Ola de calor eleva demanda eléctrica en El Salvador

El Salvador alcanzó el 30 de junio de 2026 un pico de demanda eléctrica de 1.288 megavatios, superando registros anteriores registrados entre marzo y mayo. Este nuevo máximo se vincula directamente con temperaturas que llegaron a 40,5 grados Celsius en varias zonas del país, según datos del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. El fenómeno de El Niño, activo desde meses previos, redujo las precipitaciones y elevó el uso de sistemas de refrigeración tanto en hogares como en comercios de la región oriental.

Orígenes del sistema energético y su vulnerabilidad histórica

Durante décadas, la matriz eléctrica salvadoreña ha dependido de una combinación de fuentes térmicas, geotérmicas e hidroeléctricas. La introducción del gas natural licuado a partir de 2019 buscó reducir la dependencia de combustibles más contaminantes, pero también expuso al país a fluctuaciones de precios internacionales. Cuando las lluvias disminuyen por eventos como El Niño, las plantas hidroeléctricas pierden capacidad y el sistema debe recurrir a importaciones o generación térmica adicional. Este patrón se repitió en 2015 y 2019, aunque en menor escala que el registrado en 2026.

El papel de El Niño en la intensificación del consumo

El Niño de 2026 provocó una reducción notable en los niveles de los embalses, especialmente en la zona oriental donde las subestaciones de Santa Rosa de Lima y La Unión registraron las temperaturas más altas. La falta de precipitaciones obligó a las autoridades a limitar la generación hidroeléctrica a apenas 70,26 gigavatios hora durante junio, cifra que representa solo el 10,63 por ciento del total mensual. Como consecuencia, el consumo de gas natural licuado y la generación térmica aumentaron para cubrir la brecha, elevando los costos operativos del sistema.

Ola de calor eleva demanda eléctrica en El Salvador

El incremento de 35,83 gigavatios hora respecto a junio de 2025 demuestra que el crecimiento interanual del 5,8 por ciento no se explica únicamente por el desarrollo económico, sino por cambios en los patrones de consumo residencial y comercial impulsados por el calor extremo. En Ahuachapán y San Vicente, donde se alcanzaron 39,2 grados Celsius, el uso de aires acondicionados se extendió a sectores que antes no contaban con estos equipos de forma habitual.

Repercusiones económicas en hogares y empresas

El aumento sostenido de la demanda eléctrica genera presión sobre las tarifas. Aunque el gobierno ha mantenido subsidios para el consumo básico, las empresas medianas y grandes enfrentan costos operativos más altos que afectan su competitividad regional. En el sector agroindustrial de la zona oriental, varias plantas procesadoras de alimentos reportaron incrementos superiores al 15 por ciento en sus facturas de electricidad durante junio, lo que obliga a revisar contratos de suministro y a considerar inversiones en eficiencia energética.

Impactos ambientales y dependencia de combustibles fósiles

La mayor participación del gas natural licuado y de las centrales térmicas durante junio elevó las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con periodos de mayor aporte hidroeléctrico. Esta situación contrasta con los compromisos de reducción de emisiones asumidos por El Salvador en acuerdos internacionales. Además, la menor generación hidroeléctrica reduce la capacidad del país para cumplir metas de descarbonización a mediano plazo, especialmente si los eventos de El Niño se vuelven más frecuentes debido al cambio climático.

Consecuencias sociales y desigualdades regionales

La distribución desigual del impacto térmico acentúa diferencias entre regiones. Mientras la zona oriental experimentó los mayores incrementos de consumo, las áreas metropolitanas mantuvieron un crecimiento más moderado. Esta disparidad genera tensiones en la planificación de inversiones en infraestructura de transmisión y distribución. Familias de menores ingresos en La Unión y San Miguel enfrentan la disyuntiva entre destinar recursos adicionales a la refrigeración o reducir otros gastos esenciales, lo que puede derivar en problemas de salud relacionados con el estrés térmico.

Perspectivas de política energética a largo plazo

Las autoridades de la Unidad de Transacciones y de la Empresa Transmisora de El Salvador evalúan la necesidad de ampliar la capacidad de almacenamiento y diversificar las fuentes renovables no convencionales. El aporte de la energía solar, que alcanzó 53,99 gigavatios hora en junio, ofrece una vía para mitigar picos vespertinos, pero requiere mayor integración con sistemas de baterías. Al mismo tiempo, la biomasa, que aportó apenas 0,44 gigavatios hora, muestra un potencial limitado fuera de la temporada de zafra azucarera.

El monitoreo continuo del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales sobre los embalses y las temperaturas permitirá anticipar futuros picos de demanda. Sin embargo, la experiencia de junio de 2026 indica que los eventos climáticos extremos ya no pueden considerarse excepcionales, sino factores estructurales que condicionan la gestión energética nacional. La capacidad de respuesta dependerá tanto de inversiones en infraestructura como de políticas que fomenten el uso eficiente de la energía en todos los sectores.

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