Madrid, 6 jul (EFE).- La escasez de vivienda en alquiler y el aumento sostenido de los precios han impulsado el crecimiento de fórmulas alternativas al contrato residencial tradicional. Según el Barómetro Anual del Mercado del Alquiler 2026, elaborado por la Federación Nacional de Asociaciones Inmobiliarias (FAI) y la Sociedad Española de Alquiler Garantizado (SEAG), la vivienda compartida representa ya el 22,4 % de las operaciones gestionadas por las agencias, seguida del alquiler de temporada con un 21,8 % y el arrendamiento de habitaciones con un 16,4 %.
El informe, basado en las transacciones cerradas durante el último año, pone de relieve la distancia entre las expectativas económicas de los inquilinos y los precios reales del mercado. El tramo de renta más solicitado se sitúa entre 700 y 900 euros mensuales, que concentra el 35,7 % de las búsquedas, mientras que el intervalo de 500 a 700 euros representa el 31,2 %. Sin embargo, las operaciones formalizadas se concentran principalmente entre 700 y 900 euros (35,5 %) y entre 900 y 1.100 euros (20,6 %).
Este desfase refleja las tensiones estructurales del mercado español de alquiler, donde la oferta limitada en las principales ciudades obliga a muchos demandantes a aceptar condiciones por encima de su presupuesto inicial o a buscar soluciones compartidas.

Perfil de los arrendatarios y retraso en la emancipación
Las parejas sin hijos constituyen el grupo más habitual entre los inquilinos, según el 66,3 % de las agencias consultadas. Les siguen las parejas con hijos (56,8 %) y las personas que alquilan de forma individual (36,6 %). Los grupos de amigos (14,6 %), las varias familias (12,7 %) y las empresas (5,5 %) aparecen con menor frecuencia.
La edad media de los arrendatarios ha aumentado de 31,5 años hace cinco años a 36,2 años en la actualidad. El 61,3 % de los contratos se concentra ahora en la franja de 30 a 40 años, mientras que hace cinco años cerca del 90 % se situaba entre los 20 y los 40 años. Este desplazamiento indica un retraso progresivo en el acceso al alquiler por parte de los jóvenes, que se ven obligados a permanecer más tiempo en el hogar familiar o a compartir vivienda con otras personas.
Función principal del alquiler y garantías de impago
El 92,6 % de las agencias afirma que el alquiler sigue cumpliendo principalmente la función de primera residencia. Los usos profesionales (20,9 %), los pisos de estudiantes (16,5 %) y la segunda residencia (7,4 %) quedan muy por detrás. Esta distribución confirma que el mercado sigue orientado a cubrir necesidades habitacionales básicas antes que a otros fines.
El 56,5 % de las agencias ha observado un incremento en la contratación de seguros y garantías de impago, que ya están presentes en el 65,9 % de las operaciones. En cuanto a la morosidad, el 52,7 % de las agencias registró alguna incidencia el último año, que afectó de media al 2,8 % de los contratos. El retraso en el pago mensual fue el problema más frecuente (43,2 %), mientras que el impago total se identificó como incidencia principal solo por el 14,7 % de los encuestados.
Consecuencias para la movilidad y la planificación urbana
El presidente de la FAI, José María Alfaro, señala que los datos evidencian las crecientes dificultades para acceder a una vivienda en alquiler. Muchas personas retrasan su emancipación, modifican sus planes laborales o se desplazan a municipios periféricos donde los precios resultan más asequibles. Este movimiento genera mayor presión sobre los sistemas de transporte y las vías de comunicación, que no fueron diseñados para absorber estos flujos adicionales.
Por su parte, el CEO de SEAG, Pedro Bretón, destaca que el aumento de las garantías de impago demuestra que la seguridad jurídica ha pasado de ser una opción a convertirse en un requisito básico para los propietarios que desean alquilar con tranquilidad. La combinación de precios elevados, oferta reducida y mayor demanda de protección contractual configura un escenario en el que tanto inquilinos como arrendadores adaptan sus estrategias para minimizar riesgos.
El estudio de FAI y SEAG proporciona una radiografía detallada de un mercado que continúa evolucionando bajo la presión de factores estructurales. La preferencia por fórmulas compartidas y temporales, el envejecimiento del perfil del inquilino y el recurso creciente a garantías adicionales son manifestaciones de una misma realidad: la dificultad persistente para encontrar vivienda a precios compatibles con los ingresos medios de la población.
