La decisión de Estados Unidos de renovar un arancel del 10 por ciento a México, con exención para los bienes que cumplen el T-MEC, modifica el marco comercial sin alterar de inmediato el flujo de la mayor parte de las exportaciones mexicanas. El cambio de fundamento legal, de la sección 122 a la 301 de la Ley de Comercio, introduce un precedente que las empresas deben evaluar con atención porque abre la puerta a revisiones más frecuentes y a posibles ajustes futuros en las tasas.
Integración regional fortalecida por la exención
Las mercancías que cumplen las reglas de origen del tratado representan alrededor del 85 por ciento de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos. Esta proporción mantiene sin variación el acceso preferencial y refuerza la lógica de nearshoring que ha permitido a México superar a China y Canadá como principal proveedor del mercado estadounidense desde 2022. Las cadenas de valor automotriz, electrónica y de electrodomésticos, que ya operan bajo certificación T-MEC, experimentan continuidad en sus costos y pueden seguir planificando inversiones con base en esa certidumbre.
El acuerdo alcanzado en la tercera ronda de negociaciones bilaterales para llevar a cabo una cuarta reunión en septiembre señala que ambos gobiernos prefieren resolver las discrepancias dentro del tratado antes que escalar medidas unilaterales. Este canal de diálogo reduce la probabilidad de sorpresas arancelarias de mayor magnitud en el corto plazo y permite avanzar en temas como acero, aluminio y sustitución de importaciones asiáticas.

Presiones sobre sectores no certificados
El 15 por ciento restante de las exportaciones mexicanas que no cumple las reglas de origen enfrenta el arancel del 10 por ciento de manera efectiva. Empresas de menor tamaño o que dependen de insumos de terceros países donde persisten riesgos de trabajo forzoso pueden ver reducidos sus márgenes o perder contratos. La Secretaría de Economía ha señalado que el arancel efectivo es el mismo que el anterior, pero el cambio de justificación legal introduce un elemento de discrecionalidad que podría ampliarse si Estados Unidos decide aplicar auditorías más estrictas sobre cadenas de suministro.
Riesgos de aplicación selectiva y revisión continua
La sección 301 permite al representante comercial estadounidense modificar tarifas con menor intervención congresual que otras herramientas. Esta flexibilidad, aunque útil para responder a preocupaciones laborales, genera incertidumbre para los planeadores de inversión que requieren horizontes de tres a cinco años. Un endurecimiento de los criterios de verificación de trabajo forzoso podría afectar industrias textiles, agrícolas y de ensamblaje que aún no han migrado completamente a proveedores certificados dentro de América del Norte.
Además, la inclusión de México en una lista global de 60 países sometidos a la misma medida indica que la política responde a una estrategia más amplia de Washington. Cualquier deterioro en las relaciones bilaterales o cambios en la administración estadounidense podrían traducirse en ajustes adicionales de la tasa o en la reducción de la exención actual.
Efectos en la competitividad de América del Norte
El objetivo declarado de fortalecer la seguridad económica regional puede materializarse si las rondas de septiembre logran acuerdos concretos sobre cadenas de valor compartidas. Una mayor integración en acero y aluminio reduciría la dependencia de proveedores asiáticos y elevaría la resiliencia ante disrupciones globales. Sin embargo, el éxito depende de que México demuestre avances verificables en la aplicación de su legislación laboral, especialmente en industrias donde persisten denuncias de condiciones irregulares.
Por otro lado, la percepción de que el T-MEC ya no ofrece protección absoluta frente a aranceles adicionales podría incentivar a algunas empresas a diversificar parte de su producción hacia otros países con tratados más estables. Esta posibilidad, aunque limitada por la cercanía geográfica y los costos logísticos, representa un riesgo de mediano plazo para la atracción de inversión extranjera directa.
Observaciones para el seguimiento
Los datos de mayo, que registraron exportaciones por 54 mil millones de dólares con un crecimiento del 17 por ciento anual, muestran que el volumen actual sigue una trayectoria ascendente. El mantenimiento de esa tendencia dependerá tanto de la continuidad de la exención como de la capacidad de México para certificar un porcentaje cada vez mayor de sus exportaciones bajo las reglas del tratado. Las empresas que anticipen auditorías más rigurosas sobre proveedores de insumos y fortalezcan sus programas de debida diligencia laboral estarán mejor posicionadas ante posibles ajustes futuros.
