La presencia de la Cámara Nacional de la Industria Tequilera en la Asamblea General de la World Spirits Alliance en Ginebra marca un cambio de estrategia. Ya no basta con que el Tequila mantenga su Denominación de Origen y llegue a más de 120 mercados; ahora se trata de influir directamente en las normas que regirán el comercio de bebidas espirituosas durante la próxima década. Esta participación responde a un contexto donde las decisiones sobre indicaciones geográficas, sostenibilidad y comercio ilícito se toman en foros multilaterales antes de que lleguen a los tribunales o a los ministerios nacionales.
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Por qué Ginebra se volvió relevante para Jalisco
Durante años la industria tequilera concentró esfuerzos en ampliar hectáreas de agave azul y en certificar cada botella con el Consejo Regulador del Tequila. Ese modelo funcionó mientras las disputas se resolvían en tratados bilaterales. Hoy la modernización del Acuerdo Global con la Unión Europea reforzó la protección jurídica, pero también expuso que futuras reglas sobre trazabilidad digital o etiquetado ambiental se definirán en organismos como la WSA. La CNIT entiende que quedarse fuera de esas conversaciones equivale a aceptar estándares diseñados por competidores de whisky escocés o vodka europeo.
La sostenibilidad como campo de disputa
Uno de los puntos más delicados en la agenda de la WSA es el establecimiento de métricas comunes de huella de carbono y uso de agua. El Tequila, al depender de monocultivos intensivos en regiones semiáridas de Jalisco y Michoacán, enfrenta exigencias que no existían hace cinco años. Productores medianos advierten que certificaciones adicionales podrían elevar costos entre 8 y 12 por ciento, mientras que grandes grupos ya invierten en sistemas de riego tecnificado y cogeneración de energía. El riesgo real no es la regulación en sí, sino que los criterios se diseñen sin considerar las condiciones agroclimáticas específicas del agave azul, lo que favorecería a destilados de grano con menor impacto aparente.
Comercio ilícito y la defensa de la denominación
El combate a las falsificaciones y al agave adulterado sigue siendo prioridad. Sin embargo, la discusión en Ginebra reveló tensiones entre quienes proponen sistemas de blockchain obligatorios y quienes prefieren controles aduaneros reforzados. Exportadores mexicanos temen que una trazabilidad excesivamente costosa termine por concentrar el mercado en manos de las cuatro o cinco empresas que ya controlan más del 60 por ciento de las exportaciones. Pequeños productores, por su parte, ven en estos estándares una oportunidad para diferenciarse si logran certificar prácticas orgánicas y de comercio justo antes que la competencia.
Perspectivas desde la cadena productiva
Los agricultores de agave observan con cautela el nuevo activismo institucional. Para ellos, la prioridad sigue siendo la volatilidad de precios del agave, que en los últimos ciclos ha oscilado entre 8 y 35 pesos por kilo. Una mayor presencia en foros internacionales puede traducirse en mejores condiciones de acceso a crédito verde, pero también podría derivar en regulaciones que limiten la expansión de plantaciones en zonas de alta biodiversidad. Los envasadores y distribuidores, en cambio, valoran la posibilidad de influir en futuros aranceles y en el reconocimiento mutuo de certificaciones entre México y la Unión Europea.
Riesgos de una estrategia defensiva
El principal peligro radica en que la participación se limite a bloquear propuestas desfavorables sin aportar soluciones propias. Si México no presenta datos concretos sobre reducción de emisiones en destilerías o sobre el impacto económico de la Denominación de Origen en comunidades rurales, otras asociaciones podrían imponer marcos que ignoren esas realidades. Otro riesgo es la fragmentación interna: no todas las empresas tequileras comparten la misma visión sobre consumo responsable o sobre el uso de edulcorantes en productos de menor graduación. Una postura dividida debilitaría la influencia de la CNIT en futuras votaciones de la WSA.
Escenarios hacia 2030
Si la industria logra articular una agenda común, el Tequila podría convertirse en referente para indicaciones geográficas de productos agrícolas de alto valor. Esto implicaría mayor peso en negociaciones sobre propiedad intelectual y acceso preferencial a mercados asiáticos que aún aplican barreras técnicas. En el escenario contrario, la categoría perdería terreno frente a destilados de menor costo que cumplan más fácilmente con estándares ambientales genéricos. La próxima Asamblea de la WSA, prevista para 2027, será el primer termómetro de si la presencia mexicana pasa de simbólica a determinante.
