Las altas temperaturas derivadas del fenómeno de El Niño han elevado la demanda eléctrica en la región Caribe más de un 11 por ciento, superando el promedio nacional del 8,75 por ciento. Afinia, filial de EPM, ha respondido con maniobras operativas que incluyen interrupciones programadas para evitar colapsos mayores en la red. Este escenario no representa un evento aislado, sino la materialización de tensiones acumuladas entre infraestructura obsoleta, crecimiento del consumo residencial y condiciones climáticas cada vez más extremas.
La red bajo presión sostenida
Los departamentos de Córdoba, Bolívar, Cesar, Sucre y once municipios del Magdalena concentran el incremento más notable. El uso intensivo de ventiladores y aire acondicionado explica gran parte del salto, pero también revela una dependencia estructural de sistemas de refrigeración que antes eran esporádicos. Cuando la temperatura promedio sube varios grados durante semanas consecutivas, la curva de demanda se desplaza de forma permanente y la infraestructura diseñada para picos ocasionales queda rebasada.

Las interrupciones programadas buscan redistribuir la carga y proteger equipos críticos como la subestación Pradera en Montería. Sin embargo, estas medidas trasladan el costo del ajuste a los usuarios finales, que enfrentan cortes intermitentes en horarios de mayor necesidad. La experiencia de julio pasado, cuando fuertes lluvias y vientos dañaron 21 circuitos, demostró que la red ya opera cerca de su límite incluso antes de sumar el estrés térmico.
Perspectiva de la empresa operadora
Afinia destaca la inversión acumulada de 3,4 billones de pesos en modernización durante los últimos años. No obstante, el gerente Ricardo Arango reconoce que el ritmo actual de obras resulta insuficiente frente a la velocidad del cambio climático. La empresa señala además problemas estructurales como bajo recaudo, pérdidas técnicas y resistencia social a nuevos proyectos. Estos factores limitan la capacidad de respuesta y obligan a priorizar estabilización sobre expansión.
Visión de las comunidades afectadas
Los usuarios residenciales, especialmente en zonas de menor ingreso, perciben los cortes como una falla de servicio más que como una medida preventiva. En barrios donde el aire acondicionado sigue siendo un lujo, el ventilador se convierte en herramienta básica de supervivencia. Cuando el suministro falla, el impacto se mide en salud, productividad y seguridad alimentaria. La apelación de Afinia al uso eficiente choca con la realidad de hogares que carecen de alternativas para reducir el consumo sin sacrificar bienestar básico.
Posición del Ideam y las autoridades
El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales confirma que El Niño continúa fortaleciéndose en el Pacífico tropical. Esta información técnica contrasta con la urgencia operativa de Afinia. Mientras el ente meteorológico proyecta escenarios de mediano plazo, las decisiones de racionamiento se toman en tiempo real. La falta de coordinación entre pronósticos climáticos y planificación energética deja a las empresas distribuidoras reaccionando en lugar de anticipar.
Primer análisis original: la inversión resulta estructuralmente insuficiente
Los 3,4 billones invertidos cubren rehabilitación de circuitos existentes, pero no alcanzan a modificar la matriz de generación regional ni a incorporar almacenamiento a escala. El crecimiento de la demanda impulsado por El Niño se superpone a un déficit histórico de capacidad de transmisión. Si las temperaturas promedio siguen elevándose, cada nuevo verano requerirá maniobras más agresivas y los costos de estas intervenciones recaerán sobre tarifas o subsidios públicos.
Segundo análisis original: la resistencia social amplifica la vulnerabilidad
Los bloqueos y la oposición comunitaria a obras de transmisión no son meros obstáculos administrativos. Reflejan desconfianza acumulada hacia operadores que históricamente han priorizado rentabilidad sobre calidad. Cuando un proyecto de refuerzo de red se demora dos o tres años por conflictos locales, la capacidad de absorber picos de demanda disminuye de forma acumulativa. El resultado es un círculo vicioso donde la infraestructura deteriorada genera más quejas y las quejas retrasan las soluciones.
Tercer análisis original: la gestión de demanda sigue siendo marginal
Afinia insiste en el uso racional de energía, pero carece de mecanismos concretos para incentivarlo más allá de campañas informativas. Programas de respuesta a la demanda, como descuentos por reducir consumo en horas críticas o instalación masiva de medidores inteligentes, avanzan lentamente. Sin señales de precio más dinámicas y sin financiamiento para electrodomésticos eficientes, el llamado al ahorro choca con hábitos establecidos y limitaciones económicas de los hogares.
Riesgos de mediano plazo
Si El Niño se prolonga o se repite con mayor intensidad en los próximos años, la frecuencia de interrupciones programadas aumentará. Esto puede derivar en mayor morosidad, pérdida de confianza institucional y posible intervención regulatoria. Además, la concentración de daños en subestaciones clave como Pradera expone puntos únicos de falla que podrían generar apagones masivos de mayor duración.
Tendencias hacia 2030
La combinación de cambio climático y urbanización acelerada en la costa Caribe apunta a un incremento estructural de la demanda de refrigeración. Las proyecciones del Sistema de Transmisión Nacional contemplan refuerzos, pero su ejecución depende de superar barreras sociales y financieras. Sin una estrategia integrada que combine generación distribuida, almacenamiento y gestión activa de la demanda, la región podría enfrentar un escenario recurrente de inestabilidad energética cada temporada seca.
