Fitch Ratings identificó el estancamiento económico como el principal riesgo para México. La calificadora estima un avance del PIB de apenas 1.0 por ciento en 2026, tras el 0.5 por ciento de 2025. Dos años consecutivos de expansión mínima colocan al país por detrás de gran parte de los mercados emergentes de América Latina y elevan el peligro de quedar atrapado en una trayectoria de bajo dinamismo.

Shelly Shetty, managing director de soberanos para las Américas, atribuyó el rezago a una inversión débil. El gasto público se contrajo por restricciones fiscales y el cierre de obras emblemáticas de la administración anterior, mientras el capital privado no se ha recuperado. La incertidumbre externa por aranceles y la renegociación del T-MEC se suma a factores internos, entre ellos la reforma judicial, que erosionan la confianza empresarial. El Plan México busca reactivar la inversión, pero su ejecución genera dudas.
Reforma fiscal como condición
Para atender demandas de gasto, acelerar la consolidación fiscal y generar colchón ante choques externos, Fitch insiste en una reforma fiscal estructural. La calificación soberana se mantuvo en BBB- con perspectiva estable en abril, respaldada por tipo de cambio flexible, régimen de metas de inflación y baja deuda en moneda extranjera. Un deterioro rápido de la relación deuda/PIB o la pérdida de control sobre la consolidación podrían forzar una revisión a la baja. En cambio, una reforma creíble que reduzca el endeudamiento y reactive la inversión abriría la puerta a una mejora de la nota.
El diagnóstico es claro: sin un impulso decidido a la productividad y a las finanzas públicas, México corre el riesgo de consolidar un ciclo de crecimiento anémico que limite su margen de maniobra ante la volatilidad global.
