La revisión encargada por la propia Fundación Gates expone un contacto más intenso de lo admitido con Jeffrey Epstein entre 2011 y 2014. A pesar de las advertencias internas sobre el riesgo reputacional, se celebraron cerca de treinta encuentros, principalmente centrados en un fondo de inversión benéfica para salud global.
El informe de WilmerHale descarta pagos o conductas ilegales, pero confirma que Bill Gates conocía la condena de Epstein y escuchó las inquietudes de su equipo. La iniciativa se abandonó tras concluir que el financista había exagerado el interés de posibles donantes. Este episodio revela una falla en los controles de debida diligencia que la fundación ahora intenta corregir.

Consecuencias para la confianza institucional
El reconocimiento de Gates ante el Congreso de que reunirse con Epstein fue un “grave error de juicio” llega tarde frente al volumen de interacciones documentadas. La decisión de Warren Buffett de retirar sus donaciones anuales añade presión sobre la capacidad de la fundación para preservar su credibilidad ante socios y donantes.
La publicación del resumen de tres páginas, sin la versión completa, deja interrogantes sobre la transparencia real. Las nuevas medidas de verificación aprobadas por la junta buscan mitigar riesgos futuros, pero el caso ilustra cómo la proximidad con figuras controvertidas puede erosionar la percepción de integridad incluso sin pruebas de ilegalidad.
