La decisión de dividir los 18 equipos en dos grupos de nueve y reducir la fase regular a 14 partidos marca un punto de inflexión en la liga femenil mexicana. El cambio responde a la necesidad de alinear el calendario con las ventanas de la FIFA y disminuir la acumulación de encuentros que ha caracterizado los torneos anteriores.
El comisionado Mikel Arriola presentó el ajuste como una medida para proteger la integridad física de las jugadoras y eliminar las fechas dobles que obligaban a algunos clubes a jugar múltiples partidos en lapsos breves. Esta justificación oficial, sin embargo, abre interrogantes sobre cómo se distribuirá realmente el esfuerzo competitivo en una estructura fragmentada.

¿Qué pierden los equipos medianos con la eliminación del todos contra todos?
En el formato anterior, cualquier club podía acumular puntos enfrentando a rivales de distinta jerarquía a lo largo de 17 jornadas. Ahora, la fase regular limita los cruces a ocho partidos dentro del propio grupo y seis contra el sector opuesto. Esta restricción reduce la posibilidad de que equipos como Necaxa o Atlético de San Luis acumulen resultados positivos contra conjuntos más débiles que antes formaban parte de su calendario completo.
El Grupo B, que incluye a América, Chivas, Pachuca y Atlas, concentra mayor poderío económico y deportivo. Los cuatro mejores de cada sector avanzan, pero la calidad media de los rivales en el Grupo A podría generar clasificaciones más accesibles para conjuntos como Tigres o Rayadas, mientras que el sector B exige un rendimiento más constante para obtener uno de los cuatro boletos. Esta asimetría no fue abordada en el anuncio oficial y representa un factor que podría distorsionar la competencia desde la primera jornada.
El peso de las jugadoras en la ecuación del nuevo calendario
Cassandra Montero, jugadora de Pumas, señaló que el formato generó incertidumbre inicial pero podría elevar el nivel competitivo. Su posición refleja el sentir de muchas futbolistas que ven en la reducción de partidos una oportunidad para mantener rendimiento físico durante más semanas y evitar lesiones por sobrecarga. No obstante, otras voces dentro de los vestuarios expresan preocupación por la menor exposición mediática que implica disputar solo 14 encuentros regulares.
La Liga MX Femenil presume ser la competición femenil más vista del mundo. Una fase regular más corta podría concentrar la atención del público en los partidos de alto perfil, pero también corre el riesgo de diluir el interés durante las semanas intermedias si los enfrentamientos intra-grupo resultan predecibles. Los datos de audiencia de torneos previos muestran picos cuando equipos grandes visitan canchas de clubes menores; esa dinámica se verá alterada al limitar los cruces inter-grupales a solo seis fechas.
Clubes grandes versus medianos: tensiones silenciosas
Los directivos de los equipos con mayor presupuesto han respaldado públicamente el ajuste por la posibilidad de planificar mejor sus participaciones internacionales. Sin embargo, representantes de clubes con recursos más limitados temen que la menor cantidad de partidos reduzca los ingresos por taquilla y derechos de transmisión locales. La Federación Mexicana de Fútbol no ha detallado mecanismos de compensación para mitigar este efecto.
El regreso de Voit como proveedor de balones y la introducción del fuera de lugar automático en la fase final buscan modernizar la imagen del torneo. Estas medidas técnicas contrastan con la ausencia de un plan claro para implementar el VAR en todas las jornadas, una demanda recurrente de jugadoras y entrenadores que consideran que la precisión arbitral debe ser uniforme desde la fase regular.
Riesgos de desequilibrio estructural y su proyección a 2027
La distribución de grupos podría generar un efecto de bola de nieve si los cuatro clasificados del sector más débil avanzan con menor exigencia. En torneos posteriores, esa ventaja acumulada podría traducirse en mejores posiciones de mercado para fichajes y patrocinios, ampliando la brecha entre los dos bloques. La experiencia de otras ligas que han probado formatos por grupos, como ciertas ediciones de competiciones sudamericanas, muestra que la percepción de injusticia competitiva tiende a erosionar el interés del público cuando los resultados se vuelven previsibles.
Además, la reducción de partidos limita las oportunidades de desarrollo para jugadoras jóvenes que suelen acumular minutos en encuentros contra rivales de menor nivel. Los cuerpos técnicos tendrán menos margen para rotar plantillas y evaluar talento, lo que podría afectar la profundidad de los equipos a mediano plazo.
El calendario ajustado a las fechas FIFA representa una ventaja clara para las seleccionadas mexicanas, que podrán integrarse a sus equipos nacionales sin el conflicto de partidos acumulados. Esta coordinación podría mejorar el rendimiento de México en torneos continentales, pero también exige que los clubes acepten liberar a sus mejores jugadoras en momentos clave de la fase regular.
La implementación del nuevo sistema en el Apertura 2026 servirá como experimento natural para evaluar si la reducción de la carga física se traduce en menor incidencia de lesiones y mayor calidad de juego. Los primeros meses ofrecerán datos concretos sobre asistencia, audiencia y rendimiento de las jugadoras que permitirán ajustar o revertir aspectos del formato antes del siguiente torneo. La verdadera prueba radicará en si la estructura por grupos logra equilibrar protección física con un nivel de competencia que mantenga el atractivo comercial que la liga ha construido hasta ahora.
