MÉXICO. La masonería ha incorporado durante siglos elementos provenientes de la Biblia, como el rey Salomón, Hiram Abiff y el Templo de Jerusalén, para construir un sistema de símbolos orientado al perfeccionamiento moral del individuo. Aunque la fraternidad se presenta como una institución filosófica y no religiosa, estos referentes bíblicos adquieren en su ritualística un sentido distinto al que poseen en los textos sagrados originales.
El contraste entre ambas interpretaciones radica en el desplazamiento del centro: lo que en la Escritura depende de una iniciativa divina se convierte, en la tradición masónica, en un proceso de construcción interior guiado por el esfuerzo humano.

Salomón según el relato bíblico
En el primer libro de Reyes, Salomón recibe la sabiduría tras pedirla expresamente a Dios. El texto señala que su capacidad para gobernar y para ordenar la construcción del Templo no surge de conocimientos ocultos ni de iniciaciones secretas, sino de una concesión divina. La narración bíblica enfatiza que, sin esa intervención, el rey habría carecido de los recursos necesarios para cumplir su tarea.
Posteriormente, la misma fuente describe la caída de Salomón, atribuida a la influencia de sus esposas extranjeras y a la edificación de altares a otros dioses. Aun así, el relato indica que Dios decidió no retirar el reino durante su vida por consideración a David. Al final de su existencia, el libro de Eclesiastés presenta una reflexión sobre la vanidad de las obras realizadas al margen de lo divino.
El Templo como morada y su resignificación
Según la Biblia, el Templo de Jerusalén fue erigido para albergar la presencia de Dios entre el pueblo. Su importancia no radicaba en la calidad de los materiales ni en su diseño arquitectónico, sino en el hecho de que constituía un espacio sagrado destinado a la divinidad. Los relatos de 1 Reyes detallan las instrucciones recibidas y las condiciones bajo las cuales se autorizó la obra.
En la masonería, el Templo se interpreta como una alegoría del perfeccionamiento personal. Cada iniciado debe edificar un “templo interior” mediante el trabajo simbólico sobre sí mismo. Esta lectura conserva la estructura del relato bíblico pero traslada el propósito hacia el desarrollo humano, sin requerir la presencia de un Dios personal.
Hiram Abiff y el conocimiento técnico
La figura de Hiram Abiff aparece en la tradición masónica como el constructor principal del Templo y ocupa un lugar central en los rituales de iniciación. Su historia enfatiza la transmisión de conocimientos a través de grados y la importancia del secreto. Sin embargo, el texto bíblico presenta a Hiram como un artesano hábil al servicio de un proyecto ordenado por Salomón, cuya autoridad también proviene de la misma fuente divina que le concedió la sabiduría.
Al separar a Hiram de ese contexto, la tradición masónica convierte la destreza técnica en un fin en sí mismo y otorga al símbolo un carácter autosuficiente.

El Gran Arquitecto del Universo
La masonería introduce la noción del Gran Arquitecto del Universo como principio rector. Esta figura puede ser interpretada de múltiples maneras según las creencias de cada miembro y no exige una adhesión exclusiva a una religión determinada. A diferencia del Dios bíblico, que se revela con atributos personales y una voluntad específica, el Gran Arquitecto funciona como un concepto flexible que admite lecturas diversas.
Esta flexibilidad permite que los símbolos conserven su forma estética e histórica, aunque pierdan la ancla teológica que les otorgaba su significado original en los textos sagrados.
Consecuencias de la separación del origen
Cuando los elementos bíblicos se emplean sin su contexto teológico, la sabiduría deja de entenderse como un don y el Templo deja de ser un espacio habitado por la divinidad. El resultado es una estructura simbólica que se sostiene por el esfuerzo humano pero carece del fundamento que le daba sentido en su origen. Diversos estudiosos de la religión comparada han señalado que este tipo de resignificación no es exclusivo de la masonería y aparece en otros movimientos que adoptan imágenes tradicionales con fines distintos a los iniciales.
La tensión surge porque el relato bíblico vincula la grandeza de Salomón, la construcción del Templo y la habilidad de Hiram a una misma fuente. Extraerlos de ese marco genera una narrativa coherente dentro de la masonería, pero distinta de la que presentan los textos sagrados.
Las fuentes consultadas incluyen la Biblia Reina-Valera 1960, las Antigüedades judías de Flavio Josefo y obras de historia de las religiones que analizan la transformación de símbolos a lo largo del tiempo.
