En las principales ciudades de Estados Unidos, llenar la heladera cuesta un 33% más que a comienzos de 2019. El encarecimiento de los alimentos, impulsado por la pandemia, sequías, huracanes, aranceles y los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, ha alterado los presupuestos familiares y se ha instalado como eje de las elecciones de mitad de mandato.

Los hogares de menores ingresos destinan el 33% de sus ingresos antes de impuestos a la alimentación, según el Departamento de Agricultura. Los consumidores comparan precios con aplicaciones, usan cupones y planifican menús según promociones. La carne molida subió un 79% desde 2019 y muchos hogares la reemplazaron por pollo o marcas propias.
Las diferencias regionales agravan el impacto: en San Francisco los alimentos subieron un 6% interanual, mientras que en Hawái el transporte marítimo encarece aún más los productos locales. Millones de personas dependen del programa SNAP para completar sus compras semanales.
