Euro en Cuba y el pronóstico económico de 2026

La cotización de cierre del euro en 27,47 pesos cubanos el 17 de julio revela más que un simple movimiento diario. Detrás del avance del 0,34% frente al día anterior se encuentra un mercado cambiario que intenta transmitir normalidad mientras la economía cubana navega por un contexto declarado de “economía de guerra”. La volatilidad actual del 3,08%, inferior a la referencia histórica del 6,08%, sugiere que las intervenciones oficiales están conteniendo las oscilaciones, aunque esa contención no resuelve las tensiones acumuladas desde la unificación monetaria de 2021.

¿Qué explica la aparente estabilidad del tipo de cambio?

El euro ha registrado un avance semanal del 0,42% y una caída interanual del 0,75%. Estos porcentajes parecen modestos, pero adquieren otro significado cuando se contrastan con la contracción acumulada del PIB cubano del 11% entre 2020 y 2024. La baja volatilidad actual no refleja necesariamente mayor confianza de los agentes económicos, sino más bien la capacidad del Banco Central para racionar divisas y limitar el acceso al mercado formal. En la práctica, muchos importadores y viajeros terminan recurriendo al mercado informal, donde las primas superan con creces la cotización oficial.

El ministro Joaquín Alonso ha vinculado el pronóstico de crecimiento del 1% para 2026 a la recuperación del turismo y a la exportación de servicios médicos. Sin embargo, la misma proyección ya se había realizado para 2025 sin alcanzarse, debido a la caída del 1,1% del PIB en 2024. Esta reiteración de metas incumplidas genera escepticismo entre analistas independientes, quienes observan que los ingresos por turismo siguen limitados por la infraestructura obsoleta y por la competencia regional.

Euro en Cuba y el pronóstico económico de 2026

El peso de la dolarización en las decisiones cotidianas

La inflación prevista del 10% para 2026 representa una reducción respecto al 14,07% registrado al cierre de 2025, pero sigue siendo elevada para una economía que ya arrastra problemas de escasez estructural. El déficit fiscal de 74.500 millones de pesos cubanos, equivalente a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas, mantiene una presión constante sobre la demanda de divisas. En este escenario, la dolarización creciente no es solo un fenómeno de precios, sino una estrategia de resguardo que adoptan tanto hogares como pequeñas empresas ante la incertidumbre sobre el poder adquisitivo del peso.

Los ciudadanos comunes enfrentan una realidad donde el peso cubano sigue siendo la moneda de uso mayoritario para salarios y pensiones, pero pierde terreno en el acceso a bienes básicos. Mientras tanto, el sector exportador de servicios médicos depende de pagos en divisas que el Estado centraliza, lo que reduce los incentivos para que los profesionales permanezcan en el país. La migración masiva de los últimos años ha agravado esta situación, creando un círculo donde la falta de personal calificado limita la capacidad de generar las divisas que el propio gobierno necesita para estabilizar el tipo de cambio.

Contradicciones entre el discurso oficial y las expectativas de inversores

El gobierno ha prometido un entorno “más dinámico y transparente” para atraer inversión extranjera, ofreciendo mayores facilidades y garantías. Sin embargo, el reconocimiento simultáneo de dificultades financieras y de un contexto internacional complejo genera desconfianza. Los potenciales inversores observan que el marco regulatorio sigue sujeto a cambios abruptos y que la escasez de divisas puede traducirse en demoras en la repatriación de utilidades. Esta percepción de riesgo se ve reforzada por la experiencia de 2022, cuando las metas de exportación no se cumplieron y la inflación alcanzó el 40%.

Por su parte, los organismos multilaterales como la CEPAL han advertido sobre el agotamiento del efecto rebote postpandemia. La proyección oficial del 1% de crecimiento para 2026 contrasta con estimaciones más conservadoras que sitúan el crecimiento potencial por debajo de ese nivel si no se resuelven los cuellos de botella energéticos y productivos. Los apagones recurrentes y la falta de insumos básicos afectan directamente la capacidad de las empresas estatales y privadas de cumplir objetivos de producción, independientemente de las señales que emita el tipo de cambio.

Riesgos que podrían alterar el escenario proyectado

Uno de los principales riesgos radica en la persistencia de la escasez de productos básicos, que alimenta la inflación informal y presiona al alza la demanda de divisas. Si el turismo no alcanza los niveles esperados por factores externos como tensiones geopolíticas o por limitaciones internas de conectividad, el déficit de divisas se ampliaría y obligaría a mayores restricciones en el mercado cambiario formal. Otro riesgo proviene del propio proceso de dolarización: cuanto más se extienda el uso del dólar en transacciones internas, menor será la efectividad de las políticas monetarias orientadas a estabilizar el peso.

La historia de la unificación monetaria de 2021 muestra que los ajustes cambiarios pueden generar efectos secundarios difíciles de controlar. La eliminación del peso convertible y la fijación inicial en 24 pesos por dólar no impidieron el surgimiento de un mercado negro paralelo que, en momentos de mayor tensión, llegó a multiplicar por cuatro la cotización oficial. Aunque la volatilidad actual es menor, la memoria de esos episodios influye en las expectativas de ahorradores y empresarios, quienes prefieren mantener activos en divisas fuertes siempre que les sea posible.

Escenarios probables hacia 2027

Si las exportaciones de servicios médicos y el turismo registran mejoras moderadas, el tipo de cambio podría mantener una senda de relativa estabilidad con fluctuaciones anuales inferiores al 2%. Sin embargo, esta estabilidad seguiría dependiendo de controles de capital y de racionamiento de divisas, lo que limitaría la integración de Cuba en cadenas de valor regionales. Un escenario alternativo contempla que la inflación supere nuevamente el 12% si el déficit fiscal no se contiene y si la escasez de energía obliga a mayores importaciones de combustible pagadas en divisas.

En ambos casos, el euro y el dólar continuarán funcionando como termómetros de la confianza en la economía cubana. La capacidad del gobierno para reducir la brecha entre el mercado formal y el informal dependerá menos de la cotización puntual que de reformas estructurales que eleven la productividad y restauren los incentivos para que los profesionales y las empresas generen divisas dentro del país. Sin esos cambios, las variaciones diarias del euro seguirán reflejando más la gestión de escasez que una verdadera normalización del mercado cambiario.

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