Costa Rica exportó más de 2.000 toneladas de carne y casi 1.000 toneladas de aletas de tiburón sedoso en cinco años, según datos del Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación presentados ante la Cites. Esta cifra posiciona al país como el principal proveedor mundial de una especie catalogada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

La Cites ha iniciado un proceso de revisión que podría concluir con la suspensión inmediata de las exportaciones si Costa Rica no demuestra que el comercio es sostenible. En tal caso, todos los países miembros quedarían obligados a dejar de importar productos de tiburón sedoso costarricense, afectando de golpe a la cadena pesquera vinculada.
Marco legal y posibles consecuencias
Desde 2021 la especie está protegida por la legislación nacional y figura en el Apéndice II de la Cites, lo que exige comprobación de extracción sostenible. Un fallo de la Sala Primera de la Corte Suprema ya declaró ilegal gestionar especies amenazadas como recursos comerciales. El mecanismo de revisión aplicado antes a México podría repetirse aquí, otorgando al país entre seis y 18 meses para presentar evidencias.
Expertos advierten que el actual modelo de pesca de palangre genera capturas incidentales elevadas y proponen limitarlo a seis meses anuales, redirigiendo el resto del esfuerzo hacia el atún. Esta transición exigiría reformar Incopesca para priorizar la sostenibilidad a largo plazo sobre beneficios inmediatos. La decisión de la Cites determinará si Costa Rica mantiene su liderazgo exportador o enfrenta un cierre abrupto del mercado internacional.
