Grupo Omnilife-Chivas, bajo la dirección de Amaury Vergara, destina más de 64 millones de dólares a una nueva instalación de manufactura y oficinas en Allen, Texas. El proyecto, anunciado formalmente en julio de 2026, forma parte de una estrategia de expansión que lleva años en desarrollo y que ahora coincide con la amenaza de aranceles del 25 por ciento sobre productos mexicanos. La planta permitirá a la empresa evitar ese sobrecosto y mantener precios competitivos en el mercado estadounidense sin depender de exportaciones directas desde Guadalajara.
La decisión no responde a una reacción inmediata a políticas comerciales recientes. Documentos internos de la compañía y declaraciones previas de ejecutivos indican que el plan de tener presencia productiva en Estados Unidos se trazó desde al menos 2022, impulsado por el crecimiento sostenido de la demanda de suplementos y bebidas funcionales en ese país. La coyuntura arancelaria simplemente aceleró la ejecución del proyecto ya presupuestado.
Refuerzo simultáneo de la operación jalisciense
La fábrica de El Salto, Jalisco, con sus 50 mil metros cuadrados y capacidad anual de 300 millones de piezas, seguirá siendo el centro neurálgico de producción. La nueva planta texana se enfocará en formulaciones específicas para el mercado norteamericano y en reducir tiempos de entrega, mientras que la instalación mexicana absorberá volúmenes adicionales de exportación hacia otros destinos de América Latina y Europa. Esta división de roles evita la deslocalización y, por el contrario, genera un efecto de complementariedad que eleva la utilización global de ambas instalaciones.
El esquema permite a Omnilife mantener empleos calificados en Jalisco al tiempo que incorpora mano de obra local en Texas para tareas de envasado final y logística de última milla. Proveedores de empaques y materias primas mexicanas también se benefician al continuar suministrando a la planta de El Salto, que ahora opera como hub regional más eficiente.

La perspectiva de los distintos actores involucrados
Desde el punto de vista de la empresa, el movimiento reduce exposición a riesgos regulatorios y mejora márgenes de contribución en Estados Unidos. Para los distribuidores independientes que venden productos Omnilife en ese país, la llegada de inventario local significa menor variabilidad de precios y mayor disponibilidad de referencias frescas. En el lado mexicano, los trabajadores de El Salto enfrentan menor presión por sobrecarga exportadora, aunque algunos roles administrativos podrían migrar parcialmente hacia Texas.
Autoridades de Allen, Texas, ven en la inversión una fuente de empleo directo estimada en 180 plazas iniciales y un impulso a la recaudación fiscal local. Sin embargo, grupos sindicales estadounidenses han expresado cautela ante la posibilidad de que la empresa importe ciertos componentes desde México en lugar de desarrollar proveedores locales, lo que podría limitar el efecto multiplicador esperado. En Jalisco, el gobierno estatal destaca el fortalecimiento de la planta existente como prueba de que la expansión internacional no implica pérdida de inversión doméstica.
Implicaciones para el sector de suplementos y nearshoring inverso
El caso de Omnilife ilustra un fenómeno poco discutido: empresas mexicanas que aplican estrategias de nearshoring hacia Estados Unidos para proteger sus cadenas de valor. A diferencia del flujo habitual de compañías estadounidenses que regresan producción a México, aquí una firma mexicana adelanta capacidad productiva al norte de la frontera. Este patrón puede replicarse en otros sectores de bienes de consumo donde los márgenes son sensibles a tarifas y donde la velocidad de reposición es crítica.
La medida también modifica la dinámica competitiva frente a marcas estadounidenses y europeas que ya operan plantas locales. Omnilife gana capacidad de respuesta ante cambios en preferencias del consumidor norteamericano sin incurrir en costos logísticos elevados. Al mismo tiempo, la compañía preserva el control sobre formulaciones y procesos desarrollados en México, evitando la transferencia tecnológica que a veces acompaña a las joint ventures.
Riesgos estructurales y escenarios futuros
Uno de los riesgos principales radica en la volatilidad política. Un cambio de administración en Washington podría modificar o eliminar los aranceles anunciados, alterando el cálculo de retorno de la inversión texana. Además, la operación en Estados Unidos expone a la empresa a mayores costos laborales y regulatorios que no existen en México, lo que podría erosionar parte de la ventaja arancelaria si los volúmenes no crecen lo suficiente.
En el mediano plazo, la combinación de ambas plantas abre la puerta a una red de manufactura más flexible capaz de servir simultáneamente mercados de alto valor y mercados emergentes. Sin embargo, la dependencia de dos jurisdicciones distintas incrementa la complejidad de la gestión de inventarios, cumplimiento normativo y cadena de suministro de ingredientes. Empresas que sigan este camino deberán desarrollar capacidades de coordinación transfronteriza que hasta ahora no eran prioritarias.
La experiencia de Omnilife también plantea preguntas sobre el futuro de la manufactura especializada en México. Si más compañías mexicanas deciden establecer capacidad productiva en Estados Unidos para eludir barreras comerciales, el país podría perder parte del dinamismo exportador que ha caracterizado a sectores como alimentos funcionales y suplementos. El equilibrio entre preservar empleo calificado en territorio nacional y asegurar acceso a mercados clave se convertirá en un dilema estratégico recurrente para directivos mexicanos en los próximos años.
