La métrica de Nivel Socioeconómico de la AMAI revela que 51% de la población mexicana, equivalente a 69.1 millones de personas, se concentra en los segmentos D/E de bajos ingresos. En estos hogares la conectividad compite directamente con necesidades básicas como salud, educación y vivienda. La infraestructura fija residencial sigue siendo la principal barrera: el internet fijo alcanza 101% de penetración en A/B, pero cae a 47% en D/E, mientras la telefonía fija desciende de 97% a 42%.
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En contraste, la telefonía móvil supera 100% de penetración incluso en D/E y el internet móvil alcanza 89% en ese estrato gracias a esquemas de prepago y operadores virtuales. Este acceso móvil permite transacciones financieras, búsqueda de empleo y educación remota para millones de mexicanos en la base de la pirámide. Sin embargo, el entretenimiento digital mantiene una fuerte correlación con el poder adquisitivo: la televisión restringida llega a 81% en A/B frente a 42% en D/E, y el streaming SVOD registra 89% contra 27%.
El avance inalámbrico ha democratizado el primer acceso, pero la productividad sostenida dentro del hogar exige priorizar conexiones fijas estables. Tanto operadores como programas gubernamentales deben redirigir esfuerzos hacia la instalación de internet fijo en los sectores de menores recursos para cerrar la brecha estructural que aún persiste.
