Goldman Sachs eleva pronóstico del gas europeo

Las tensiones que afectan el tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz han llevado a Goldman Sachs a modificar sus estimaciones sobre los precios del gas natural en Europa. La firma ahora prevé que las exportaciones de gas natural licuado procedentes del Golfo Pérsico tardarán más en recuperarse, lo que altera el equilibrio de suministros para el próximo invierno boreal.

El Estrecho de Ormuz como eje histórico del comercio energético

El Estrecho de Ormuz ha sido durante décadas el principal punto de estrangulamiento del comercio mundial de hidrocarburos. Desde la crisis del petróleo de 1973, cualquier interrupción en esta vía ha generado ondas expansivas en los mercados globales. En 2019, incidentes similares con petroleros ya demostraron cómo una reducción temporal del flujo puede elevar los precios del crudo y, por extensión, del gas licuado que comparte la misma ruta marítima. La situación actual repite ese patrón, aunque con mayor impacto en el segmento del GNL porque el 20 por ciento de las exportaciones mundiales de este combustible transita por Ormuz.

La analista Samantha Dart señala que la normalización de los envíos se retrasa hasta octubre. Este desfase de tres meses respecto a las proyecciones iniciales equivale a una pérdida de 16 millones de toneladas anuales, o un 4 por ciento del suministro global de GNL durante el verano. El cálculo no es abstracto: cada cargamento que no sale del Golfo reduce las existencias disponibles en los terminales europeos justo cuando comienza la temporada de llenado de almacenes.

Consecuencias directas sobre el almacenamiento europeo

El noroeste de Europa suele cerrar octubre con niveles de almacenamiento cercanos al 74 por ciento de su capacidad. Con la reducción de flujos, Goldman Sachs estima que esa cifra descenderá hasta el 67 por ciento. Esa diferencia de siete puntos porcentuales parece modesta, pero en un invierno promedio deja los inventarios finales de marzo en apenas un 28 por ciento. Históricamente, niveles inferiores al 30 por ciento al final de la temporada han obligado a compras de emergencia en el mercado spot, elevando los precios de forma abrupta.

El contrato de referencia TTF holandés ya refleja esta presión. Goldman Sachs ha elevado su previsión para el tercer trimestre de 2026 hasta 60 euros por megavatio-hora y para el cuarto trimestre hasta 53 euros, frente a los 41 y 40 euros anteriores. Para 2027 el ajuste es más moderado, de 30 a 31 euros, aunque sigue siendo alcista. Estos cambios no responden a variaciones estacionales habituales, sino a un cuello de botella estructural en la oferta.

Repercusiones en Asia y el equilibrio global de demanda

Europa no es el único actor afectado. Cuando los precios del TTF se aproximan a 65 euros por megavatio-hora, los compradores asiáticos comienzan a reducir sus adquisiciones de GNL porque el carbón se vuelve más competitivo. Goldman Sachs advierte que, en un escenario de normalización lenta durante 2027, el TTF podría superar los 100 euros para contener la demanda asiática. Esa cifra marca el umbral donde las centrales de carbón en Japón, Corea del Sur y China recuperan cuota de mercado, retrasando los objetivos de descarbonización regionales.

Por otro lado, una reapertura rápida del Estrecho devolvería los precios a torno de 40 euros, nivel en el que el gas desplaza al carbón en Europa. La diferencia entre ambos escenarios ilustra cómo una sola ruta marítima condiciona las decisiones de generación eléctrica en dos continentes. Los operadores asiáticos ya han empezado a firmar contratos a más largo plazo con proveedores estadounidenses para reducir su dependencia del Golfo, un movimiento que podría acelerar la puesta en marcha de nuevos proyectos de licuefacción en la costa del Golfo de México.

Implicaciones para la transición energética y la política industrial

El encarecimiento temporal del gas actúa como un incentivo involuntario para acelerar las inversiones en renovables y almacenamiento de energía. Países como Alemania y Países Bajos, que planean cerrar sus últimas centrales de carbón en 2029, podrían adelantar licitaciones de parques eólicos marinos si los precios del gas se mantienen elevados durante dos inviernos consecutivos. Al mismo tiempo, el aumento de la generación con carbón en Asia plantea un dilema para los compromisos climáticos de la COP28, ya que cualquier retraso en la transición asiática compensa parcialmente los avances europeos.

Los nuevos proyectos de exportación de GNL en Estados Unidos, cuya entrada en operación está prevista entre 2027 y 2029, ofrecen una vía de escape a medio plazo. Sin embargo, estos volúmenes adicionales solo mitigan el problema si Ormuz permanece abierto. Goldman Sachs mantiene su visión bajista para 2028 y 2029, con precios de 19 y 16 euros respectivamente, siempre que no se repitan interrupciones prolongadas en el tráfico marítimo. Cualquier nuevo episodio de tensión geopolítica en el Golfo podría invalidar esa trayectoria descendente.

Riesgos adicionales y recomendaciones para los consumidores

El banco identifica dos fuentes adicionales de presión a la baja a partir de 2028: el incremento de la generación renovable en Asia y el posible aumento de la producción de carbón en respuesta a precios altos del gas. Ambos factores podrían limitar el crecimiento de la demanda de GNL incluso si los flujos por Ormuz se normalizan. Para los consumidores industriales europeos, la recomendación de Goldman Sachs es clara: cubrir posiciones antes del invierno para evitar picos superiores a 65 euros por megavatio-hora.

La experiencia de 2022, cuando los precios superaron los 300 euros tras la reducción de flujos rusos, demuestra que los mercados pueden absorber shocks de oferta siempre que se actúe con antelación. La diferencia actual radica en que el shock proviene de una ruta marítima compartida por múltiples productores, lo que multiplica el número de actores afectados y reduce la capacidad de respuesta coordinada. Las decisiones que se tomen este verano determinarán no solo el nivel de los inventarios europeos en marzo de 2027, sino también la velocidad a la que Asia y Europa avanzan hacia sus respectivos objetivos de descarbonización.

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