La combinación de barreras comerciales elevadas y disrupciones en rutas petroleras del Medio Oriente genera un entorno donde las economías deben evaluar tanto ajustes estructurales como exposiciones nuevas. Las medidas arancelarias aplicadas por Estados Unidos a la mayoría de sus proveedores abren espacios para que ciertos países con tratados preferenciales mantengan flujos estables, mientras que la interrupción simultánea en Ormuz y Bab el-Mandeb eleva los costos logísticos globales y presiona los precios de la energía.
Oportunidades para proveedores alternativos
Las economías que conservan acceso preferencial al mercado estadounidense pueden capturar cuotas adicionales en sectores como automotriz y electrónica. Las reglas de origen del T-MEC permiten que México mantenga exenciones en un porcentaje elevado de sus exportaciones, lo que podría traducirse en mayor inversión directa si las empresas reubican líneas de producción para cumplir con los requisitos regionales. Este ajuste, sin embargo, requiere tiempo y capital, por lo que el beneficio inmediato se limita a aquellas industrias ya integradas en cadenas norteamericanas.
Países de Asia con tratados comerciales vigentes con Estados Unidos también exploran rutas de exportación directa que eviten los nuevos gravámenes, aunque la investigación adicional sobre exceso de capacidad en acero y semiconductores introduce incertidumbre sobre la duración de estas ventajas.
Presiones inflacionarias y efectos en el crecimiento
El encarecimiento del petróleo por encima de los cien dólares por barril añade un componente de costo que se propaga a través de cadenas de transporte y manufactura. Goldman Sachs ha señalado que una prolongación de la interrupción en Ormuz podría llevar el Brent a 120 dólares en el último trimestre del año, elevando los pronósticos de inflación en economías importadoras netas de energía. Al mismo tiempo, la menor disponibilidad de bienes intermedios por efecto de los aranceles reduce el ritmo de expansión industrial, configurando un escenario de menor crecimiento con precios más altos.
Para los mercados emergentes, el encarecimiento del dólar derivado de posibles alzas en tasas de interés en Estados Unidos incrementa el servicio de deuda externa. Las monedas locales enfrentan depreciación gradual, aunque en el caso de México el peso ha mostrado resistencia inicial gracias a la percepción de trato arancelario favorable.

Repercusiones en el balance energético de México
México importa volúmenes significativos de productos refinados cuyo precio ha aumentado, lo que genera un saldo neto negativo pese al alza en los ingresos por crudo exportado. El estímulo fiscal al IEPS para contener el precio de la gasolina absorbe parte del margen presupuestario adicional, limitando el espacio para otras partidas de gasto. Al mismo tiempo, la mezcla mexicana por encima de lo previsto ofrece un alivio temporal a las finanzas públicas, siempre que la volatilidad de los mercados no se extienda por más de dos trimestres.
El sector privado enfrenta costos de flete superiores por el desvío de buques alrededor del Cabo de Buena Esperanza, lo que afecta especialmente a industrias con cadenas de suministro sensibles al tiempo de tránsito. Las primas de seguro marítimo ya reflejan este riesgo adicional y podrían mantenerse elevadas mientras persista la tensión en el Mar Rojo.
Escenarios de ajuste en la revisión del T-MEC
La investigación sobre exceso de capacidad que aún está pendiente abarca precisamente los rubros donde México concentra su oferta exportadora. Cualquier endurecimiento de las reglas de origen durante la revisión del tratado podría reducir el margen de exención actual y obligar a una renegociación de inversiones ya realizadas. Las empresas que operan bajo el esquema actual evalúan escenarios de relocalización parcial hacia Estados Unidos o Canadá si las condiciones arancelarias se deterioran.
Al mismo tiempo, la estabilidad relativa del peso y la percepción de México como socio confiable podrían atraer flujos de capital que busquen refugio frente a otras economías más expuestas a los aranceles generales. Este efecto, sin embargo, depende de que la escalada militar no derive en un choque energético de mayor duración.
Incertidumbres sobre la duración del choque
La pausa en los bombardeos anunciada por Estados Unidos y las señales de conversaciones con Irán introducen un margen de maniobra diplomática, pero la respuesta iraní de que el conflicto no tiene fin mantiene abierta la posibilidad de nuevos incidentes. Si el tránsito por Ormuz se normaliza antes del cuarto trimestre, el Brent podría retroceder y aliviar las presiones inflacionarias; en caso contrario, los pronósticos de Goldman Sachs sobre niveles superiores a 120 dólares se volverían más probables.
La interacción entre ambos frentes —comercial y energético— amplifica los riesgos porque los aranceles ya elevan los costos de importación y el petróleo caro añade un segundo factor de presión. Las economías que logren mantener acceso preferencial y diversificar sus fuentes de energía enfrentarán un impacto más moderado, mientras que aquellas con mayor dependencia de rutas marítimas vulnerables verán deteriorarse sus perspectivas de crecimiento más rápidamente.
