Independientes sostienen el crecimiento del sector privado

Entre 2023 y 2025 el trabajo independiente aportó 1,8 de los 2,3 puntos porcentuales de expansión del Valor Agregado Bruto privado, según el informe de la Secretaría de Trabajo. Esta cifra equivale a casi el 80 % del crecimiento total registrado en el sector. El dato cobra mayor relieve cuando se observa que la categoría representa apenas una porción reducida de la población ocupada y que su productividad media sigue siendo inferior a la de las sociedades constituidas.

La cifra que reconfigura el mapa laboral

El empleo asalariado registrado retrocedió 3,2 % desde noviembre de 2023, lo que se tradujo en la pérdida de 329 667 puestos. En el mismo lapso se incorporaron 150 158 monotributistas. La totalidad del aumento neto de empleo en dos años se explica por el trabajo no asalariado. Esta dinámica no es nueva: entre 2016 y 2025 la categoría creció a un ritmo promedio anual del 3 %, mientras el empleo asalariado apenas alcanzó el 1 % anual, impulsado principalmente por puestos no registrados.

El avance del monotributo resulta aún más pronunciado: 35 % en la última década y 7 % solo entre 2024 y 2025. Estos números reflejan una recomposición estructural donde el autoempleo deja de ser un refugio temporal para convertirse en el principal motor de absorción de fuerza laboral.

Independientes sostienen el crecimiento del sector privado

Productividad y escala: el límite invisible

El informe oficial advierte que las unidades productivas vinculadas al trabajo independiente generan ingresos notablemente inferiores y menor productividad que las sociedades. En 2025 este segmento representaba solo el 17 % del Valor Agregado Bruto. La paradoja es evidente: el motor del crecimiento agregado exhibe al mismo tiempo la menor contribución por trabajador al producto total.

Esta brecha de productividad no es solo un problema estadístico. Implica que el aumento del empleo se concentra en actividades de baja escala, con escasa capacidad de acumulación de capital y limitada transmisión de conocimientos. El resultado es un crecimiento que, aunque positivo en términos de ocupación, reproduce un tejido productivo fragmentado y de bajo rendimiento medio.

Tres lecturas que explican la misma tendencia

La primera lectura apunta a un cambio estructural del capitalismo argentino: la economía ya no genera suficientes puestos formales de calidad y el autoempleo se ha convertido en la válvula de escape permanente. La segunda sostiene que la actual regulación laboral, pensada para empresas medianas y grandes, resulta inviable para microemprendimientos que concentran la informalidad. La tercera interpreta el fenómeno como una señal de alerta sobre la calidad del crecimiento: sin mejora de productividad, el aumento del empleo independiente puede traducirse en estancamiento del ingreso per cápita a mediano plazo.

Voces que divergen sobre las soluciones

Luis Campos, de la CTA Autónoma, destaca que casi el 90 % de los 3 millones de puestos creados en la última década correspondieron a asalariados no registrados y cuentapropistas. Para él, la informalidad no es un residuo sino el resultado de un modelo que no genera empleo registrado suficiente. Tomás Álvarez, del IIEP, enfatiza la necesidad de un entorno macroeconómico estable y de reducciones temporales de contribuciones patronales para nuevas contrataciones, siempre con marcos normativos claros. Jorge Colina, de Idesa, propone eximir a las microempresas de los convenios colectivos y fijar un mínimo no imponible en la masa salarial para el cálculo de aportes. Nuria Susmel, de FIEL, señala que la carga impositiva y la baja productividad son las principales barreras a la formalización y que solo una reducción de impuestos al trabajo o un salto de eficiencia permitirán mayor recaudación sostenida.

Riesgos de una dependencia prolongada

La centralidad del trabajo independiente introduce vulnerabilidades. En primer lugar, la protección social de estos trabajadores sigue siendo incompleta: aportes jubilatorios reducidos, cobertura de salud intermitente y ausencia de seguro por desempleo. En segundo lugar, la volatilidad de ingresos es mayor que en el empleo asalariado registrado, lo que dificulta el consumo estable y la planificación familiar. En tercer lugar, la baja productividad media limita el crecimiento potencial de la economía en su conjunto. Si el 80 % del aumento del VAB privado sigue explicándose por un segmento de productividad inferior, el techo de expansión agregada se vuelve más bajo con el paso del tiempo.

Escenarios probables hacia 2030

Si se mantiene el ritmo actual de formalización de microempresas, el trabajo independiente podría representar cerca del 25 % del empleo total hacia 2030. Un escenario alternativo, que combine estabilidad macroeconómica con reformas focalizadas en las firmas de menos de diez empleados, podría reducir esa participación al 18 % y elevar simultáneamente la productividad media del sector. El factor decisivo será la capacidad del Estado para diseñar incentivos que no solo reduzcan la informalidad, sino que también eleven el tamaño promedio y la eficiencia de las unidades productivas más pequeñas.

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