El 26 de julio la Iglesia celebra a San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús. Su memoria litúrgica destaca el valor de la perseverancia conyugal y la fe ante la esterilidad, superada con la llegada de la Madre del Redentor. Esta fecha recuerda que las raíces familiares sostienen la historia de la salvación.

Ambos santos son patronos de abuelos, matrimonios y mujeres embarazadas. Su intercesión se invoca para fortalecer la armonía familiar y acompañar a los ancianos en momentos de soledad. La tradición los presenta como modelo de paciencia que Dios recompensa con bendiciones mayores.
El vínculo con la Iglesia actual
El Papa Francisco estableció la Jornada Mundial de los Abuelos cerca de esta festividad, reforzando que los adultos mayores custodian la fe vivida y no deben ser descartados. La devoción a Joaquín y Ana impulsa el cuidado de las generaciones que sostienen a las comunidades con su oración silenciosa.
Su ejemplo muestra que las promesas del Antiguo Testamento se cumplen en el Nuevo Pacto a través de la espera confiada. Pedir su auxilio hoy fortalece los lazos familiares y renueva el compromiso de valorar la sabiduría de los mayores como puente entre pasado y futuro.
