El barril de Brent para entrega en septiembre cerró en 96.78 dólares tras una caída del 3.88% en la sesión del viernes en el ICE de Londres. El día anterior había superado los 100 dólares, impulsado por la escalada entre Estados Unidos e Irán y por los ataques reivindicados por milicias hutíes contra petroleros saudíes en el mar Rojo. La referencia europea acumuló así una ganancia semanal del 9.85%, la mayor desde los picos de 2022.
El estrecho de Ormuz como punto de quiebre
Irán mantiene bloqueado el paso por Ormuz desde la reanudación de hostilidades con Washington. Este corredor transporta cerca del 20% del crudo mundial y constituye la principal ruta de salida para exportaciones iraníes y de países del Golfo. El bloqueo obliga a Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos a desviar cargamentos hacia Bab al Mandeb, donde los hutíes han intensificado ataques con drones y misiles. La combinación de ambos cuellos de botella ha elevado las primas de riesgo en los fletes marítimos hasta niveles no vistos desde la crisis del Estrecho de Ormuz en 2019.

Las compañías navieras han comenzado a contratar escoltas armadas y seguros de guerra con primas que superan los 150.000 dólares por trayecto. Esta situación afecta directamente a las refinerías europeas que dependen del crudo del mar del Norte y de suministros alternativos desde Asia.
Posiciones enfrentadas entre Washington, Teherán y Riad
Estados Unidos busca restablecer el flujo mediante negociaciones indirectas, pero mantiene la presión militar en el Golfo. Irán, por su parte, condiciona la reapertura de Ormuz a la suspensión de sanciones secundarias sobre sus exportaciones de petróleo. Arabia Saudita, mientras tanto, ha activado reservas estratégicas y ha pedido a la OPEP+ que evite recortes adicionales hasta que se aclare el panorama geopolítico. Cada actor persigue objetivos distintos: Washington prioriza la estabilidad de precios antes de las elecciones, Teherán necesita ingresos para sostener su economía bajo sanciones, y Riad busca evitar una guerra abierta que dañe sus instalaciones petroleras.
Impacto en refinerías y consumidores europeos
El alza semanal del Brent encarece las importaciones de crudo para España, Italia y Francia, que dependen en gran medida de la referencia del mar del Norte. Las refinerías ya han trasladado parte del incremento a los precios de diésel y gasolina, con subidas promedio del 6% en surtidores durante la última semana. Los transportistas y agricultores europeos advierten de un nuevo choque inflacionario si la tensión persiste más allá de agosto. En paralelo, las empresas energéticas integradas registran ganancias extraordinarias, mientras los fondos de pensiones y aseguradoras que mantienen posiciones largas en futuros de Brent enfrentan volatilidad elevada.
Riesgos de escalada y escenarios de negociación
El principal riesgo radica en un incidente naval que cierre temporalmente Bab al Mandeb o provoque represalias iraníes sobre instalaciones saudíes. En ese caso, analistas de Goldman Sachs estiman que el Brent podría superar los 120 dólares en cuestión de días. Sin embargo, la moderación observada el viernes sugiere que ambas partes exploran vías diplomáticas. Una reapertura parcial de Ormuz a cambio de alivio selectivo de sanciones podría devolver los precios al rango de 85-92 dólares antes de fin de año. El escenario intermedio, más probable según fuentes diplomáticas, contempla un aumento gradual de la producción saudí y emiratí que compense parcialmente el volumen retenido por Irán.
La vulnerabilidad de las rutas marítimas ha acelerado proyectos de oleoductos terrestres en Arabia Saudita y Emiratos, aunque su capacidad adicional no estará disponible hasta 2028. Mientras tanto, los operadores de buques cisterna evalúan rutas alternativas alrededor de África que añaden entre 12 y 18 días de navegación y elevan los costos de combustible en un 35%. Estas decisiones estructurales configuran un nuevo mapa logístico que persistirá incluso si las tensiones geopolíticas se relajan.
