Durante los feriados de Fiestas Patrias, miles de familias peruanas abandonan sus viviendas por varios días. Osinergmin ha insistido en desconectar aparatos y revisar instalaciones de gas para evitar gastos invisibles y riesgos. Esta recomendación, aunque parece simple, toca un problema estructural del consumo eléctrico residencial que suele pasar desapercibido en los recibos mensuales.
El consumo fantasma se genera cuando televisores, módems, cargadores y otros equipos permanecen conectados aunque estén apagados. Estudios de organismos reguladores en América Latina indican que este fenómeno puede representar entre el 5 % y el 10 % del gasto eléctrico anual de un hogar promedio. En periodos de ausencia prolongada, la acumulación resulta especialmente costosa porque no hay nadie que apague los dispositivos.

Una primera observación relevante es que las medidas recomendadas por Osinergmin no solo ahorran dinero, sino que modifican la relación de los usuarios con sus equipos. Muchas familias consideran que dejar el módem encendido garantiza conexión remota, sin calcular que ese hábito suma decenas de soles al recibo. La recomendación de usar regletas con interruptor ofrece una solución intermedia que reduce la fricción sin exigir cambios radicales en la rutina.
El peso económico real para las familias peruanas
El impacto económico del consumo fantasma se concentra en los hogares de ingresos medios y bajos, donde cada sol cuenta. Cuando una familia viaja durante cinco días sin desconectar aparatos, puede acumular un sobrecosto equivalente a media hora de trabajo mínimo. A lo largo del año, si se repite en cada feriado largo, el monto supera el precio de un electrodoméstico básico. Esta cifra adquiere mayor relevancia cuando se considera que el precio de la electricidad residencial en Perú ha mostrado incrementos moderados pero sostenidos en los últimos tres años.
Las empresas distribuidoras de electricidad observan el fenómeno desde otra perspectiva. Aunque el consumo fantasma aumenta la demanda total, también eleva la queja de usuarios por facturas inesperadas. Algunas compañías han comenzado a incluir mensajes en los recibos sobre cómo identificar y reducir este tipo de gasto, reconociendo que la transparencia reduce la rotación de clientes y las solicitudes de revisión de medidores.
Perspectivas de fabricantes y reguladores
Los fabricantes de electrodomésticos enfrentan una tensión clara. Por un lado, promueven funciones de espera y conexión Wi-Fi que mejoran la experiencia del usuario; por otro, estas mismas funciones incrementan el consumo en modo inactivo. Organizaciones de consumidores en Chile y Colombia han señalado que los sellos de eficiencia energética rara vez informan sobre el consumo en standby, dejando al usuario sin datos precisos al momento de comprar.
Osinergmin, como ente regulador, prioriza la prevención de riesgos eléctricos y de gas sobre la simple reducción de costos. Su insistencia en verificar el regulador del balón de gas antes de viajar responde a incidentes registrados en años anteriores donde fugas provocaron daños en viviendas desocupadas. Esta doble preocupación —económica y de seguridad— explica por qué las recomendaciones combinan desconexión eléctrica con revisión de perillas de cocina.
Tres efectos que suelen subestimarse
El primero es el desgaste acelerado de equipos que permanecen conectados sin uso. Aunque el consumo sea bajo, la tensión constante puede acortar la vida útil de fuentes de poder y circuitos internos. El segundo efecto aparece en la red eléctrica local: miles de hogares que dejan módems y decodificadores encendidos generan una carga base que las distribuidoras deben cubrir incluso durante picos de demanda reducida. El tercero se relaciona con la percepción del usuario: al regresar de viaje y recibir una factura más alta de lo esperado, muchas personas atribuyen el aumento al uso de la refrigeradora, cuando en realidad el origen está en los aparatos que nunca se desconectaron.
Riesgos de seguridad más allá del recibo
Desconectar equipos reduce la probabilidad de cortocircuitos por sobretensiones repentinas, un riesgo real durante tormentas eléctricas frecuentes en ciertas regiones del país. Además, los cargadores dejados enchufados pueden sobrecalentarse si sufren daños mecánicos en el enchufe. Estos incidentes, aunque poco frecuentes, generan costos de reparación y seguros que las familias rara vez asocian con la práctica de dejar todo conectado.
La aplicación Facilito, mencionada por Osinergmin, añade una capa distinta al análisis. Al permitir comparar precios de combustible, la herramienta reduce el gasto en traslados, pero también incentiva viajes más largos. Este efecto secundario podría aumentar el número de viviendas vacías durante feriados, amplificando la necesidad de las medidas de desconexión recomendadas.
Tendencias que podrían modificar el panorama
La incorporación de enchufes inteligentes controlados por aplicaciones móviles ofrece una solución tecnológica que evita la desconexión manual. Sin embargo, su adopción sigue limitada por el costo inicial y por la brecha digital en sectores de menores ingresos. En cinco años, si los precios de estos dispositivos bajan, el consumo fantasma podría reducirse de forma estructural sin depender de la disciplina del usuario.
Otro escenario posible es que las distribuidoras incorporen medidores inteligentes capaces de identificar patrones de consumo anómalos durante periodos de ausencia. Esta información permitiría enviar alertas automáticas a los clientes, transformando la recomendación de Osinergmin en un servicio proactivo en lugar de una campaña informativa estacional.
El verdadero límite de las medidas actuales radica en la falta de incentivos económicos inmediatos. Mientras el ahorro por desconectar aparatos durante cuatro días siga siendo inferior al precio de un café, muchas familias seguirán postergando el hábito. Cambiar esta ecuación requiere que las tarifas reflejen con mayor precisión el costo real del consumo en standby o que las campañas de Osinergmin incluyan estimaciones concretas de ahorro por hogar.
