El índice S&P Merval acumula una suba de 8% en pesos y de 7% en dólares durante 2026, un rendimiento similar al de Wall Street. Sin embargo, la inflación argentina alcanzó aproximadamente 18% en los primeros siete meses del año, por lo que la Bolsa local registra una pérdida significativa en términos reales. El dato obliga a evaluar las acciones no solo por su avance nominal, sino también por su capacidad para preservar poder adquisitivo.
El Merval ronda los 3.300.000 puntos, apenas 3% por debajo de su récord nominal de julio. Medido en dólares mediante contado con liquidación, se ubica cerca de 2.100 puntos y todavía necesita subir 14% para recuperar el máximo de enero de 2025. La brecha entre ambas mediciones muestra que la mejora bursátil aún no constituye una recuperación plena para el inversor dolarizado.

El segundo semestre define el potencial
La evolución hasta fin de año dependerá primero del contexto internacional. Una tregua en Medio Oriente podría llevar el petróleo a entre 60 y 70 dólares por barril y aliviar las presiones inflacionarias globales, pero perjudicaría a empresas energéticas como YPF y Vista Energy, cuyas cotizaciones fueron favorecidas por el crudo cercano a 100 dólares. En paralelo, una eventual suba de tasas de la Reserva Federal fortalecería al dólar, encarecería el financiamiento y reduciría el apetito por activos emergentes.
La volatilidad tecnológica también representa un riesgo: la caída de 4% del Nasdaq en julio mostró que las dudas sobre la rentabilidad de la inteligencia artificial pueden amplificar los movimientos de los ADR argentinos. En el frente local, la mejora de Moody’s a la calificación B3, el equilibrio fiscal y la acumulación de reservas sostienen a bonos y bancos, aunque el riesgo país volvió a la zona de 400-450 puntos.
El mercado necesita que la desinflación, el crecimiento y las reservas se consoliden para habilitar una suba más duradera. Pero el verdadero examen llegará en 2027, cuando coincidan vencimientos en dólares y elecciones presidenciales. La prima que pagan los bonos posteriores al próximo mandato refleja precisamente la duda central: si el orden fiscal y las reformas sobrevivirán a un cambio de gobierno.
