El cierre del 16 de julio situó al dólar en 17,42 pesos mexicanos, apenas 0,2 por ciento por encima del nivel previo. Esa variación mínima oculta una tendencia más amplia: la divisa estadounidense acumula una baja de 7,06 por ciento en los últimos doce meses y de 0,72 por ciento solo en la semana anterior. La volatilidad medida en 5,16 por ciento se mantiene por debajo del promedio histórico de 7,56 por ciento, lo que sugiere un mercado cambiario temporalmente sereno pero expuesto a choques externos.
Las proyecciones de cierre de 2026 elaboradas por Hacienda, Banorte, Citi México y el sondeo del Banco de México coinciden en un rango entre 19,30 y 20,50 pesos por dólar. Esa horquilla implica una depreciación esperada de entre 11 y 18 por ciento respecto al nivel actual. Detrás de esas cifras se encuentran variables que van más allá de la cotización diaria y que afectan de forma desigual a distintos sectores de la economía mexicana.

El nearshoring como ancla de largo plazo
Las inversiones vinculadas al nearshoring han generado flujos de divisas que contrarrestan la presión alcista del dólar. Empresas automotrices, de electrodomésticos y de semiconductores que trasladan operaciones a estados del norte y del Bajío demandan pesos para pagar nóminas, proveedores y obras de infraestructura. Este efecto estructural explica por qué el peso se ha mantenido más fuerte de lo previsto incluso cuando la Reserva Federal mantiene tasas elevadas. Sin embargo, el ritmo de llegada de esos capitales depende de la certeza jurídica que ofrezca la renegociación del T-MEC prevista para los próximos años.
El Mundial de 2026 como factor temporal
La llegada de turistas y la organización de partidos en México, Estados Unidos y Canadá inyectarán divisas adicionales durante el verano de 2026. Ese ingreso extraordinario puede comprimir temporalmente la cotización del dólar, pero su duración será corta. Una vez concluido el torneo, los flujos revertirán y la presión sobre el peso dependerá nuevamente de los fundamentos macroeconómicos. Los analistas que sitúan el tipo de cambio cerca de 19,70 pesos al cierre de 2026 ya descuentan este efecto transitorio y lo separan de la trayectoria estructural marcada por el nearshoring.
Perspectivas contrastantes entre exportadores e importadores
Los exportadores manufactureros ven con recelo una depreciación acelerada del peso, pues encarece sus insumos importados y reduce márgenes cuando los contratos están denominados en dólares. En cambio, las empresas que venden principalmente al mercado interno o que compiten con importaciones se benefician de un peso más débil. El sector turismo receptivo también obtiene ventajas, mientras que las aerolíneas y cadenas hoteleras que pagan deudas en dólares enfrentan costos crecientes. Esta división de intereses explica por qué las cámaras empresariales emiten comunicados con tonalidades distintas según el perfil de sus agremiados.
La renegociación del T-MEC y la política arancelaria estadounidense
El proceso de revisión del acuerdo comercial introduce un factor de incertidumbre que los modelos tradicionales subestiman. Cualquier endurecimiento de reglas de origen o la imposición de aranceles sectoriales por parte de Estados Unidos puede alterar abruptamente las cadenas de suministro establecidas. Los escenarios que contemplan un tipo de cambio por encima de 20 pesos incorporan implícitamente la posibilidad de que estas tensiones comerciales se intensifiquen durante 2025 y 2026. La Secretaría de Hacienda ha optado por mantener una estimación conservadora de 19,70 pesos, pero esa cifra podría revisarse al alza si las negociaciones se estancan.
El papel de la Reserva Federal y sus tasas
Una eventual flexibilización monetaria en Estados Unidos a finales de 2025 reduciría el atractivo de los activos denominados en dólares y podría acelerar la depreciación del peso. Sin embargo, esa misma relajación podría coincidir con un repunte de la inflación estadounidense si el crecimiento se mantiene sólido. El resultado sería un escenario de tasas más bajas pero con mayor volatilidad cambiaria. Los pronósticos de Banorte y Citi México ya contemplan este riesgo al ubicar sus estimaciones en la parte media del rango.
Riesgos de sobreestimar la fortaleza estructural del peso
El crecimiento proyectado del PIB mexicano entre 1,15 y 1,4 por ciento para 2026 es modesto. Si ese ritmo resulta insuficiente para absorber el aumento de la oferta de dólares proveniente del nearshoring, el peso podría fortalecerse más de lo esperado y erosionar la competitividad de sectores no vinculados a las cadenas globales de valor. Al mismo tiempo, una desaceleración brusca de la economía estadounidense reduciría tanto las remesas como las exportaciones, generando un efecto contrario. Ninguno de estos escenarios aparece con claridad en los rangos oficiales, lo que deja margen para sorpresas de magnitud considerable.
La cotización actual de 17,42 pesos refleja un equilibrio frágil que depende de la continuidad de los flujos de inversión extranjera y de la ausencia de choques políticos o comerciales mayores. Los distintos actores del mercado —autoridades hacendarias, bancos centrales, exportadores, importadores y hogares con deudas en dólares— evalúan ese equilibrio desde posiciones opuestas. La convergencia de sus expectativas hacia niveles cercanos a 20 pesos al cierre de 2026 indica que la mayoría anticipa una corrección ordenada, pero esa convergencia no elimina la posibilidad de movimientos bruscos si alguna de las variables clave se desvía de las proyecciones actuales.
