México: Inflación mínima en más de cinco años

La inflación general mexicana descendió a 3.10% interanual en la primera quincena de julio, su nivel más bajo desde diciembre de 2020. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportó que el Índice Nacional de Precios al Consumidor avanzó solo 0.07% respecto a la quincena anterior, por debajo de la expectativa de 3.12% que manejaban los analistas de Reuters. Esta desaceleración marca la octava quincena consecutiva de retroceso y sitúa el indicador cerca del centro del objetivo del Banco de México, que tolera un rango de 3% más o menos un punto porcentual.

La lectura del componente subyacente, sin embargo, repuntó ligeramente hasta 3.95% anual tras diez quincenas de caídas. A tasa quincenal, los precios subyacentes crecieron 0.16%. Esta divergencia entre la inflación general y la subyacente constituye el primer ancla analítica relevante: el alivio visible en el índice total se explica en buena medida por la moderación de precios volátiles como energéticos y alimentos frescos, mientras que los componentes más persistentes muestran resistencia a bajar de forma sostenida.

La decisión de mantener la tasa en 6.5% cobra nuevo sentido

El Banco de México optó en junio por dejar sin cambios la tasa de referencia en 6.5%. La encuesta de Citi publicada esta semana revela que la mayoría del mercado descarta variaciones tanto en 2026 como en 2027. Entre quienes sí esperan algún movimiento, las opiniones se dividen casi por igual entre recorte y alza. Esta parálisis de expectativas refleja la percepción de que el banco central necesita observar más datos antes de definir la siguiente fase de su ciclo monetario.

El repunte marginal de la inflación subyacente refuerza la postura cautelosa. Si los precios de mercancías y servicios subyacentes continúan mostrando rigidez, cualquier recorte prematuro podría reavivar presiones que ya se habían contenido con esfuerzo. Por el contrario, mantener la tasa en niveles restrictivos durante más tiempo podría prolongar el enfriamiento de la demanda interna y afectar el crecimiento del consumo y la inversión privada.

México: Inflación mínima en más de cinco años

Impacto diferenciado en hogares y empresas

Los hogares de menores ingresos perciben el descenso de la inflación general como un alivio inmediato en la canasta básica, especialmente en rubros como tortilla, leche y transporte. Sin embargo, la persistencia de la inflación subyacente implica que los precios de bienes y servicios más estables, como rentas, educación y atención médica, siguen subiendo a ritmos cercanos al 4%. Esta asimetría erosiona el poder adquisitivo real de quienes destinan mayor proporción de su gasto a estos rubros fijos.

Para las empresas, el escenario es mixto. Las compañías orientadas al consumo masivo pueden trasladar parte de los costos a precios finales con menor resistencia del consumidor, mientras que los sectores exportadores enfrentan un tipo de cambio relativamente estable que limita la compensación por márgenes comprimidos. Los datos del INPC muestran que los precios de mercancías subyacentes avanzaron más que los de servicios en la última quincena, sugiriendo que las cadenas de suministro aún enfrentan cuellos de botella puntuales.

Perspectivas de analistas versus señales del mercado

Los pronósticos de Reuters situaban la inflación en 3.12%, muy cerca del resultado observado. Esta precisión indica que los modelos de corto plazo capturan bien la trayectoria descendente de los componentes volátiles. No obstante, las encuestas de expectativas de inflación a doce meses permanecen ancladas ligeramente por encima del 3.5%, lo que revela que los agentes económicos no descartan un repunte si las condiciones externas cambian.

Una visión alternativa sostiene que el Banco de México podría verse obligado a subir la tasa si la inflación subyacente no cede en los próximos trimestres. Esta posibilidad, aunque minoritaria en las encuestas, gana peso cuando se observa que el componente de servicios subyacentes mantiene una tendencia alcista desde principios de año. El riesgo no radica en un shock externo inmediato, sino en la acumulación gradual de presiones internas que podrían complicar el regreso a la meta de 3% de manera duradera.

Riesgos de un escenario de tasa estable prolongada

La estabilidad de la tasa de referencia en 6.5% durante 2026 y 2027, según las proyecciones mayoritarias, podría limitar el margen de maniobra fiscal si el crecimiento económico se desacelera más de lo previsto. Un menor dinamismo de la demanda interna reduciría la recaudación y aumentaría la presión sobre las finanzas públicas, especialmente si los precios de la deuda en pesos permanecen elevados por la política monetaria restrictiva.

Otro riesgo reside en la transmisión imperfecta de la política monetaria a los precios subyacentes. Si las expectativas de inflación permanecen ancladas por encima de la meta, el banco central podría necesitar mantener condiciones financieras más apretadas durante más tiempo, elevando el costo de financiamiento para empresas medianas y pequeñas que dependen del crédito bancario. Esta situación podría traducirse en menor generación de empleo formal y en un ajuste más lento del mercado laboral.

La trayectoria futura dependerá en gran medida de la evolución de los precios internacionales de commodities y de la demanda interna durante el segundo semestre. Un repunte de los energéticos o una depreciación adicional del peso podrían revertir parte del descenso observado en la inflación general, obligando al Banco de México a reconsiderar su postura de paciencia. Por ahora, la combinación de una inflación total controlada y una subyacente aún elevada configura un equilibrio delicado que exige vigilancia constante por parte de las autoridades monetarias y los agentes económicos.

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