El dólar cerró el 21 de julio a 3.216,47 pesos colombianos, un descenso del 1,6 por ciento respecto al cierre anterior. Esta cifra confirma la apreciación sostenida del peso en un contexto de debilidad global del billete verde. En la última semana la divisa estadounidense perdió 0,46 por ciento y en el año acumula una caída del 15 por ciento. La volatilidad actual se ubica en 11,93 por ciento, por debajo del promedio histórico de 13,31 por ciento, lo que sugiere un mercado relativamente calmado pero aún vulnerable a choques externos.
La proyección de Bancolombia y sus supuestos
El Grupo Cibest de Bancolombia estima que el dólar promediará 3.878 pesos durante 2026. Esta proyección descansa en tres pilares: la persistente debilidad del dólar a nivel global, el flujo continuo de remesas y la expectativa de alzas en las tasas locales. El banco señala que el diferencial entre la tasa de la Reserva Federal (3,50-3,75 por ciento) y la del Banco de la República (9,25 por ciento) seguirá impulsando estrategias de carry trade que favorecen al peso. Sin embargo, el mismo informe reconoce que la apreciación observada en 2025, cuando el peso ganó 14 por ciento, no garantiza repetición automática en 2026.
El análisis de Bancolombia destaca que la caída del índice DXY en 9 por ciento y la volatilidad en la política comercial estadounidense fueron determinantes clave el año pasado. Estos factores podrían repetirse si la Reserva Federal mantiene una postura más laxa de lo esperado. No obstante, el escenario base del banco asume que el peso colombiano mantendrá su atractivo relativo gracias a los altos rendimientos locales.
Impacto en exportadores, importadores y hogares
Para los exportadores de café, flores y carbón, un dólar más bajo reduce los ingresos en pesos por cada dólar vendido. Muchas empresas ya ajustan sus coberturas cambiarias ante la posibilidad de que el tipo de cambio se mantenga por debajo de 3.500 pesos durante varios meses. Los importadores, por el contrario, ven aliviada la carga de costos en dólares, especialmente en sectores como tecnología, automóviles y bienes de capital. Esta dinámica podría acelerar la sustitución de producción local por importaciones si la tendencia persiste.
En los hogares, el efecto es mixto. Quienes reciben remesas en dólares experimentan una reducción en el poder adquisitivo local, mientras que los consumidores de productos importados perciben precios más estables. El Banco de la República ha señalado que la apreciación del peso contribuye a moderar la inflación importada, aunque advierte que un debilitamiento excesivo del dólar podría limitar el margen de maniobra para futuros recortes de tasas.

El carry trade y su sostenibilidad
Una de las tesis centrales del informe es que el diferencial de tasas seguirá atrayendo capitales de corto plazo. Sin embargo, esta estrategia depende de la percepción de estabilidad fiscal y política. La reciente rebaja en la calificación soberana de Colombia por parte de una agencia internacional ya elevó los costos de financiamiento externo y podría erosionar el atractivo del carry trade si los inversionistas exigen primas de riesgo más altas. El proceso electoral de 2026 añade otra capa de incertidumbre que los modelos de Bancolombia aún no incorporan plenamente.
Además, el flujo de remesas, que ha sido un soporte estructural del peso, podría moderarse si la economía estadounidense enfrenta una desaceleración más pronunciada. En ese caso, la oferta de dólares en el mercado local disminuiría y el tipo de cambio podría reaccionar con mayor rapidez de lo previsto en el escenario base de 3.878 pesos.
Riesgos fiscales y electorales que el mercado subestima
El recorte de calificación crediticia no es un evento aislado. Refleja preocupaciones estructurales sobre el déficit fiscal y la trayectoria de la deuda pública. Si el Gobierno no logra contener el gasto o mejorar la recaudación, la presión sobre el peso podría intensificarse incluso antes de las elecciones. Los inversionistas institucionales ya han comenzado a reducir posiciones en activos colombianos, según datos de flujos de cartera observados en las últimas semanas.
Otro factor poco mencionado es el posible ajuste del salario mínimo para 2026. El mercado anticipa incrementos que podrían obligar al Banco de la República a mantener o incluso elevar su tasa de intervención. Un diferencial de tasas más amplio reforzaría el carry trade, pero también aumentaría la vulnerabilidad ante cualquier reversión repentina de flujos de capital.
Escenarios alternativos y señales de alerta
Si la Reserva Federal sorprende con recortes adicionales y el DXY cae por debajo de niveles actuales, el dólar en Colombia podría ubicarse temporalmente por debajo de 3.200 pesos. En el escenario opuesto, una combinación de deterioro fiscal y tensión electoral podría empujar el tipo de cambio por encima de 4.000 pesos en algún momento de 2026. La volatilidad, actualmente baja, tiene margen para aumentar rápidamente ante cualquiera de estos choques.
Los datos del Banco de la República muestran que las reservas internacionales se mantienen en niveles cómodos, lo que otorga al emisor capacidad de intervención si fuera necesario. Sin embargo, el uso de reservas para defender un nivel de tipo de cambio tiene límites y puede generar efectos secundarios sobre la credibilidad de la política monetaria.
El peso colombiano, con su historia de monedas bimetálicas y diseños inspirados en la biodiversidad nacional, sigue siendo un termómetro sensible de la confianza en la economía. La estabilidad observada a mediados de 2026 no debe interpretarse como una condición permanente. Los diferenciales de tasas y las remesas ofrecen soporte, pero la incertidumbre fiscal y el calendario electoral representan riesgos que cualquier proyección debe ponderar con mayor peso del que actualmente reflejan los modelos.
