Las exportaciones manufactureras no automotrices de México representaron dos tercios de los ingresos por ventas externas entre enero y mayo de 2026. Este resultado se explica por la exclusión de aranceles estadounidenses que aplica a los productos que cumplen las reglas de origen del T-MEC. Gracias a esa condición, el cumplimiento del tratado se mantiene alto y los exportadores mexicanos logran un aprovechamiento más amplio del acuerdo comercial.
El 85 por ciento de las exportaciones mexicanas ingresa a Estados Unidos sin pagar aranceles. Sin embargo, persisten gravámenes unilaterales bajo la Sección 232 que afectan al sector automotriz, el acero, el aluminio y el cobre. La administración Trump anunció recientemente la imposición de aranceles mínimos del 10 por ciento a importaciones de la mayoría de sus principales socios comerciales, derivada de una investigación sobre trabajo forzoso en cadenas de suministro.

Los bienes procedentes de catorce socios, entre ellos México, Canadá, la Unión Europea y el Reino Unido, enfrentan un arancel del 10 por ciento. Los productos de las otras 46 economías pagan 12.5 por ciento desde el 24 de julio. Los equipos negociadores de ambos gobiernos concluyeron en la Ciudad de México la tercera ronda de conversaciones bilaterales y programaron la siguiente para septiembre en Washington, como parte de la revisión del T-MEC.
El rol estratégico de las reglas de origen
El cumplimiento de las reglas de origen permite que México conserve la exención total bajo la Sección 301. Esta disposición otorga un trato preferencial a los socios norteamericanos frente al resto del mundo. El efecto neto para México resulta neutro porque el arancel del 10 por ciento de la Sección 122, que expiró, fue reemplazado por el mismo nivel bajo la Sección 301, pero con la ventaja adicional de la exclusión para productos que cumplen el tratado.
Los exportadores que invierten en certificación de origen obtienen una ventaja competitiva clara. Las empresas que ya operan bajo cadenas integradas de América del Norte evitan costos adicionales y mantienen márgenes de utilidad. En cambio, quienes dependen de insumos asiáticos enfrentan dificultades para calificar y deben absorber el nuevo gravamen o reconfigurar proveedores.
Impacto diferenciado en sectores manufactureros
El sector automotriz y el de autopartes siguen expuestos a los aranceles de la Sección 232, que representan el principal punto débil del blindaje. Las exportaciones de acero, aluminio y cobre también quedan fuera de la protección. Este 15 por ciento restante de las ventas mexicanas a Estados Unidos soporta costos que el resto de la manufactura evita.
Las industrias electrónicas y de electrodomésticos, por su parte, han acelerado la relocalización de proveedores regionales para maximizar el uso del T-MEC. Datos internos de la Secretaría de Economía muestran que el porcentaje de exportaciones que cumple reglas de origen subió tres puntos porcentuales en el primer semestre de 2026 respecto al mismo periodo del año anterior.
La dinámica de las negociaciones bilaterales
Las conversaciones actuales se centran en verificar el cumplimiento de obligaciones laborales y ambientales contenidas en el T-MEC. México busca consolidar la exclusión arancelaria a cambio de fortalecer inspecciones en cadenas de suministro. Estados Unidos, por su parte, presiona para que se amplíen los mecanismos de verificación conjunta.
Los exportadores mexicanos ven con cautela estas pláticas. Si bien valoran la continuidad del acceso preferencial, temen que nuevas exigencias de trazabilidad eleven costos operativos. Por otro lado, los sindicatos estadounidenses consideran que las medidas actuales resultan insuficientes para proteger empleos locales y exigen controles más estrictos.
Escenarios futuros ante la política comercial de EE.UU.
La revisión del T-MEC programada para 2026 podría endurecer los criterios de origen en sectores estratégicos. Una ampliación de los requisitos de contenido regional podría beneficiar a proveedores mexicanos de componentes intermedios, pero complicaría la operación de ensambladoras que dependen de piezas asiáticas.
El riesgo principal radica en que una investigación adicional bajo la Sección 301 encuentre incumplimientos en materia de trabajo forzoso. En ese caso, la exclusión actual podría suspenderse y el 85 por ciento de las exportaciones perdería su ventaja. Además, la posible reimposición de cuotas o aranceles más altos bajo la Sección 232 sigue latente si las conversaciones bilaterales no avanzan.
Los analistas anticipan que México mantendrá su posición negociadora mientras demuestre avances en inspecciones laborales. Sin embargo, cualquier señal de retroceso en la aplicación de las reformas laborales podría desencadenar represalias inmediatas. La diversificación de mercados hacia Europa y Asia emerge como estrategia complementaria para reducir la dependencia del mercado estadounidense, aunque los plazos para concretar nuevos acuerdos comerciales superan los dos años.
