El cierre del euro a 66,62 pesos dominicanos el 17 de julio de 2026 refleja tensiones acumuladas en los mercados de divisas del Caribe. Durante años, República Dominicana ha gestionado su tipo de cambio mediante un régimen de flotación administrada que busca equilibrar la competitividad turística con la contención de importaciones. Esa estrategia, heredada de las crisis de finales de los noventa, ha permitido al Banco Central acumular reservas mientras el peso se deprecia de forma gradual frente al dólar. El repunte diario del euro frente al peso dominicano se inscribe en ese marco: obedece tanto a movimientos globales del euro como a la demanda local de divisas para cubrir importaciones de bienes de capital.
Raíces históricas del régimen cambiario dominicano
Desde la reforma monetaria de 2003, las autoridades dominicanas han priorizado la estabilidad del tipo de cambio nominal como ancla de expectativas. Esa decisión surgió tras la crisis bancaria que obligó al país a renegociar su deuda externa y a adoptar metas de inflación explícitas. El Banco Central aprendió entonces que una depreciación descontrolada podía erosionar el poder adquisitivo de los salarios y encarecer el servicio de la deuda pública. Por ello, las intervenciones en el mercado cambiario se volvieron frecuentes, aunque discretas, y se complementaron con acumulación de reservas internacionales que hoy superan los 15 000 millones de dólares.
El informe de UBS Financial Services publicado en 2026 retoma esa misma lógica. La firma proyecta que el tipo de cambio alcanzará 66,35 pesos por euro en septiembre de ese año y 69,15 pesos doce meses después. Tales pronósticos se basan en la expectativa de que la Reserva Federal mantendrá tasas de interés relativamente altas hasta finales de 2026, fortaleciendo al dólar y ejerciendo presión depreciatoria sobre monedas emergentes. Al mismo tiempo, el documento reconoce que los superávits de servicios y remesas seguirán compensando el déficit comercial de bienes, manteniendo el déficit en cuenta corriente entre 2 % y 2,5 % del PIB.

Transmisión del tipo de cambio a la actividad turística
El turismo representa más del 8 % del PIB dominicano y genera cerca de 2,5 millones de empleos directos e indirectos. Una depreciación controlada del peso frente al euro beneficia a los operadores hoteleros que reciben pagos en moneda europea, pero encarece los insumos importados que requieren las cadenas internacionales. En 2025, el gobierno aprobó un presupuesto suplementario que elevó el gasto de capital en 0,4 % del PIB; parte de esos recursos se destinaron a mejoras en aeropuertos y carreteras del este del país, precisamente las zonas donde se concentra la oferta turística. Esa inversión busca capitalizar la recuperación de visitantes europeos prevista para 2026, cuando las tasas de interés más bajas en la zona euro podrían reactivar el gasto discrecional de los turistas.
El análisis de UBS señala que la volatilidad actual del euro frente al peso (10,7 %) se mantiene por debajo de la volatilidad histórica de referencia (12,26 %). Esta relativa calma reduce el costo de cobertura para las empresas que operan con contratos en euros, favoreciendo la planificación de nuevas plazas hoteleras en Punta Cana y Puerto Plata. Sin embargo, el mismo informe advierte que choques climáticos adversos podrían alterar esa trayectoria, ya que un huracán de gran magnitud obligaría al Banco Central a vender dólares para estabilizar el mercado y atender necesidades de reconstrucción.
Impactos fiscales y de inversión extranjera
El Ministerio de Hacienda se ha fijado como meta un déficit global de 3,2 % del PIB y un superávit primario de 0,5 % para 2026. El cumplimiento de esos objetivos depende en parte del comportamiento del tipo de cambio, porque una depreciación más rápida encarece el servicio de la deuda denominada en dólares. La deuda pública bruta se mantiene estable en torno al 58 % del PIB, nivel que UBS considera sostenible siempre que no ocurran eventos macroeconómicos inesperados. La inversión extranjera directa neta, estimada entre 3,5 % y 4 % del PIB, se concentra en turismo, comercio, industria, energía y sector inmobiliario; estos flujos ayudan a financiar el déficit en cuenta corriente y reducen la necesidad de endeudamiento externo adicional.
Un caso concreto ilustra esta dinámica. En 2025, un consorcio europeo anunció la construcción de un complejo energético solar en la provincia de Monte Plata con una inversión superior a 300 millones de dólares. El proyecto se financia con préstamos en euros y genera ingresos en pesos por la venta de electricidad. La estabilidad relativa del tipo de cambio permite a los promotores calcular con mayor precisión el flujo de caja en moneda local y cumplir con los plazos de amortización pactados con los bancos acreedores.
Riesgos de gobernabilidad y clima
El informe de UBS identifica dos riesgos principales para el escenario base: eventos climáticos extremos y desafíos de gobernabilidad. Ambos factores pueden alterar simultáneamente la oferta turística y la demanda de divisas. Un episodio de sequía prolongada, por ejemplo, reduciría la generación hidroeléctrica y obligaría al país a importar combustibles con dólares, presionando las reservas. Al mismo tiempo, tensiones políticas internas podrían retrasar la ejecución del presupuesto de capital y debilitar la confianza de los inversionistas extranjeros. Estos riesgos no son teóricos; en 2024, el paso de dos tormentas tropicales redujo el crecimiento del PIB en 0,8 puntos porcentuales y elevó temporalmente la demanda de dólares para importaciones de alimentos.
La proyección de crecimiento del 4 % para 2026 depende de que las tasas de interés locales sigan descendiendo y de que el entorno externo permanezca favorable. Si la Reserva Federal pospone sus recortes, el dólar podría fortalecerse más de lo previsto y el peso dominicano enfrentaría presiones adicionales. En ese escenario, el Banco Central tendría que decidir entre defender el tipo de cambio con reservas o permitir una depreciación más rápida que encarezca las importaciones y alimente la inflación importada.
El panorama que dibuja UBS Financial Services muestra una economía dominicana capaz de absorber shocks moderados gracias a sus superávits de servicios y remesas, pero todavía vulnerable a perturbaciones externas o internas de mayor escala. La cotización del euro a 66,62 pesos al cierre del 17 de julio de 2026 es solo un dato puntual dentro de una trayectoria de depreciación controlada que el país ha mantenido durante dos décadas. El éxito de esa estrategia dependerá de la capacidad de las autoridades para mantener la disciplina fiscal, atraer inversión productiva y responder con rapidez ante cualquier deterioro del entorno climático o político regional.
