En Córdoba, los mercadillos como el de Las Setas mantienen su actividad habitual pese a temperaturas superiores a los 35 grados. Los vendedores confirman que las ventas de productos adaptados al verano, desde bañadores hasta fruta de temporada, igualan las de otras épocas. Los clientes llegan más temprano para evitar el calor y proceden tanto de la capital como de pueblos cercanos.

La clave reside en la flexibilidad de los comerciantes autónomos. Cambian chaquetones por ropa fresca, bikinis y abanicos, mientras integran redes sociales como TikTok para ampliar alcance. Esta estrategia digital permite mantener ingresos incluso cuando el termómetro obliga a reducir el tiempo de exposición en la calle.
El resultado revela una tradición consolidada que combina resiliencia climática con adaptación comercial. Ni las alertas meteorológicas ni el propio verano logran frenar el flujo de compradores que valoran precios competitivos y productos locales de temporada.
