan una porción significativa de las convocatorias. Además, los patrocinadores y las plataformas interesadas en los derechos —Disney, Fox Norteamérica y Amazon entre ellas— enfrentarían incertidumbre sobre qué torneo ofrece mayor atractivo comercial. La pérdida de valor de los derechos audiovisuales afectaría a todos los participantes, incluidos aquellos que hoy reclaman mayor participación.
Perspectivas de evolución institucional
La asamblea del 29 de julio definirá si el grupo de los ocho se amplía con la incorporación de Bucaramanga y Tolima o si, por el contrario, se abre un proceso de negociación que incluya a los 36 clubes. La experiencia de otras ligas latinoamericanas muestra que los cambios profundos en los modelos de distribución suelen requerir varios años de ajustes y compensaciones transitorias. En el corto plazo, la presión ejercida por los ocho clubes ha logrado colocar sobre la mesa un debate que durante décadas se postergó, pero también ha expuesto las tensiones latentes entre los intereses de los equipos con mayor poder de convocatoria y aquellos que dependen del reparto igualitario para sobrevivir.
El desenlace dependerá de la capacidad de la Dimayor para articular un mecanismo que preserve la viabilidad de todos los afiliados mientras alinea los incentivos con el fortalecimiento del espectáculo deportivo. Cualquier solución que ignore la sostenibilidad de los clubes medianos podría derivar en mayor inestabilidad financiera y en una pérdida progresiva de interés por parte del público que sigue el fútbol colombiano desde ciudades intermedias.
