El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, advirtió ante el Comité de Finanzas del Senado que México debe cumplir con entregas de agua del Río Bravo y cooperación en seguridad fronteriza para que el presidente Trump acepte renovar o revisar el T-MEC. Greer vinculó directamente el Tratado de Aguas de 1944 con las negociaciones comerciales y señaló que la falta de colaboración en ambos frentes complicaría cualquier avance.

La postura integra temas ajenos al comercio en la revisión del acuerdo, elevando el costo político para México. El retraso acumulado en el ciclo quinquenal actual ya generó compromisos mensuales de monitoreo por parte del Departamento de Estado y el USDA, que exigen al menos 350 mil acres-pies anuales más un plan para saldar deudas previas. Esta presión reduce el margen de maniobra de la presidenta Sheinbaum, quien ha condicionado las entregas a las lluvias del año en curso.
Al fusionar obligaciones hídricas con el T-MEC, Estados Unidos crea un mecanismo de apalancamiento más amplio que podría repetirse en futuros ciclos de revisión. El enfoque refleja una estrategia que prioriza resultados concretos sobre plazos rígidos y obliga a México a equilibrar variables climáticas con compromisos internacionales bajo riesgo de estancamiento comercial.
