La publicación de Somos todxs ocurre en un momento en que México acumula décadas de evidencia sobre el impacto silencioso de la violencia contra la infancia. Desde los años noventa, encuestas nacionales han revelado que la mayoría de los casos de abuso sexual y maltrato físico no se denuncian ni se atienden en el sistema de salud o justicia. Las cifras del INEGI, que indican que más del 80 por ciento de los abusos ocurren dentro del hogar y cerca del 70 por ciento son cometidos por familiares directos, reflejan un patrón estructural que se remonta a concepciones culturales de autoridad familiar que han permanecido casi intactas durante generaciones.
Raíces históricas del silencio familiar
Durante gran parte del siglo XX, las políticas públicas mexicanas priorizaron la imagen de la familia nuclear por encima de la protección individual de los menores. Programas de asistencia social y campañas de salud se enfocaron en la nutrición y la vacunación, pero omitieron mecanismos para detectar señales de abuso emocional o negligencia. Esta omisión permitió que conductas como el rechazo sistemático o la indiferencia parental se normalizaran como formas de disciplina. Organizaciones como ILAS A.C., fundada por Dafna Viniegra, surgieron precisamente para llenar ese vacío institucional, ofreciendo espacios de escucha que las estructuras estatales no proporcionaban de manera sistemática.
El libro recoge testimonios que muestran cómo el abandono emocional produce efectos comparables a los del abuso sexual en la vida adulta. Personas que crecieron sin contacto afectivo constante desarrollan dificultades para regular emociones y establecer relaciones estables, un hallazgo que coincide con estudios de neurociencia sobre el desarrollo del cerebro en entornos de estrés crónico durante la infancia.

Costos económicos y sanitarios acumulados
Las secuelas documentadas en Somos todxs tienen traducción directa en indicadores macroeconómicos. Personas con antecedentes de trauma infantil presentan tasas más altas de ausentismo laboral, consumo de servicios de salud mental y participación en sistemas penitenciarios. Un cálculo conservador del Banco Mundial estima que los países de América Latina pierden entre 2 y 3 por ciento de su producto interno bruto anual por problemas de salud mental vinculados a experiencias adversas en la niñez. En México, donde el gasto público en salud mental sigue siendo inferior al uno por ciento del presupuesto total de salud, estos costos recaen principalmente sobre las familias y el sector informal.
El libro plantea que la prevención efectiva requiere desplazar el foco desde la atención posterior hacia la detección temprana dentro del hogar. Esta propuesta coincide con experiencias exitosas en países como Suecia, donde la capacitación obligatoria de maestros y pediatras en señales de alerta redujo en más de un tercio los casos de maltrato recurrente durante dos décadas. La adopción de modelos similares en México enfrentaría obstáculos culturales, pero también podría generar ahorros significativos en tratamientos psiquiátricos a largo plazo.
Transformaciones en las dinámicas de género
Uno de los hallazgos más consistentes en el proceso de elaboración del libro es la diferencia en los patrones de revelación entre hombres y mujeres. Mientras muchas mujeres habían compartido fragmentos de su historia con terapeutas o amistades cercanas, la mayoría de los hombres participantes mantenían décadas de silencio absoluto. Esta brecha refleja normas de masculinidad que penalizan la expresión de vulnerabilidad y que, a su vez, perpetúan ciclos de violencia cuando esos hombres se convierten en padres o parejas. Romper este patrón exige intervenciones específicas dirigidas a varones adultos que nunca tuvieron oportunidad de procesar sus experiencias infantiles.
La estructura misma del libro, con espacios en blanco para que los lectores escriban su propia historia, busca activar un proceso de reconocimiento colectivo. Esta herramienta no es meramente literaria: estudios en psicología narrativa demuestran que la escritura guiada sobre experiencias traumáticas reduce síntomas de ansiedad y mejora la capacidad de establecer límites en relaciones actuales. Al invitar a miles de lectores potenciales a completar sus propios relatos, la obra amplifica el efecto de los testimonios originales más allá de su circulación impresa.
Repercusiones en políticas públicas y educación
La insistencia de Viniegra en priorizar la protección de la infancia por encima de la reputación familiar tiene implicaciones directas para la legislación. Las reformas al Código Civil y al Código Penal que han endurecido sanciones por abuso sexual infantil en los últimos años necesitan complementarse con protocolos de intervención temprana en escuelas y centros de salud. Sin personal capacitado para identificar negligencia emocional, las denuncias seguirán llegando tarde, cuando las consecuencias ya se han consolidado en la adultez.
Además, el libro señala que la cercanía cotidiana entre padres e hijos constituye el primer nivel de prevención. Preguntas simples sobre el tiempo dedicado al diálogo frente al uso de dispositivos móviles apuntan a un cambio cultural que trasciende el ámbito legislativo. Empresas y gobiernos locales podrían incorporar estos principios en programas de parentalidad responsable, generando entornos laborales que permitan a los trabajadores priorizar la comunicación familiar sin sacrificar estabilidad económica.
Perspectivas de cambio intergeneracional
Si las ideas contenidas en Somos todxs logran penetrar en debates públicos sobre salud mental y educación, es posible anticipar una reducción gradual en la transmisión intergeneracional de trauma. Cada generación que aprende a reconocer sus propias heridas antes de reproducirlas modifica patrones de crianza que antes se consideraban inevitables. Este proceso requiere tiempo y mediciones longitudinales, pero los testimonios recopilados por Viniegra demuestran que la simple posibilidad de ser escuchado sin juicio ya altera la trayectoria vital de quienes participaron en el proyecto.
El campo verde que la autora desea dejar a las infancias futuras depende de que la sociedad acepte mirar hacia atrás sin temor a descubrir responsabilidades compartidas. El libro no promete soluciones inmediatas, pero establece un marco de comprensión que puede orientar tanto a formuladores de políticas como a familias que buscan interrumpir ciclos de daño antes de que se perpetúen por otra generación.
