Desde hace 15 años Sixto Pérez forma parte del sobreruedas de la colonia Hidalgo en Mexicali, un espacio que considera más una costumbre arraigada que un simple empleo. Su actividad refleja la capacidad de adaptación de estos mercados tradicionales: en días de calor vende aguas frescas y en temporada de frío ofrece churros y elotes. Esta flexibilidad estacional permite mantener la operación pese a las variaciones climáticas y demuestra cómo el comercio ambulante responde a las necesidades inmediatas de la clientela local.

La pandemia de Covid-19 redujo drásticamente el flujo de compradores y provocó que varios vendedores abandonaran la actividad. Al mismo tiempo, la apertura de bazares y otros formatos comerciales modificó los patrones de consumo, atrayendo a parte del público hacia opciones más estructuradas. Pérez señala que estos cambios han transformado la dinámica, aunque el sobreruedas conserva un rasgo distintivo: la cercanía personal y la convivencia que no se replica en entornos impersonales.
El valor de estos mercados trasciende la oferta de productos. Cada sobreruedas acumula historias generacionales que refuerzan la identidad de Mexicali y sostienen una forma de comercio que prioriza el contacto directo. Aunque las condiciones actuales exigen ajustes constantes, la persistencia de vendedores como Pérez evidencia que la tradición sigue siendo una alternativa viable para quienes buscan productos diversos y un vínculo comunitario que las nuevas plataformas aún no sustituyen por completo.
