El presidente Gustavo Petro sostuvo que Colombia concluiría su mandato como la segunda economía más compleja de América Latina, solo detrás de Uruguay, basándose en el concepto de complejidad económica que evalúa la diversificación y sofisticación de las exportaciones. Esta declaración surgió en respuesta a un informe sobre concesiones mineras chinas en Nicaragua, donde Petro criticó los modelos extractivos sin transformación industrial. Sin embargo, el Atlas of Economic Complexity del Harvard Growth Lab ubica a Colombia en el quinto lugar regional según datos hasta 2024, con México, Brasil, El Salvador y Costa Rica por delante.
El desfase temporal en los datos del ranking
El indicador de Harvard utiliza información comercial consolidada con un retraso de hasta dos años debido a los ciclos de reporte ante la base Comtrade de Naciones Unidas. Por ello, los resultados publicados en 2026 reflejan principalmente la estructura productiva heredada de administraciones anteriores y no los efectos directos de las políticas implementadas entre 2022 y 2026. Esta brecha temporal permite cuestionar si las afirmaciones de Petro atribuyen correctamente los avances a su gestión o si se trata de tendencias acumuladas desde periodos previos.
El índice de complejidad económica de Colombia se situó en 0,24, superando ligeramente el 0,16 de Uruguay, aunque ambos países ocupan posiciones intermedias a nivel global. México lidera la región gracias a su integración en cadenas de valor automotriz y electrónica, mientras Brasil destaca por la combinación de agroindustria y manufacturas.

Comparaciones regionales y sus límites
Petro contrastó el caso de Nicaragua y Venezuela con el de Colombia y Uruguay, argumentando que los primeros dependen de extracción pura mientras los segundos avanzan mediante educación y producción diversificada. No obstante, El Salvador y Costa Rica superan a Colombia en el ranking pese a contar con economías más pequeñas, lo que indica que el tamaño del mercado no determina por sí solo la complejidad. Costa Rica, por ejemplo, ha logrado insertarse en sectores de dispositivos médicos y servicios tecnológicos sin poseer grandes reservas minerales.
Este patrón sugiere que las políticas de atracción de inversión extranjera orientada a manufacturas de mayor valor agregado pueden generar saltos en el índice más rápidos que los esfuerzos centrados exclusivamente en reducir la dependencia fósil.
Perspectivas de los actores involucrados
Desde el gobierno colombiano, la defensa de los resultados económicos enfatiza el aumento de la producción no extractiva y la redistribución de ingresos bajo la gestión de los ministros Ricardo Bonilla y Germán Ávila. Organismos multilaterales y analistas independientes observan con cautela si las reformas fiscales y laborales realmente impulsaron la sofisticación exportadora o si solo estabilizaron indicadores macroeconómicos básicos.
Por otro lado, representantes del sector minero y energético señalan que la crítica a la extracción ignora que varios países con alta complejidad económica, como Australia o Canadá, mantienen una base extractiva significativa combinada con industrias de procesamiento avanzado. Las empresas chinas mencionadas en el informe nicaragüense defienden sus operaciones como proyectos de infraestructura que podrían, en teoría, financiar transiciones productivas locales si existieran encadenamientos industriales.
Implicaciones para la estrategia productiva colombiana
Una primera observación derivada del ranking es que la posición de Colombia no ha variado sustancialmente en la última década, lo que apunta a rigideces estructurales más profundas que las que puede resolver un solo periodo presidencial. La segunda observación radica en que los países que escalaron posiciones recientemente lo hicieron mediante integración a cadenas globales de valor, no solo por reducción de exportaciones primarias.
La tercera observación concierne al riesgo de que el discurso sobre complejidad económica se utilice para justificar medidas que desincentiven inversiones en sectores donde Colombia ya posee ventajas comparativas, como ciertos minerales críticos necesarios para la transición energética global.
Riesgos de una narrativa desalineada con los datos
Si las afirmaciones presidenciales se perciben como exageradas, podría erosionarse la credibilidad de futuras propuestas de política industrial ante organismos internacionales y potenciales inversores. Además, la brecha entre el puesto real y el declarado podría alimentar debates internos sobre la efectividad de las estrategias de diversificación, especialmente cuando los datos disponibles corresponden a periodos anteriores.
En el mediano plazo, la evolución del índice dependerá de si Colombia logra desarrollar industrias de transformación vinculadas a sus recursos naturales o si mantiene un perfil exportador concentrado en bienes de baja complejidad. La experiencia de naciones que combinaron extracción con manufactura sugiere que el camino no consiste en abandonar un sector sino en elevar su contenido tecnológico.
Los próximos reportes del Atlas permitirán verificar si las políticas aplicadas entre 2022 y 2026 produjeron cambios medibles o si la estructura productiva colombiana permanece estable en términos de complejidad.
