Perspectivas del dólar y riesgos económicos en RD

La apertura del dólar estadounidense a 58,42 pesos dominicanos el 17 de julio de 2026 marca un incremento del 1,68 por ciento frente al cierre anterior. Esta variación, aunque moderada en términos diarios, se inserta en un contexto donde la volatilidad anual alcanza el 14,91 por ciento, muy por encima del promedio histórico de 11,39 por ciento. El dato abre interrogantes sobre cómo esta fluctuación incidirá en las proyecciones de crecimiento del 4 por ciento del PIB que UBS Financial Services anticipa para República Dominicana.

Impulso al PIB y demanda interna

La reducción prevista de tasas de interés y un entorno internacional más estable podrían liberar consumo e inversión. Sectores como el turismo, que depende de la llegada de visitantes estadounidenses y europeos, se beneficiarían de una mayor disponibilidad de crédito. Al mismo tiempo, el estímulo fiscal aprobado para 2025, que eleva el gasto de capital en 0,4 por ciento del PIB, se extendería hacia 2026 con un déficit global objetivo del 3,2 por ciento. Esta combinación permite proyectar una aceleración de la actividad económica que beneficiaría a trabajadores formales e informales vinculados a la construcción y los servicios.

La inversión extranjera directa estimada entre 3,5 y 4 por ciento del PIB seguiría canalizándose hacia turismo, energía y bienes raíces. Empresas locales que importan maquinaria o insumos verían aliviada la presión sobre sus costos de financiamiento, siempre que la depreciación del peso se mantenga dentro de los rangos controlados que el Banco Central prevé hasta septiembre de 2026.

Volatilidad y presiones externas

El aumento de la volatilidad actual introduce riesgos para los importadores que operan con márgenes estrechos. Un salto repentino del tipo de cambio podría elevar el costo de alimentos, combustibles y bienes intermedios, afectando directamente a los hogares de menores ingresos. La Reserva Federal de Estados Unidos mantiene una política que aún podría endurecerse, lo que añadiría presión alcista sobre el dólar y complicaría el objetivo de depreciación ordenada que maneja el Banco Central dominicano.

Perspectivas del dólar y riesgos económicos en RD

Las remesas, que históricamente compensan el déficit comercial, podrían perder parte de su poder adquisitivo local si el peso se debilita más rápido de lo esperado. Al mismo tiempo, los exportadores de servicios turísticos verían mejorada su competitividad, aunque la ganancia se vería erosionada por el encarecimiento de insumos importados. Este equilibrio delicado exige una vigilancia constante por parte de las autoridades monetarias.

Implicaciones fiscales y deuda pública

El objetivo de un superávit primario del 0,5 por ciento del PIB en 2026 depende de que los ingresos tributarios crezcan al ritmo del PIB nominal. Una depreciación acelerada elevaría el servicio de la deuda externa y podría obligar a recortes en inversión social. La deuda bruta, que se mantendría cerca del 58 por ciento del PIB, se volvería más sensible a shocks externos si los mercados internacionales perciben mayor riesgo político o climático.

El presupuesto suplementario de 2025 ya amplió el déficit global al 3,5 por ciento. Cualquier desviación adicional en 2026 requeriría ajustes que podrían afectar programas de transferencia o infraestructura, con consecuencias directas sobre la población más vulnerable.

Riesgos climáticos y de gobernabilidad

Eventos climáticos adversos, frecuentes en el Caribe, representan una amenaza concreta para la estabilidad macroeconómica. Un huracán que dañe la infraestructura turística o agrícola reduciría los ingresos de divisas y presionaría el tipo de cambio hacia arriba. Al mismo tiempo, desafíos de gobernabilidad, como retrasos en reformas estructurales o tensiones políticas internas, podrían erosionar la confianza de inversionistas extranjeros que hoy ven al país como un destino atractivo.

La combinación de estos factores genera escenarios donde el crecimiento del 4 por ciento podría no materializarse. Un entorno externo menos favorable, sumado a una depreciación no controlada, elevaría la inflación importada y complicaría el objetivo de estabilidad de precios que el Banco Central persigue.

Escenarios de mediano plazo

Las proyecciones del Banco Central sitúan el tipo de cambio cerca de 66,35 pesos en septiembre de 2026 y 69,15 un año después. Este camino de depreciación gradual permite a los agentes económicos planificar, pero cualquier aceleración imprevista alteraría contratos, salarios y decisiones de inversión. Los sectores que dependen de insumos importados necesitarían mecanismos de cobertura más sofisticados, mientras que los exportadores netos ganarían margen de maniobra.

La cuenta corriente, que se espera se ubique entre 2 y 2,5 por ciento del PIB, seguiría financiada por inversión extranjera directa. Sin embargo, una reducción en los flujos de capital por aversión al riesgo global pondría a prueba la capacidad del país para mantener el equilibrio externo sin recurrir a reservas internacionales.

Observadores del mercado coinciden en que la transparencia de las decisiones del Banco Central y la consistencia fiscal serán determinantes para contener la incertidumbre. La evolución del dólar durante los próximos meses ofrecerá señales tempranas sobre si República Dominicana logra transitar hacia el 2026 con crecimiento sostenido o si enfrenta ajustes más abruptos.

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