El gobierno de Albania defendió el desembolso de cuatro millones de euros para financiar el concierto de Kanye West en Tirana. El ministro de Cultura, Blendi Gonxhe, sostuvo que el impacto no se mide solo por la venta de entradas, sino por el efecto estimado en el turismo y la proyección internacional del país.

La venta de boletos para el evento, diseñado para 60 mil asistentes, ha quedado muy por debajo de las expectativas según medios locales. Aun así, las autoridades mantienen que el gasto forma parte de una estrategia más amplia para atraer visitantes y dinamizar la economía.
El anuncio coincide con protestas que ya superan los dos meses y exigen la renuncia del primer ministro Edi Rama. Lo que comenzó como rechazo a un complejo turístico ligado a la familia de Donald Trump se ha convertido en un movimiento contra la corrupción. En este contexto, la inversión en el concierto de West adquiere un significado político adicional: aparece como un intento de generar visibilidad positiva mientras crece el descontento ciudadano.
West sigue envuelto en polémica por sus elogios a Hitler y la venta de prendas con esvástica. Aunque negó ser antisemita y atribuyó sus declaraciones a su trastorno bipolar, el episodio plantea dudas sobre la conveniencia de asociar fondos públicos con figuras de alto riesgo reputacional. Albania busca equilibrar promoción cultural y responsabilidad fiscal, pero la baja asistencia prevista y el clima de protestas sugieren que el cálculo político podría resultar más costoso de lo previsto.
