La decisión de la Unión Europea de habilitar nuevamente las exportaciones de carne aviar fresca desde Argentina marca un punto de inflexión en la relación comercial entre ambos bloques. El Reglamento de Ejecución 2026/1813, publicado el 28 de julio de 2026, reconoce formalmente que el país ha recuperado el estatus de libre de influenza aviar altamente patógena según los criterios de la Organización Mundial de Sanidad Animal. Esta reapertura, efectiva a partir del 17 de agosto, llega tras tres brotes sucesivos que obligaron a restringir los envíos durante más de un año y medio.
El proceso que condujo a esta resolución revela cómo los estándares sanitarios internacionales se han convertido en herramientas de negociación comercial de largo plazo. Argentina debió demostrar no solo la contención de los focos, sino también la robustez de su sistema de vigilancia y trazabilidad, elementos que la Dirección General de Salud y Seguridad Alimentaria de la Comisión Europea evaluó minuciosamente antes de publicar la norma.

El peso acumulado de los brotes previos
El primer brote significativo de influenza aviar en Argentina ocurrió en 2023 y obligó a cerrar mercados que hasta entonces recibían carne fresca sin restricciones. El segundo brote, registrado en 2025, interrumpió de forma directa las exportaciones a la Unión Europea y limitó los envíos a productos cocidos o procesados. Cuando las autoridades europeas anunciaron una posible reapertura para marzo de 2026, un tercer foco detectado el 19 de febrero de ese año volvió a postergar la decisión. Cada episodio exigió nuevas inspecciones y la presentación de informes detallados por parte del SENASA, lo que extendió los plazos más allá de las expectativas iniciales del sector.
La secuencia de brotes evidenció vulnerabilidades en la bioseguridad de granjas de traspatio y en los mecanismos de detección temprana en ciertas regiones productoras. Sin embargo, también impulsó mejoras en los protocolos de vacunación selectiva y en el monitoreo de aves migratorias, medidas que ahora forman parte del expediente presentado ante Bruselas.
El acuerdo Mercosur-Unión Europea como marco estructural
La reapertura adquiere mayor relevancia porque coincide con la entrada en vigor del acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea. Dentro de ese marco, Argentina cuenta con una cuota preferencial de 20.000 toneladas anuales de carne aviar, dividida en partes con hueso y sin hueso, además de una reducción arancelaria que mejora la competitividad frente a proveedores de otros continentes. Las exportaciones de 2025 superaron los 14 millones de dólares, un crecimiento del 32 por ciento respecto al año anterior, aunque todavía sustentadas principalmente en productos congelados.
La posibilidad de enviar carne fresca permite acceder a segmentos de mayor valor agregado, como cortes premium para cadenas de supermercados y restaurantes europeos. Esta transición no solo incrementa los ingresos por tonelada, sino que también fortalece la posición negociadora de Argentina en futuras revisiones del acuerdo.
Repercusiones en la cadena productiva local
El Centro de Empresas Procesadoras Avícolas ha señalado que la normalización de los envíos a Europa podría elevar las exportaciones totales del sector en un 15 por ciento durante el segundo semestre de 2026. Empresas que invirtieron en plantas de faena con estándares europeos ahora podrán utilizar esa capacidad instalada de manera más eficiente. El efecto se extiende a proveedores de insumos, laboratorios de diagnóstico y empresas de logística refrigerada, generando empleo indirecto en provincias como Entre Ríos, Buenos Aires y Córdoba.
Al mismo tiempo, la experiencia de los tres brotes ha llevado a algunas integradoras a diversificar sus mercados internos, fortaleciendo la venta de productos elaborados dentro del país. Esta estrategia reduce la dependencia de un solo destino y ofrece mayor estabilidad ante eventuales nuevos cierres sanitarios.
La dimensión regional y la competencia global
La reapertura europea se suma a la reciente habilitación del mercado británico, lograda apenas diez días antes. Juntos, estos dos destinos representan una señal positiva para otros países que aún mantienen restricciones. Corea del Sur podría levantar sus barreras a comienzos de agosto, mientras que China representa el caso más complejo: su decisión depende de factores políticos más que técnicos, según las autoridades sanitarias argentinas.
En el plano global, la recuperación del estatus sanitario argentino coincide con una mayor demanda europea de proteínas alternativas ante la inestabilidad de suministros provenientes de Asia por brotes recurrentes. Esta coyuntura ofrece una ventana de oportunidad que el sector avícola local busca capitalizar mediante certificaciones adicionales de bienestar animal y trazabilidad digital.
Riesgos persistentes y caminos de adaptación
A pesar del optimismo, el sector reconoce que la influenza aviar sigue presente en la región. La vigilancia continua y la rápida respuesta ante cualquier nuevo foco serán determinantes para evitar retrocesos. La experiencia de 2025 demostró que un solo brote puede retrasar negociaciones por meses. Por ello, las inversiones en bioseguridad y en sistemas de alerta temprana deben considerarse parte de la infraestructura exportadora, no como gastos accesorios.
En el largo plazo, la capacidad de Argentina para mantener mercados abiertos dependerá de la integración entre políticas sanitarias, acuerdos comerciales y estrategias de diversificación. La reapertura europea no cierra el ciclo, sino que inicia una nueva etapa donde la consistencia en los estándares sanitarios se convertirá en el principal activo del país frente a competidores globales.
