El dólar dominicano y el horizonte económico de 2026

En la apertura del 28 de julio el dólar estadounidense alcanzó un promedio de 58 pesos dominicanos, lo que supone un incremento del 0,78 por ciento frente al cierre anterior de 57,55 pesos. Esta variación se produce tras una semana sin cambios y un descenso interanual del 7,94 por ciento, según datos de Dow Jones. La volatilidad registrada se sitúa en 11,37 por ciento, ligeramente inferior al nivel de referencia del 11,48 por ciento, lo que indica un mercado cambiario con relativa calma pero sujeto a presiones estructurales.

Variables que sostienen la cotización actual

El tipo de cambio refleja la interacción entre la demanda de divisas para importaciones, las decisiones de la Reserva Federal y la política del Banco Central de la República Dominicana. Las remesas y los ingresos por turismo continúan aportando un flujo positivo que compensa parcialmente el déficit comercial de bienes. Sin embargo, la expectativa de un fortalecimiento global del dólar hacia finales de 2026 introduce una presión alcista que el Banco Central prevé manejar mediante depreciación controlada.

El informe de UBS Financial Services proyecta que el tipo de cambio llegará a 66,35 pesos en septiembre de 2026 y a 69,15 pesos un año después. Esta trayectoria implica un ritmo anual de depreciación cercano al 4 por ciento, coherente con la meta de mantener la competitividad exportadora sin generar shocks inflacionarios.

El dólar dominicano y el horizonte económico de 2026

El estímulo fiscal como factor de demanda interna

El Congreso aprobó un presupuesto suplementario que eleva el gasto de capital en 0,4 por ciento del PIB para 2025 y amplía el déficit global hasta 3,5 por ciento del PIB. Para 2026 el Ministerio de Hacienda busca reducir ese déficit a 3,2 por ciento y alcanzar un superávit primario de 0,5 por ciento. Esta combinación libera recursos que estimulan el consumo y la inversión privada, pero también incrementa la demanda de dólares para financiar importaciones de bienes de capital.

Los importadores de maquinaria y equipos ven en esta expansión fiscal una oportunidad de modernización, mientras que los exportadores de servicios turísticos observan con cautela el efecto sobre los costos de insumos importados. El equilibrio entre ambos grupos dependerá de la capacidad del Banco Central para absorber el exceso de demanda de divisas sin alterar la senda de depreciación prevista.

Perspectivas de los distintos actores económicos

Los inversionistas extranjeros directos, atraídos por el turismo, el comercio, la industria, la energía y el sector inmobiliario, esperan que la estabilidad política y las políticas pro-mercado se mantengan. UBS calcula que la inversión extranjera neta alcanzará entre 3,5 y 4,0 por ciento del PIB, suficiente para financiar el déficit en cuenta corriente proyectado entre 2 y 2,5 por ciento del PIB.

Los hogares dominicanos que dependen de remesas perciben la depreciación gradual como un beneficio en términos de poder adquisitivo en pesos, aunque enfrentan el riesgo de que una aceleración del tipo de cambio erosione ese margen. Los sectores importadores intensivos, por su parte, advierten que costos más altos de insumos podrían trasladarse a precios finales y afectar la competitividad interna.

Riesgos climáticos y de gobernanza frente a proyecciones optimistas

El informe de UBS mantiene una visión positiva sobre el crecimiento del PIB hacia el 4 por ciento en 2026, impulsado por tasas de interés más bajas y un entorno internacional favorable. Sin embargo, identifica eventos climáticos adversos y desafíos de gobernanza como los principales riesgos que podrían alterar esa trayectoria. Un huracán de gran magnitud o una interrupción prolongada de la cadena logística global afectaría tanto las exportaciones de servicios como la llegada de inversión extranjera.

La deuda pública bruta, estimada en torno al 58 por ciento del PIB, se mantendría estable en los próximos 12 a 18 meses siempre que no se produzcan choques macroeconómicos inesperados. Cualquier desviación fiscal derivada de gastos de reconstrucción tras un desastre natural podría presionar el tipo de cambio más allá de las proyecciones actuales.

Escenarios de depreciación controlada y sus límites

El Banco Central ha señalado que la depreciación seguirá siendo gradual, con el objetivo de preservar la confianza de los mercados y evitar episodios de volatilidad elevada. Esta estrategia resulta consistente con el superávit de la balanza de servicios y remesas, pero requiere una coordinación estrecha entre política monetaria y fiscal para evitar que el estímulo interno genere presiones inflacionarias que obliguen a ajustes más bruscos.

Si la Reserva Federal mantiene tasas más altas de lo esperado, el diferencial de interés podría acelerar la salida de capitales de corto plazo y forzar al Banco Central a intervenir con mayor intensidad en el mercado cambiario. En ese escenario, la meta de 66,35 pesos para septiembre de 2026 podría alcanzarse antes de lo previsto, afectando los planes de inversión de los sectores que dependen de importaciones de bienes intermedios.

La estabilidad del tipo de cambio observada en la última semana no debe interpretarse como una señal de equilibrio permanente. El aumento del gasto de capital aprobado para 2025 y la recuperación proyectada del turismo generan flujos de demanda que, si no se compensan con mayor oferta de divisas, podrían materializar las presiones alcistas ya incorporadas en las proyecciones del Banco Central.

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