Retener inversiones manufactureras en México bajo presión arancelaria

Las empresas manufactureras de exportación instaladas en México han modificado su prioridad estratégica: ya no se trata de captar nuevos proyectos, sino de impedir que las operaciones existentes pierdan terreno frente a la competencia de Estados Unidos. Esta reorientación surge mientras Canadá registra un traslado parcial de producción hacia el sur y mientras las rondas de revisión del T-MEC se extienden sin resolver los temas más sensibles para la industria.

El espejo canadiense revela riesgos silenciosos

La encuesta de KPMG Canadá de 2026 muestra que 42 por ciento de las manufactureras ya movió o planea mover parte de su capacidad productiva hacia Estados Unidos. Más allá de los cierres, el dato más revelador es que 57 por ciento redujo, suspendió o canceló gastos de capital y que 42 por ciento hizo lo mismo con inversión en investigación y desarrollo. Estas decisiones no eliminan de inmediato las plantas existentes, pero erosionan su capacidad de competir en el mediano plazo. México observa este patrón con atención porque las mismas corporaciones globales operan en ambos países y aplican criterios de asignación de capital similares.

El fenómeno no consiste en una huida masiva, sino en una redistribución gradual de ampliaciones, nuevos modelos y procesos tecnológicos. Cuando una empresa decide fabricar su siguiente generación de producto en Texas en lugar de ampliar la línea en Tijuana o Monterrey, la planta mexicana mantiene su nivel actual de empleo pero pierde dinamismo. Con el tiempo, esa pérdida de impulso se traduce en menor productividad, equipos obsoletos y menor capacidad para absorber proveedores locales.

Index cambia el foco: retener antes que atraer

Index, que agrupa a más de 1,200 empresas responsables del 68 por ciento de las exportaciones manufactureras mexicanas hacia Estados Unidos, ha explicitado esta nueva orientación. Su presidente en Mexicali, Salvador Maese Barraza, lo resume con claridad: el organismo ya no actúa como promotor de inversiones nuevas, sino como defensor de las que ya existen. Esta postura refleja la realidad de que las decisiones de asignación de capital se toman en corporativos globales que comparan rendimientos entre México, Estados Unidos, Centroamérica y el Caribe de forma simultánea.

Los casos de Toyota y LG ilustran la dinámica. Toyota trasladó parte de su volumen hacia Texas sin cerrar operaciones en México, mientras LG concentró producción de televisores en Reynosa tras cerrar Mexicali. En ambos ejemplos la actividad permanece dentro del país, pero se redistribuye según costos laborales, reglas de origen y cercanía con el mercado estadounidense. Otras empresas han movido procesos textiles hacia Centroamérica y el Caribe, donde los costos salariales resultan más competitivos bajo las exigencias del T-MEC.

Reglas de origen y aranceles definen el tablero

La tercera ronda bilateral de revisión del T-MEC concluyó sin resolver las reglas de origen, tema que determinará qué porcentaje de contenido regional debe incorporar un producto para acceder a las preferencias arancelarias. El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, anticipó que estas discusiones se extenderán hasta 2027. Para las empresas, esa prolongación genera incertidumbre sobre dónde ubicar las próximas inversiones y qué proveedores regionales incorporar. La posibilidad de sustituir insumos asiáticos por contenido norteamericano abre oportunidades, pero también impone exigencias técnicas y de trazabilidad que muchas plantas mexicanas aún no cumplen.

Los aranceles bajo las secciones 232 y 301 permanecen vigentes y seguirán siendo parte central de la negociación prevista para septiembre. Index sostiene que los aranceles no desaparecerán y que el objetivo real de las pláticas es minimizarlos. En ese contexto, conservar las preferencias del T-MEC frente a terceros países puede decidir si una inversión se queda en México o se reubica en Estados Unidos.

Perspectivas contrapuestas entre actores clave

Desde la óptica de las empresas exportadoras, la prioridad es estabilidad regulatoria y costos predecibles. Los corporativos globales valoran la proximidad con clientes estadounidenses, pero también comparan impuestos, acceso al capital, eficiencia logística y flexibilidad laboral. El gobierno mexicano, representado por Marcelo Ebrard, busca acelerar la modernización del programa IMMEX para simplificar trámites y atraer operaciones de mayor valor agregado. Sin embargo, la industria advierte que IMMEX 4.0 lleva más de año y medio en discusión sin que se concrete su implementación.

Los trabajadores y proveedores locales enfrentan un dilema distinto: la permanencia de plantas existentes garantiza empleo actual, pero la ausencia de nuevas inversiones y de modernización tecnológica puede limitar el crecimiento salarial y la generación de cadenas de suministro más densas. Mientras tanto, las autoridades estadounidenses impulsan reducir la dependencia de China y acercar la producción a su mercado interno, una estrategia que choca con el interés mexicano de mantener y expandir su base manufacturera.

Riesgos de erosión gradual y escenarios probables

El principal riesgo no radica en un éxodo masivo de plantas, sino en una pérdida progresiva de competitividad por reducción sostenida de inversión. Cuando las empresas cancelan gastos de capital o de investigación, los equipos envejecen, la productividad se estanca y las nuevas líneas de producto se instalan en otra región. Este proceso puede tardar varios años en hacerse visible en las cifras de empleo, pero resulta difícil revertirlo una vez iniciado.

Para 2027, cuando se definan las nuevas reglas de origen, México podría enfrentar dos escenarios contrastantes. En el primero, las reglas más estrictas impulsan mayor integración regional y sustituyen importaciones asiáticas, fortaleciendo el nearshoring. En el segundo, las exigencias técnicas y los costos de cumplimiento llevan a algunas empresas a concentrar producción en Estados Unidos, dejando a México con operaciones de ensamble de menor valor agregado. La cuarta ronda de negociaciones, programada para la primera quincena de septiembre, será determinante para inclinar la balanza hacia uno u otro resultado.

La capacidad de México para retener inversiones dependerá de la combinación entre certidumbre arancelaria, modernización regulatoria y respuesta efectiva a las demandas de mayor contenido regional. Sin avances concretos en estos frentes, el país corre el riesgo de mantener su base actual de empleo mientras pierde la carrera por las inversiones futuras que definirán la competitividad de la manufactura norteamericana en la próxima década.

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