La decisión de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (Cespt) de descartar, por ahora, la aplicación de esquemas de tandeo ofrece un mensaje de estabilidad para una ciudad que ha enfrentado interrupciones recientes en el suministro. La directora del organismo, Mónica Vega Aguirre, atribuyó los cortes a fallas concretas en el Acueducto Florido-Aguaje y a problemas relacionados con el booster de El Carrizo, no a una estrategia permanente de distribución por horarios. La diferencia es relevante: una contingencia operativa puede resolverse con reparaciones, mientras que el tandeo suele reflejar una brecha estructural entre la disponibilidad del recurso y la demanda.
La Cespt asegura que su prioridad es mantener la continuidad del servicio y ampliar las fuentes de abastecimiento. Entre las alternativas mencionadas se encuentran la operación del sistema de bombeo recientemente reparado, la conexión de agua con Estados Unidos y los proyectos coordinados con el Gobierno Federal, incluida una planta desaladora. Estas medidas pueden reducir la vulnerabilidad de Tijuana ante fallas puntuales, pero sus beneficios dependerán de los plazos de ejecución, los costos de operación, la calidad del mantenimiento y la capacidad de integrar nuevas fuentes a una red que ya atiende alrededor de 750 mil cuentas.
El contexto demográfico añade presión. La ciudad incorpora aproximadamente 12 mil usuarios cada año, una expansión que incrementa el consumo doméstico, comercial e industrial. Si la infraestructura crece a un ritmo menor que la población y la actividad económica, las reparaciones dejarán de ser eventos aislados para convertirse en episodios recurrentes de interrupción. Por ello, el anuncio de que no habrá tandeos debe interpretarse como una posición operativa para el presente, no como una garantía de que el riesgo haya desaparecido en el mediano plazo.

Una señal positiva, con margen limitado
La recuperación gradual registrada después de la reparación del acueducto muestra que la red conserva capacidad de respuesta. Según la Cespt, durante las primeras 36 horas se restableció 50% del suministro; a las 72 horas, 75%; a las 96 horas, 90%, y a las 120 horas se alcanzó la recuperación total. Esta secuencia sugiere que el organismo pudo reactivar progresivamente la infraestructura principal y administrar la presión de la red sin recurrir a un esquema generalizado de distribución por turnos.
La información también permite observar que restablecer una tubería principal no equivale a recuperar de inmediato el servicio en todos los domicilios. Las zonas elevadas, los consumos extraordinarios y las fugas particulares pueden prolongar la intermitencia, incluso cuando el sistema troncal ya funciona. En este punto, la explicación técnica es importante para evitar que cada reporte vecinal sea interpretado como prueba de un desabasto general; sin embargo, también exige una comunicación precisa sobre qué colonias tienen problemas, cuánto tiempo podrían durar y qué alternativas existen para sus habitantes.
El hecho de que los mayores retrasos se concentraran en áreas altas de Tijuana y en sectores de Playas de Rosarito, como Primo Tapia, evidencia una desigualdad física dentro de la red. Llevar agua a mayores elevaciones requiere bombeo, energía y una presión suficiente para superar diferencias de nivel. Cuando la demanda aumenta o se presenta una avería, estas colonias suelen quedar más expuestas que las zonas bajas. El problema, por tanto, no es únicamente la disponibilidad total del agua, sino la capacidad de transportarla de manera estable hacia todos los puntos de la región.
El crecimiento urbano tensiona la infraestructura
El aumento anual de usuarios plantea un desafío que no se resuelve solamente sustituyendo tuberías dañadas. La expansión urbana puede generar nuevos fraccionamientos y conexiones antes de que se construyan tanques de almacenamiento, estaciones de bombeo o líneas de conducción suficientes. En esas condiciones, una red que funciona durante periodos normales puede perder margen de seguridad en temporadas de calor, cuando suben los consumos, o después de una falla que obliga a redistribuir los caudales disponibles.
Las obras de reposición son necesarias porque reducen fugas y fallas futuras, pero también pueden provocar afectaciones temporales. La tensión entre reparar y mantener el servicio es inevitable: intervenir una línea puede requerir suspender el flujo, mientras que posponer la obra eleva la posibilidad de una ruptura mayor. La gestión pública debe explicar ese intercambio con anticipación y establecer prioridades basadas en el riesgo, la antigüedad de los activos, el número de usuarios afectados y la importancia estratégica de cada tramo.
Otro factor es el consumo elevado durante las contingencias. Cuando algunas colonias temen quedarse sin agua, los hogares pueden llenar tinacos, recipientes y cisternas, provocando picos de demanda que ralentizan la recuperación en otras zonas. La respuesta ciudadana es comprensible, pero puede agravar el desequilibrio hidráulico. Campañas de información, horarios transparentes de recuperación y recomendaciones de almacenamiento responsable ayudarían a reducir compras de emergencia y extracciones simultáneas que presionan todavía más la red.
Fuentes nuevas, decisiones complejas
La conexión de agua con Estados Unidos y el proyecto de desalación podrían fortalecer la seguridad hídrica de Tijuana al diversificar las fuentes disponibles. Depender menos de una sola infraestructura disminuye el impacto de una falla y ofrece mayor flexibilidad frente al crecimiento de la demanda. En términos estratégicos, la diversificación puede ser más valiosa que aumentar únicamente la capacidad de una conducción existente, porque crea rutas alternativas para responder ante emergencias.
Pero cada opción implica riesgos y costos. La desalación requiere una inversión elevada, consumo constante de energía, tecnología especializada y un plan para manejar los residuos salinos. Si los costos de producción aumentan o la planta opera por debajo de su capacidad, el proyecto podría generar una solución parcial con una carga financiera considerable. La conexión internacional, por su parte, depende de acuerdos, infraestructura transfronteriza y condiciones regulatorias que pueden cambiar. Ninguna fuente debe presentarse como respuesta inmediata mientras no existan calendarios, presupuestos y mecanismos de operación claramente definidos.
La sustentabilidad también debe medirse en el uso cotidiano. Una oferta mayor puede ser absorbida rápidamente si no se controlan las fugas, las conexiones irregulares y los consumos excesivos. La reducción de pérdidas físicas en la red suele ser menos visible que una gran obra, pero puede liberar volúmenes importantes sin aumentar de inmediato la extracción o la producción. Medidores confiables, detección temprana de fugas y tarifas que promuevan el ahorro, acompañadas de protección para hogares vulnerables, forman parte de una política de abastecimiento, no de medidas secundarias.
Las colonias intermitentes concentran el riesgo
La permanencia de reportes de falta de agua o intermitencia en 16 colonias muestra que la recuperación general no elimina las afectaciones locales. En esos sectores, una interrupción de varias horas puede tener consecuencias desiguales: los hogares con cisterna o tinaco cuentan con mayor capacidad de respuesta, mientras que las familias sin almacenamiento, las personas mayores, los pequeños comercios y quienes dependen del agua para actividades esenciales enfrentan impactos inmediatos.
Las escuelas, centros de salud, restaurantes y negocios que requieren agua para operar también absorben costos durante los cortes. Deben comprar pipas, modificar horarios o suspender actividades, lo que afecta ingresos y servicios básicos. En colonias alejadas o elevadas, el abastecimiento mediante camiones puede ser más lento y caro. La autoridad necesita publicar criterios claros para priorizar hospitales, escuelas y comunidades con menor capacidad de almacenamiento, además de verificar que las entregas de emergencia lleguen a quienes realmente las necesitan.
Existe asimismo un riesgo de confianza pública. Si la población recibe el mensaje de que el suministro fue restablecido por completo, pero continúa enfrentando intermitencias, puede percibir una contradicción entre la comunicación oficial y su experiencia diaria. Esa brecha dificulta futuras campañas de ahorro y puede incentivar el almacenamiento excesivo. Reportes georreferenciados, actualizaciones por colonia y tiempos estimados de solución permitirían distinguir una falla general de un problema domiciliario y reducirían la incertidumbre para usuarios y autoridades.
La prueba será sostener el servicio
El desempeño de la Cespt en los próximos meses dependerá menos de evitar una declaración sobre tandeos y más de demostrar que puede sostener la red bajo condiciones de alta demanda. Será necesario observar la frecuencia de nuevas averías, el tiempo promedio de reparación, la evolución de las colonias con intermitencias y el avance real de los proyectos de abastecimiento. También convendrá evaluar si el crecimiento de usuarios está acompañado por recursos suficientes para operación, mantenimiento y renovación de activos.
La presión sobre el agua no desaparecerá con la reparación del Acueducto Florido-Aguaje ni con la recuperación del booster de El Carrizo. Esas acciones reducen vulnerabilidades inmediatas, pero la combinación de expansión urbana, zonas de difícil elevación, infraestructura envejecida y consumo variable mantiene abierto el escenario de futuras contingencias. La ausencia de tandeos puede mantenerse si se coordinan inversiones, mantenimiento preventivo, control de pérdidas y uso responsable; de lo contrario, una nueva falla durante un periodo de alta demanda podría obligar a revisar la decisión actual.
Para los usuarios, la prioridad debe ser contar con información verificable y mecanismos de atención que funcionen antes, durante y después de cada interrupción. Para la autoridad, el reto consiste en convertir la respuesta a emergencias en una política de resiliencia medible, con metas públicas y seguimiento independiente. Tijuana todavía puede fortalecer la continuidad del servicio, pero el margen de error se reduce conforme crece la ciudad: garantizar agua disponible no dependerá de una sola reparación, sino de la capacidad de anticipar la siguiente presión sobre el sistema.
