La adquisición de Paseo de San Francisco por parte del grupo de Carlos Slim por mil 500 millones de pesos marca un giro concreto en la trayectoria de uno de los espacios comerciales más emblemáticos del centro histórico de Puebla. El anuncio, que se formalizará en septiembre junto con el Ayuntamiento encabezado por José Chedraui Budib, incluye la construcción de un centro comercial renovado y un edificio de departamentos interconectados. Esta operación no se limita a una transacción inmobiliaria; representa la primera intervención de gran escala que busca revertir la pérdida sostenida de visitantes y el cierre de locales que ha caracterizado al complejo desde mediados de la década pasada.

El contexto que precede a esta compra revela un patrón recurrente en centros comerciales anclados en zonas patrimoniales mexicanas. Inaugurado en 2004 con la promesa de integrar comercio y conservación industrial, el lugar perdió dinamismo frente a nuevos desarrollos periféricos. La cartera de 43 proyectos de inversión que mantiene el Ayuntamiento de Puebla sitúa esta renovación como uno de los más avanzados en los rubros de comercio e inmobiliario, lo que otorga al proyecto un carácter de prueba para otras ciudades con problemas similares de vacancia en sus núcleos históricos.
La adquisición como ancla de recuperación económica
El monto pagado por Slim establece un piso de valor que obliga a cualquier análisis posterior a considerar el retorno esperado. Mil quinientos millones de pesos representan una apuesta que supera con creces el precio de activos similares en declive dentro de centros históricos. Esta cifra sugiere que el grupo contempla no solo la reactivación de locales vacíos, sino la creación de un flujo de peatones constante mediante el componente habitacional. La interconexión entre departamentos y comercio busca generar una demanda interna que mitigue la dependencia de visitantes externos, un mecanismo que ya se ha probado con resultados mixtos en proyectos como el de Reforma 222 en la Ciudad de México.
Perspectivas enfrentadas entre residentes y comerciantes
Los comerciantes que permanecen en el complejo ven en la llegada de capital privado una oportunidad para renegociar rentas y atraer cadenas que eleven el ticket promedio. Sin embargo, los pequeños negocios independientes expresan inquietud por posibles incrementos en costos operativos una vez concluyan las obras. Por otro lado, vecinos del barrio de San Francisco advierten que el modelo de usos mixtos podría acelerar procesos de desplazamiento si los departamentos se orientan exclusivamente a segmentos de ingreso medio-alto. El secretario de Economía y Turismo municipal ha enfatizado que la inversión forma parte de una estrategia más amplia de 43 proyectos, pero no ha detallado mecanismos de protección para el comercio tradicional.
Desde la óptica del Ayuntamiento, el proyecto alinea con objetivos de reactivación del Centro Histórico sin requerir erogaciones directas del erario. La colaboración público-privada permite trasladar el riesgo de ejecución al inversionista, mientras el gobierno local obtiene visibilidad política por la recuperación de un espacio visible. Esta dinámica reduce la presión presupuestal, aunque también limita el margen de maniobra para imponer condiciones sociales o de accesibilidad una vez que las obras avancen.
Precedente para intervenciones similares en México
La operación de Slim en Puebla podría servir de referencia para otros grupos que evalúan activos deteriorados en zonas declaradas patrimonio. El formato de usos mixtos con vivienda anexa ofrece una solución parcial al problema de afluencia, pero depende de que el diseño arquitectónico respete la escala y los materiales del entorno industrial conservado. Si el nuevo edificio de departamentos se integra sin alterar la lectura patrimonial del complejo, el modelo podría replicarse en ciudades como Oaxaca o Morelia, donde plazas comerciales de los años noventa enfrentan desafíos idénticos de vacancia.
Un segundo elemento diferenciador radica en la temporalidad. La presentación formal prevista para septiembre de 2026 coincide con el inicio de la administración municipal saliente, lo que añade presión para que los primeros avances físicos sean visibles antes del cambio de gobierno. Esta ventana estrecha obliga a acelerar trámites y licencias, aumentando el riesgo de ajustes posteriores en el proyecto original.
Riesgos de saturación y competencia interna
La reactivación de Paseo de San Francisco no ocurre en aislamiento. Otros centros comerciales en Puebla han consolidado su posición mediante expansiones recientes y mejoras en conectividad vial. Si el nuevo complejo replica fórmulas ya existentes en la periferia, el efecto neto sobre la zona podría limitarse a una redistribución de consumidores en lugar de una expansión del gasto total. Además, la incorporación de vivienda podría generar demanda de servicios que compitan directamente con comercios ya instalados en el complejo, creando tensiones internas por espacio y clientela.
El factor de riesgo más inmediato radica en la ejecución de las obras. Cualquier retraso en la entrega de departamentos o en la reapertura de locales comerciales prolongaría el periodo de baja actividad y podría erosionar la confianza de los arrendatarios restantes. Históricamente, intervenciones de esta magnitud en centros históricos han requerido entre tres y cinco años para alcanzar niveles de ocupación superiores al 80 por ciento, un plazo que excede el horizonte de una sola administración municipal.
Finalmente, la dependencia de un solo grupo empresarial para la transformación de un corredor entero introduce vulnerabilidad sistémica. Si las condiciones macroeconómicas o los rendimientos esperados cambian, el ritmo de inversión adicional podría reducirse, dejando el proyecto en un estado intermedio que combine espacios renovados con zonas aún abandonadas. La experiencia de otros desarrollos de Slim en el país muestra que la continuidad de los proyectos depende de la evolución de la demanda, no solo de la voluntad inicial de compra.
